ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

martes, 21 de octubre de 2025

RETORNO

Por teu livre pensamento
Foram-te longe encerrar
Por teu livre pensamento
Foram-te longe encerrar
Tão longe que o meu lamento
Não te consegue alcançar
E apenas ouves o vento
E apenas ouves o mar
Levaram-te ao meio da noite
A treva tudo cobria
Levaram-te ao meio da noite
A treva tudo cobria
Foi de noite, numa noite
De todas a mais sombria
Foi de noite, foi de noite
E nunca mais se fez dia
Ai, dessa noite o veneno
Persiste em me envenenar
Ai, dessa noite o veneno
Persiste em me envenenar
Oiço apenas o silêncio
Que ficou em teu lugar
Ao menos ouves o vento
Ao menos ouves o mar
Ao menos ouves o vento
Ao menos ouves o mar

(Abandono do Fado de Peniche)


Escucha, bonita, pon este USB en el equipo de música, hazme el favor, y no lo quites suene lo que suene, es solo una canción, le dije a Adiolinda mientras me sentaba junto al Cipri en su mesa, ensimismado en sus laberintos, sin saber en qué lugar estaba y sin dirigirme ni una mirada, serio, como dormido, totalmente quieto.
Mientras daba un primer trago a la cerveza, empezó la melancólica música preludio del fado que vendría después, y con sorpresa observo como el Cipri, abriendo mucho los ojos apoya sus manos en la mesa y con cierto son mueve los dedos y mira alrededor. Se levanta y sale andando rápidamente hacia la barra, cogiendo un delantal de rayas horizontales negras y verdes y agarrando un trapo húmedo empieza a limpiar el viejo mostrador mientras indica a la muchacha que salga fuera que de la barra se encarga él.
Mientras, la voz de Amalia Rodrígues suena como un lamento al cantar las estrofas del fado de Peniche.
El Cipri tira cerveza apoyado en el grifo surtidor y rellena unas jarras destinadas a Dios sabe quién, para acto seguido apuntar, en pesetas, con la tiza en la madera, el importe de lo servido.
El Cipri ha regresado de donde estuviera, sonríe mientras continúa restregando la balleta contra el mostrador al tiempo que, Adiolinda, asombrada, de pie junto a mí, le mira extrañada y sin entender la extraña reacción del Cipri.
- Pero, que le ocurre, nunca le vi así, exclama descolocada mientras Amalia empieza con el final de la canción,
El Cipri se ha apagado con la última nota musical, ya no limpia el mostrador. El grifo de cerveza permanece abierto dejando caer un chorro dorado sin que nadie lo pare y mientras la espuma rebosa el contenedor, sus brazos caen a lo largo del cuerpo mientras empieza a encorvarse lentamente.
Paso al interior de la barra y agarrándole de un brazo lo llevo, sin resistencia alguna hasta la mesa y le siento suavemente en la silla.
Mientras tomo asiento en la mía, escucho un susurro profundo y tenue que sale de la garganta de mi querido amigo, ao menos ouves o vento, ao menos ouves o mar.

El poder de lo vivido, de los recuerdos que parecen perdidos pero que se mantienen almacenados en ese alma desconcertada del Cipri, le han sacado de su letargo y bien creo que, por el frenesí de la continua tirada de cerveza, el Cipri estaba años atrás y acompañado de toda la legión de fantasmas en su taberna cuando acogía a todo espíritu perdido y con tristezas varias que no hacía falta contar valiendo solo el calor que desprendíamos tanto poeta del mundo más descastado de la ciudad que hacíamos parada en el anticuado local.
Hoy, la voz de Amalia Rodrígues ha sido la conductora ferroviaria de un tren al pasado con todos los vagones llenos, y el Cipri lo ha sentido antes de volver a sus mundos escondidos con sus silencios.
Me alegro, viejo amigo.


Reencuentro entre fantasmas.

Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar
Y aunque el olvido que todo destruye
Haya matado mi vieja ilusión
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón

Carlos Gardel / Juan Maria Solare


A la paz de Dios!
Coño, Cipri! Qué alegría verte! 
Me siento aquí contigo, que te veo muy solo... 
Anda, bonita, ponme una jarra, que con el calor que hace me estoy deshidratando.
Me habían dicho que habías traspasado la Taberna... Por eso hacía tanto que no venía por aquí. Bueno, por eso y porque con el trabajo nunca encontraba el momento de volver por el barrio. Ya sabes, lo vas dejando, lo vas dejando, y pasan años. 
¿Pero qué pasa? ¿Qué no me reconoces? Jajajajajajaja ¡Ah! ¡Ahora sí! Ese brillo en tu mirada demuestra que la risa sí la has reconocido. Será que he cambiado mucho… Frecuenté esta taberna hace años. Aunque hablaba poco más de una vez me mencionó algún forastero. ¡Qué cosas! Ha pasado tiempo, pero ahí seguía la Taberna, en el fondo de mi cabeza, esperando.  Y me entró la nostalgia. La nostalgia… la dichosa nostalgia. ¿Te crees que puede hacer que anheles volver a ver estas mesas viejas y tan acuchilladas? ¿De cuántas historias han sido testigos mudos? ¿Cuántos amores han quedado grabados para siempre en estas tablas?  Me gustaría saber cuántos de ellos siguen juntos. ¡A saber! Ni nos imaginamos lo que nos depara la vida cuando somos jóvenes… Desde luego, no lo que nos encontramos. Pero mira tú por dónde, que vuelvo, y todo huele igual: madera vieja, cerveza derramada, serrín y un poco de historia por los rincones. Hasta juraría que el reloj de la pared sigue parado en la misma hora. Faltan los fados….
Bonita, ¿no podrías cambiar esa música, por favor? Y de paso me traes otra jarra
No cambia el tiempo aquí dentro, Cipri, ni falta que hace. Afuera el mundo corre, se enreda, se tropieza con sus prisas, y aquí dentro todo parece decir: “tranquilo, que ya llegarás”.
¿Sabes? A veces uno necesita volver al lugar donde aprendió a escuchar antes que a hablar. Donde las penas se curaban con vino peleón y un chiste mal contado. Donde, aunque nadie te conociera, bastaba con decir “¿queda hueco?” para que te hicieran sitio en la mesa.
Quizá eso es lo que más echo de menos: la sensación de pertenecer sin tener que explicar nada. Por eso me alegra tanto verte, viejo amigo. Porque mientras tú sigas sirviendo vino en jarras y esperanza en tragos cortos, habrá quien encuentre aquí refugio.

Y es que, al final, uno comprende que no se vuelve a los lugares, sino a las versiones de uno mismo que se quedaron en ellos. Que lo que buscamos no es el pasado, sino reconocernos en el eco que dejaron nuestras risas. Y si hoy la Taberna sigue en pie —aunque sea solo en esta esquina de la memoria—, será porque aún necesitamos un sitio donde poder entrar, sentarnos, y decir sin miedo: “Cipri, ponme otra, que todavía tengo algo que contar.”

(Alguien, Fantasma del pasado)



Alucinado me has!!!!!
Que bueno, que taberna total, me encanta escuchar como es tu vuelta a esa trinchera de lo que no cuenta para el mundo, de lo que no importa en la trepidante y ansiosa sociedad que nos cerca en combate desigual numérico y en el que nos defendemos atacando con nuestros silencios y explosivas meditaciones calladas, vanguardia guerrillera de residuos sociales que aún levantan la bandera de lo que alguna vez se consideró humano.
Bienvenido, fantasma mío.
Quizás en alguna mesa veas iniciales que te suenen y te lleven a tiempos en los que una mirada, como la del Cipri, bastaba para decirlo todo en un lenguaje desconocido y codificado para el resto.
¡¡¡Dos jarras y un vino, bonita, y por Dios, baja esa música!!!!

lunes, 20 de octubre de 2025

LO QUE CONSTRUIMOS

Pinté el tallo,
luego el cáliz,
después la corola
pétalo por pétalo,
y,
al terminar mi rosa,
la induje
a soñar su aroma.

¡Hice la rosa perfecta!

Tan perfecta,
que al día siguiente
cuando fui a mirarla,
ya estaba muerta.

(Elías Nandino)



Mientras dibujo con la punta del zapato lineas ilógicas con el serrín que participa del suelo de la taberna, la mente, mi incansable mente, me hace pensar en el refugio, en el albergue, que variopintos personajes levantamos sin conocernos dentro de estas cuatro paredes construidas con los materiales de nuestros interiores, de nuestras miserias y penas, de nuestros deseos incumplidos y nuestras adormecidas aspiraciones.
Como, sin pretenderlo, gentes del bajo astral de la ciudad si lo medimos por la capacidad de nuestros bolsillos, poetas de verso perdido entre vasos de vino barato, mujeres hermosas que nunca lo fueron en cara y cuerpo, borrachos de bordillo y cartón, noctámbulos de noches de veinticuatro horas, solitarios sindicados en la taberna, pensadores importantes del vacío y de la nada, navegantes entre estrellas sin rumbo diurno, mis amigos, mis silenciosos compañeros a los que el Cipri fiaba noche tras noche copa tras copa. Mi gente nocturna, simios que dimos nombre a la taberna y que supimos, sin saberlo ni quererlo, construir nuestro espacio donde reposar de los ataques de la buena educación, la estricta moral y la perfecta ética, apoyados los brazos en las húmedas maderas, escuchando canciones sin oírlas, acompañados por los personajes de nuestros sueños, sentados con nosotros a la mesa y alguno no soñado, si pensado y añorado, que pedía permiso para compartirla aunque nos molestara su etérea e imaginada presencia.
¡¡¡Cuantas veces escribí nombres en el serrín apoyándome en el pie para luego borrarlos con la suela y pedirme otra jarra de cerveza en un intento de expulsarlos de nuestro albergue tabernil !!!
Hoy me siento con el Cipri, en su mesa de solitario y comparto sus silencios que junto a los míos forman un coro ruidoso que tan solo él, en su profundo pozo, y yo en el mío, escuchamos y entendemos.
Quizás por eso, hoy, hace un rato, el Cipri me ha sonreído, callado, sin decir nada, pero me ha sonreído y con ello lo ha dicho todo.
Aquí os espero, fantasmas míos, personajes de mi mente, protagonistas de mis sueños, todos, como ayer, en la Taberna, conmigo, compartiendo mis vacíos, mis espacios mentales, mi desgana, mi cansancio, mi...nada, invitados.

sábado, 18 de octubre de 2025

REGRESO A LA TABERNA DEL MONO ROJO


Ha roto la armonía
de la noche profunda
el calderón helado y soñoliento
de la media luna.

Las acequias protestan sordamente
arropadas con juncias,
y las ranas, muecines de la sombra,
se han quedado mudas.

En la vieja taberna del poblado
cesó la triste música,
y ha puesto la sordina a su aristón
la estrella más antigua.

El viento se ha sentado en los torcales
de la montaña oscura,
y un chopo solitario, el Pitágoras
de la casta llanura,
quiere dar con su mano centenaria
un cachete a la luna.


(Federico García Lorca)




Después de tanto tiempo he vuelto a mí querida Taberna del Mono Rojo.
Mi amiga Laura me dijo que igual era bueno que me pasara por aquí y algo dentro de mi despertó añoranzas de copas pasadas en compañía de los silencios del Cipri mientras los fados portugueses se sucedían uno tras otro con ese melancólico tono con el que suenan.
Y aquí estoy. El Barrio ha cambiado mucho.
La taberna ahora está entre un Burger King y una peluquería, me dicen de un marroquí, que anuncia cortes de pelo para jubilados a cuatro euros.
La parroquia de la taberna también ha cambiado, parejas de chicos jóvenes, ruidosos en el hablar, de risa fuerte y cocacolas en las mesas. Ignoro si alguno, en el vaso largo, acompaña a la oscura Cocacola con un rubio whisky de dudosa procedencia.
He preguntado por el Cipri a una camarera joven, sudamericana, que me llama cariño al terminar cada frase y que debe ser la responsable de esa música que suena incansablemente en la taberna y que en nada ayuda a lo que hacíamos antes en el establecimiento, pensar y reflexionar mientras se sucedían las pintas de cerveza que servía el Cipri.
Ahora, ese peculiar personaje permanece sentado en una mesa en un rincón de la taberna, envejecido, quizás demasiado, y sin hablar cierra los ojos y quizás dormita en otros tiempos lejanos en los que su palabra era ley en ese su reino de poetas borrachos y noctámbulos, viejas mercaderes del cuerpo y golfos sin más bienes que la acumulación de deudas que nos reuníamos en torno a esas mesas, que ellas si, permanecen igual, quizás con más grabaciones a navaja en sus maderas y con más años acumulados.
He ido a saludar al Cipri y me ha mirado sin sonreír viendo en su mirada que no me ha conocido. Me ha dicho varias veces en el poco tiempo que he estado junto a él, que ahora me atendía y ponía lo que quisiera, mientras Adiolinda, que así se llama la camarera, riéndose, daba vueltas en la sien a un dedo indicándome que Cipri no estaba en sus cabales.
Luego me ha dicho de él que solo recuerda cosas pasadas de hace mucho tiempo y de ahora nada de nada.
Creo que vendré más a menudo por aquí, al menos a cumplir con ese pasado que parece condenado a desaparecer y en un intento de que no se haga con el local alguna agencia de seguros o alguna inmobiliaria, aunque con el Cipri así, no se yo que futuro le espera a este, que fue, referente de la bohemia en la ciudad.
¡¡¡¡¡Adiolinda, ponme una jarra, que me voy a sentar en una mesa, y por Dios, quita esas bachatas y por un fado!!!!
Ya, ya se que no conoces que es eso, no te preocupes, tragaremos sin remedio con lo que el tiempo ha traído a este templo.

martes, 30 de junio de 2020

A NADIE TENGO QUE DAR RAZONES


Al olmo viejo, hendido por el rayo 

y en su mitad podrido, 

con las lluvias de abril y el sol de mayo 

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina 

que lame el Duero! Un musgo amarillento 

le mancha la corteza blanquecina 

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores 

que guardan el camino y la ribera, 

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera 

va trepando por él, y en sus entrañas 

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero, 

con su hacha el leñador, y el carpintero 

te convierta en melena de campana, 

lanza de carro o yugo de carreta; 

antes que rojo en el hogar, mañana, 

ardas en alguna mísera caseta, 

al borde de un camino; 

antes que te descuaje un torbellino 

y tronche el soplo de las sierras blancas; 

antes que el río hasta la mar te empuje 

por valles y barrancas, 

olmo, quiero anotar en mi cartera 

la gracia de tu rama verdecida. 

Mi corazón espera 

también, hacia la luz y hacia la vida, 

otro milagro de la primavera.


( De mi amigo Antonio Machado, 1912)





El árbol seguía ahí, plantado en sus ideas, fijo, estoico, firme en sus planteamientos. De vez en cuando algún ave se posaba en alguna de sus ramas superiores, e incluso alguna quiso anidar entre ellas sin conseguirlo por sus largas y puntiagudas espinas.

Orgulloso en el prado, levantando su frondosa copa y sin consideración a las otras plantas que arriesgaban a crecer cerca de él y a las que asfixiaba al dejarlas sin agua, absorbida por su soberbia de creerse el Árbol.

Casi todas las noches recibía la ilusionada visita del viento del norte, que acariciando sus hojas le susurraba palabras de amor que el árbol hacía como no oidas. Pero el viento no cejaba en sus anhelos, y a la misma hora aproximada, enamorado, le recitaba poesías de esas que solo conocen los vientos y que aprenden en tierras lejanas recorridas por ellos en su travesía viajera.

Un día, el viento del norte le dijo que, al menos, relajara las ramas y se dejara mecer por sus caricias mientras el fru fru de las hojas al rozarse le cantaban hermosas tarántelas creadas para él.

Que no, dijo ofendido el árbol, que no me hables de amor, ni acaricies mis ramas, que me olvides y no vengas más.

El viento del norte se retiró triste, muy triste, y no volvió a soplar por esa zona, donde hoy, un árbol viejo, casi seco por la falta de nubes que la falta de viento no arrastra, altivo, mira al horizonte entre hojas tiesas y amarillas pensando soy el que soy y a nadie tengo que dar razones de lo que hago y pienso.

Y ahí sigue, solo, roto y sediento. Hay quien dice que algunas noches, cuando el sueño le vence, se le escucha dormido, entre dientes, el sonido de una tarantela producida por el fru fru perdido de las hojas que ya nunca mece el viento. Es tarde.

martes, 9 de junio de 2020

EL CIGARRILLO

Hace calor. Entre las tablas de la persiana entran rayos de sol y se adivina la fuerza del astro contra la fachada de la casa.

Se me cierran los ojos mientras sujeto el cigarrillo con los dedos. Se me va a caer, en uno de los abandonos de la realidad por el medio sueño, se me va a caer.



Te veo. No se que me dices, no te entiendo, pero te vas acercando y me pregunto que haces aquí. Te dije que no quería volver a saber nada de ti, pero  como siempre, parece que haces lo que quieres sin importarte lo que esperen los demás, y yo no esperaba volver a verte.

Te acercas más y el olor de tu perfume habitual, inconfundible, me rodea y me atrapa en recuerdos que no quiero tener. Esto no está bien, tu no deberías estar aquí, te dije adiós para siempre, como si no existieras, pero existes, caprichosa, egoista, como siempre, y has venido. No se a qué, no se por qué.

Me tocas, me agarras la mano. No debes, no quiero aunque me dejo. Me enfado pero no retiro la mano, y tú olor, ahhhh, tu olor me abraza, me inmoviliza, mientras en el pecho un dolor inmenso...

Sabía que se caería el cigarrillo en cuanto me quedara traspuesto. Me ha quemado el pecho y duele, pero menos que tú, que has vuelto utilizando mi sueño cuando pensé que lo había superado.

En mi interior, el perfume, tu perfume, continúa mareando mi resistencia a no pensar en ti.

Vuelta a empezar, tendré que reforzar las defensas  no dejar ni una grieta por pequeña que sea, por ahí te cuelas y me derrumba la muralla.

Sigue haciendo calor.

viernes, 15 de noviembre de 2019

ATARDECER LLUVIOSO






Hace frío. El viento viene con la mochila hecha desde la sierra y golpea con su baja temperatura los rostros serios de la gente en la plaza, con los cuellos levantados, gorros de lana puestos y manos en los bolsillos.

Se agradece este gélido soplo que apoya a el alma a viajar por esos mundos de recuerdos entre neuronas que conforman el mapa mental de quien en este momento acerca sus manos a la boca en un inútil intento de búsqueda de calor.

Entre los grises que trae la tarde como comparsa cortesana, aparece su figura, alta,con tacones y su pluma azul marino, oscuro, mientras su sonora risa anuncia su llegada antes de entrar, como cultivado mayordomo, provocando la atención de las miradas de los presentes, si los hubiere, porque pese a que hay gente en los bancos, soy solo yo el que, con los ojos cerrados recibiendo el beso del viento en mis mejillas, provoco esta deseada aparición entre las brumas de mi recuerdo.

Y así, continúo sentado en la reciclada mesa del parque, sentado en el borde de un pensamiento con ella, hablando como hablábamos nosotros, con miradas, sintiendo, ya no se si el frío exterior o la profundidad de sus ojos, penetrando agudamente en mis pulmones causando dolor en el pecho.

Empieza de nuevo a llover, tanto fuera como dentro, de tal manera que la aparición de gotas de agua se mezclan interactuando y sin saber certeramente cuál es lluvia y cuál es lágrima. Mientras, el abrazo con mis dedos al paquete de tabaco dentro del bolsillo se convierte en el falso pero deseado apretón de su mano en mi mano.

Atardece, llueve, hace frío. Dentro de mi alma, también la noche es fría.

miércoles, 13 de junio de 2018

A TI, AMADA MUJER



Madrugada de miercoles neonato en la que tu olor a salvaje y fresca selva me acompaña incitando a mis palabras a acercarse y con sus sílabas acariciar la cascada de tu pelo enmarañado, golpeando, espontáneo como tu risa entre los labios, el profundo y sensual misterio de tus hombros desnudos. Pórtico glorioso, umbral prohibido, concha nacarada y sonrosada de las perlas divinas de tus senos.

La musa se me pierde entre tus poros, rezumantes de alegría desbordada, sonora como el agua en el salto al caer en el espacio asombrado de mis ojos. Selva, bosque, naturaleza viva que condena a un nuevo Ulises en los cantos de sirena de tus manos al formar la suprema melodía del encanto del Olimpo en tus caderas.

Tierra, tierra antigua y legendaria eres tu, amada mía, al calor de la caverna primigenia, de ungüentos, potingues de hierbas, hechizos y sanamientos, protectora mágica y temida, reina del clan incipiente de la vida, apacible, si, y apasionada del amor en una paz de quejidos y susurros, de besos, labios y manos en lenguaje universal sin diccionario.

La presente y necesaria totémica mujer que por mi cabeza avanza entre sueños y nubes siderales, cometas, astros, estrellas, elevando el sentimiento en locura desbordada.
Ansío, entre el insomnio y el tiempo, galopar en ese espacio infinito que presenta tu mirada y perderme entre los abismos de tu representación sagrada, de la Madre, Compañera, Arroyo del Agua Clara, verde pradera en el llano y helechos y robles fuertes, Generadora de Vida, porque de tu amor yo bebo, me alimento y sobrevivo, alterada la conciencia por tu esencia vitalista que me remueve hasta el alma y me eleva a firmamentos sacándome del vacío, sacándome de la nada.

martes, 25 de julio de 2017

DE NUEVO EN LA TABERNA



Es doloroso oler el salitre del mar y no verlo. Es doloroso escuchar el batir de las olas en la roca y no verlas. Es doloroso olerte, escucharte, hablarte en la mente y no verte salvo en los recuerdos empapados de sentimientos.

Ya no bailo contigo en la luna, permanezco sentado al pie de la bandera rígida que los yankees plantaron en ella cuando por vez primera una suela de bota mancilló ese espacio de enamorados y poetas, pensando en tí, escuchando tu peculiar y personal risa, sintiendo en mi interior el sonido de tus carcajadas y echándo de menos momentos y momentos de felicidad a tu lado.

He vuelto a la Taberna del Cipri, la del Mono Rojo, después de mucho tiempo en el que no necesitaba ni sus pintas de cerveza ni los tristes y melancólicos fados que escurriéndose por las paredes, entre sueños de otrora personas, impregnan el local más que el humo de los cigarrillos que, no se como, a pesar de prohibiciones, el Cipri permite fumar.

He vuelto a mi vieja mesa, donde entre manchas distingo marcas de otros amores allí llorados, y restriego con fuerza la colilla encendida de mi pitillo en un intento de borrar ese pasado, creí de enamorado, al darme cuenta de que amor es lo que siento ahora, sin saber calificar los ya olvidados.

Con la esquina del anillo empiezo a grabar tu nombre, ahora la L, ahora....ahora nada, acabo de recordar que no te gusta que se sepa de tí, y ese dolor del pecho que abrazo con fuerza cerrando los brazos en torno mío, sirva de guardian de mi silencio y mi secreto.

Otra jarra, Cipri!!!!! Esta va por ti, por lo que fuiste, por lo que eres.
Mientras, la L destaca por reciente entre la suciedad añeja de la mesa.
Viene o no viene esa jarra, Cipri?

domingo, 31 de julio de 2016

ANTES QUE VACIAR MI VIDA




Todavía quedan restos de humedad, 
sus olores llenan ya mi soledad, 
en la cama su silueta 
se dibuja cual promesa 
de llenar el breve espacio 
en que no está... 
Todavía yo no sé si volverá, 
nadie sabe, al día siguiente, lo que hará. 
rompe todos mis esquemas, 
no confiesa ni una pena, 
no me pide nada a cambio 
de lo que dá. 
Suele ser violenta y tierna, 
no habla de uniones eternas, 
mas se entrega cual si hubiera 
sólo un día para amar. 
No comparte una reunión, 
mas le gusta la canción 
que comprometa su pensar. 
todavía no pregunté «¿te quedarás?». 
temo mucho a la respuesta de un «jamás». 
la prefiero compartida 
antes que vaciar mi vida, 
no es perfecta 
mas se acerca a lo que yo 
simplemente soñé...

(El breve espacio en que no estas. Pablo Milanés)






Llegó cuando más la necesitaba, cuando después de esperarla más de medio siglo, de buscarla donde quiera que fuera, donde fuera que estuviese, apareció, como un sueño, cuando explorador agotado por años de tratar de encontrarla ya desesperaba de hacerlo. Ahí la vi, mi angel, el destino de mi vida, el motor para reanudar mi marcha estancada, y estaba frente a mi, sonriente, hermosa. La encontré.

Ingrato y tonto caminante sediento que dejé que el agua salvadora escapara de mis manos cuando ya la tenía, cuando la necesidad de beberla era más urgente, cuando la vida ya había perdido sentido y dependía de ese preciado y fresco líquido para sobrevivir.


La flor más bella del mundo, la más radiante, la que me entregaba toda su fragancia, sus colores que transformaban el día en un carrusell de felicidad, en un torbellino en el que me perdía, alegre y contento por su presencia. Y no la cuidé, no la traté como ella merecía, no como amante agradecido, no; egoista en mi persona no correspondí a su preocupación por mi, a sus atenciones, a su manera divertida de quererme, a su entrega. Y la flor más bella del mundo se fue secando, marchitando mientras mi abultado ego, ciego, ignoraba sus lamentos, sus toques de atención, sus alarmas.


Y ahora, cuando "todavía no se si volverá"  y se que "la prefiero compartida antes que vaciar mi vida", que por ella muero, ella, generosa, me tiende su mano y la escucho, seamos amigos, seamos buenos amigos.


La encontré tras muchos años de buscarla, pero oscuro y ciego no supe evitar que su risa se apagara, que su alegría contagiosa se transformara en lo contrario. Ahora intento ser su amigo, estar a su altura, hacer lo que no hice cuando tenía el agua entre mis manos, hacerla reir, quizás hacerla soñar un día con mis sueños, de lo contrario, dejarla volar, dejarla soñar por libre, animándola a ello, comprensivo y atento como buen amigo, olvidando, por lo menos no hablando, de lo que tuve y perdí. Ser para ella una mano extendida, un hombro si lo necesita, un amigo fiel, leal, porque para mi, ella siempre será lo que busqué durante años y por fin encontré y deje perder. Ella me dió todo, yo no di nada. Pero está dentro de mi y la quiero. Dios como la quiero.

lunes, 25 de julio de 2016

SUCINTAMENTE, ASI ES ELLA




Clara y directa, como el cristalino agua que por el regato transcurre bañando las rocas y guijarros, sorteándolos, sumergiéndolos a veces mientras las pintonas truchas, expectantes, hambrientas, se mecen entre  los surcos sinuosos de la constante corriente esperando la anhelada larva o el despistado insecto que inconsciente se posa sobre el alga que flota a la deriva.

Brillante, como la noche despejada sembrada de estrellas que desde lo alto vela nuestro reposo mientras una atenuada luz celeste dibuja nuestras formas bajo las sábanas, alentando los sueños que al día siguiente daremos vida con la esperanza de verlos cumplidos.

Preciosa, como ese firmamento limpio de nubes, radiante su azul iluminado por un sol que alegre abrazó a su bella luna, despidiéndose de ella hasta que el impresionista atardecer les reúna de nuevo en ese poderoso encuentro entre los dos eternos amantes, justo cuando los colores se vuelven tan vivos como los de los ojos de ella realzando su hermoso rostro mientras una risa brota de su adorada garganta, resonando como el trino del saltarín verderón, feliz ante el espectacular momento de ese encarnado ocaso del astro rey deseando buenas noches a su reina.

Culta, inteligente y atractiva, como Hipatia de Alejandría. Desafiante, como el malecón del puerto en el que se posan las blanquigrises gaviotas frente a las bravías olas que intentan repetidamente romperlo sin conseguirlo, o como el estremecedor aullido del astuto lobo mientras intenta romper el silencio del valle entre montañas, amplificado por el eco y logrando solo atemorizar a la aterrida moza que se tapa la cara con la manta lanosa que la arropa.

Asi es mi amor, mi preciada Edelweiss, firme sobre la cima e inalcanzable para la mayoría. Así es ella, mi Diosa, mi Religión, mi Vida, Sucintamente, asi es ella.

domingo, 24 de julio de 2016

LA LINDA DUEÑA DE MIS SUEÑOS



La linda dueña de mis sueños, de mis ilusiones, que larga es la noche mirando al antaño hermoso cielo buscando la luz de tu sonrisa, esa que iluminaba mi vida y me confiaba a tu lado mientras te amaba, abrazando tu hermosura mientras mis labios recorrían tu cuerpo, sedientos de ti, de tu amor, de tu entrega, de mi entrega.

Tristes y oscuros nubarrones ocultan el brillante y precioso azabache de tus ojos, espesa cortina tejida por mi. ¿Donde tu risa, esa que me sacudía el alma en una alegría transformadora como los bellos  rojos del amanecer venciendo las siniestras sombras de la triste noche convirtiéndome en el hombre más feliz del universo entero? ¿Donde tu voz cariñosa, complaciente, que me elevaba hasta olímpos insospechados y solo habitados por dioses? ¿Donde tu maravillosa presencia que aún en tu ausencia me acompañaba por campos floridos de radiante dicha en los que sentía un amor intenso por tu existencia?

Ya no están. Me encuentro en la temible soledad del desamor, varado entre hirientes rocas desoladas por anhelos y esperanzas rotas por mi ceguera, por no ser capaz de ver que la más preciada flor se marchitaba, que tu alegría natural se apagaba a mi lado, que la luz languidecía. Y así me encuentro, rodeado de recuerdos, de tu recuerdo, intentando recoger los pedazos de mi alma, huérfana de lo que más amaba, de lo único que amo, de tí, mi hermoso laurel de eterna primavera.

¿Merece la pena sin tí? ¿Merecen la pena los días sin sol? ¿Merece la pena una vida sin tu presencia? Es lo que tengo, cadena perpetua en soledad, conviviendo con el enorme tormento de tu ausencia.

Cumpliré mi pena, mi condena, hasta el último día en el que el consuelo del redentor descanso me cierre los ojos y quizás, quizás entonces pueda olvidar que una vez lo tuve todo para ser feliz e, infortunado e inconsciente jardinero, lo dejé perder.

jueves, 14 de julio de 2016

SIN DEFENSAS



La negra tormenta avanzó. Gotas frías directas al corazón desnudo, descubierto en confianza, abierto y sin defensas por la más completa confianza hacia quien le había conquistado sin ningún tipo de prevención. El corazón solo, frente a la oscura masa que le cercaba, firme, seguro en ella, seguro de ella. Su vida, sus latidos, todo él entregado sin reserva alguna a quien suponía incapaz de hacerle ningún tipo de daño, menos aún esa certera puñalada que le atravesó empujada por el cruel vendaval del que ni supo ni quiso protegerse si lo vió venir. Ella no, de ella nunca esperó daño alguno, cuando menos esa penetración brutal en sus entrañas que le destrozó, que le reventó dejándolo sin capacidad de reacción alguna.

Solo dolor, dolor intenso, terrible, con ganas de pararse, de abandonar todo, de dejarse llevar por el sufrimiento tan bestial que sentía y marcharse de una vez, dejar ya al guionista que siguiera su trama como quisiera pero sin contar con él, abandonar ese horrible guión que le había tocado en el reparto y descansar, descansar de una vez.

¿Para que quieres la vida si solo la querías por ella, si solo luchabas por ella? Si solo por ella te enfrentabas a lo que fuera. Si solo ella importaba, si solo ella existía.

Tanto sufrimiento aguantado era solo la avanzadilla del que quedaba por venir, del que ya ha llegado. El anuncio de ese frío e intenso dolor que me paraliza el alma, que me imposibilita la menor defensa ante él si quisiera defenderme, porque no quiero, quiero que la ola inmensa que ha barrido mi esperanza, mis ilusiones, se me lleve también al fondo de ese océano gélido, crudo, donde esa extensa soledad abrace mi alma, mi ser, y me deje quieto, parado, detenido para la eternidad, sin ver a nadie, sin hablar con nadie, sin comunicarme con nadie. ¿Para que alguien? Si ella, la dueña de mi confianza, la diosa de mi vida, la fuente de la que emanaba la fuerza de la que bebía, ha provocado este tsunami que barrió el sentido de mi existencia, ¿como hablar, ver, estar, con otras personas?
Que reposen mis restos destrozados y dispersos para siempre en ese mar de dolor y sufrimiento, de soledad, de tormento.

Una respuesta, una esperada respuesta era lo que aguardaba. Nunca imaginé que vendría en forma de potente mazazo. De ella no, de ella nunca. Y todo mi ser, todo yo, saltó fragmentado, explotó dentro de mi como la más inesperada y exterminadora bomba dejándome completamente roto, destrozado. Solo sujeto a este inhóspito escenario por la envoltura carnal que desgraciadamente se resiste a seguir  los pasos de mi espíritu machacado.

Triste destino sin ella, negra existencia sin ilusión, sin esperanza, sin fé. Como dice el refrán, hasta que el cuerpo aguante. Quiera Dios, si es que existe, que sea poco, porque pese a todo, la quiero.

miércoles, 6 de julio de 2016

LOS MILAGROS SE REPITEN A VECES, Y LA LA ESPERANZA VIVE ESPERANDO



Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo....

(Mario Benedetti)




Se que eres tu, la que se hace hueco en mi mente, la que vive en mi sangre, la que poco a poco hizo que este corazón, tocado ya por desastres de años de no conocerte, de no encontrarte, de la certeza de  que en algún lado tu risa alegraba, aún viviendo todavía sin la luz que desprendes, la existencia de otros, que quizás no te buscaban con la pasión, con la necesidad con la que cada respiración me sacudía llenándome de angustia porque se pasaba la vida y no te hallaba por más que mi insistente anhelo me acuciaba y me exigía tu encuentro.

Se que eres tu mi Dorado, la parte que me faltaba del alma, que me tenía sin fuerzas, porque conocí la multiplicación de la fuerza, de los colores, de los sabores, de los olores, de la vida al verte, al escucharte, al acariciar tu pelo, al notar tu respiración junto a la mía. Al sentir que aunque no estuvieras esa noche, mi cuerpo, inconscientemente dormido dejaba tu sitio libre para el tuyo mientras mi brazo se estiraba para, en tierna captura, reposar apoyado en tu cintura mientras mis pensamientos, libres por fin, se adentraban en caminos celestiales, entre estrellas de las que me reía ante su inutilidad al querer competir con el brillo de tus ojos, alegres, vivos, que rellenaban esa inquietud que desapareció al saber que estabas allí porque querías, sin presiones, sin ataduras que después no supe evitar.

Por eso ahora se que es difícil que ese hueco entre mis sábanas se vea ocupado, que no vendrás, que la fortaleza que me dabas, la seguridad de ser completo, se va diluyendo con los días, que las noches son más frías, los días más crueles, y que la distancia cada vez es mayor. Aún asi, cada noche, en sueños, salgo a buscarte, intentando que tus labios se encuentren los míos, que mi brazo repose encima tuyo y acabar con la burla de las estrellas al no estar tu anulando su estúpida luz, que me recuerda cada momento, al mirar hacia el firmamento, que tu no estás, que esa débil luz no es tuya, que no estoy completo, que me falta el aire, que solo cuando en el duerme vela veo en mi mente tu silueta, brillante, alegre, noto aún que vives en cada centímetro de mi cuerpo, en mi pensamiento, en cada una de mis acciones, en cada gota de lluvia que disfruto, en cada risa que escucho, en cada instante. y eso me empuja cada día a levantarme, preguntándome, ¿será hoy? y espero, como solo esperan los enamorados, con esa bendita locura de creer que un día, puede ser mañana, pasado, al otro, no se, pero.....los milagros se repiten a veces, y esa, esa es mi única esperanza.

domingo, 8 de marzo de 2015

CANSADO, VIEJO, ROTO



Lo dió todo. Lo empleó a fondo. Lo entregó sin preocuparse de su sufrimiento. Si dolía no importaba, continuaba dándolo. Hoy ya está cansado, muy cansado. Demasiados esfuerzos, demasiados sufrimientos, demasiados palos. Hoy ya se le nota roto, sin fuerzas, tan solo para acercarse
a su querida taberna y que dé ahí sus últimos latidos antes de desaparecer.

Seguramente nunca ya lo veremos por la Taberna recitando sus poesías, cantándonos sus amores, intentando llevarnos allí donde dos bailaban en la luna,  enseñándonos esa bella flor quemada por el viento, o las palabras de Cortazar, de Machado, Benedetti, Rosales, Byron,  Scheley y tantos y tantos otros. Calmando al Cipri de sus enfados y nervios o a Isabel de los dolores de sus cristales rotos en el estómago. Contando a Manoli que siempre se vive di hay amor y recuerdo, o como últimamente,  acompañando a Yu en su primer café de la mañana.

El estaba ahí, desaparecía por un tiempo y volvía. Hoy está cansado y viejo. El último palo lo ha roto de verás, ha explotado en mil trozos que el  Cipri intentará reunir y engarzar, pero el viejo corazón del.mono rojo ya no aguanta mucho más.

Es una tristeza que inunda la Taberna, máxime cuando el Cipri ha prometido que si el jodío mono se lleva su corazón, o viceversa,  la Taberna será demolida como tumba inaccesible de tanto amor aquí desarrollado, escrito, leído,  vivido.

Una faena el último palo, una buena y gran faena.

viernes, 6 de marzo de 2015

SIN PALABRAS




Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 


Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...


Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...


Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?


Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

(José Hierro)






 Los labios...los labios sellados,fundidos, mudos. ¿Como me entiendo contigo?

El silencio mandando, el abanico se agita, la gente nos mira, no entiende sonrisas, no entiende de uniones, de conexiones inalambricas de cuerpo a cuerpo, de mente a mente.

El gris se marchita con la luz del entendimiento cómplice, del vuelo de ideas, del compartir momentos intensos a kilómetros de distancia, con solo pensamientos de mi hacia ella, con ida y vuelta, trayendo y llevando mensajes encriptados por códigos creados por inconscientes deseos.

La luz se abre camino entre paredes de niebla , alejando fantasmas, engendros malditos de amores pasados, de tiempos ya muertos, de pasiones furtivas, momentos matados.

La noche maldita del alma vencida se retira, triste, dominada por la canción alegre del gesto amoroso, con la mirada cómplice, del guiño travieso, del dedo enlazado, de la mano nerviosa, de la boca callada. El pie que me roza, con la pierna próxima, apretado y preso el brazo , el costado pegado. 

¿Empiezo a ser libre, o tan solo el deseo de serlo, de sacudirme el espeso manto del abandono cruel?

No hay de vuelta nada. Nos queda la palabra, ¿para que nos queda la palabra?

jueves, 5 de marzo de 2015

EL ADIOS MÁS INTENSO, EL MÁS LENTO.




Amor mío, amor mío. Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de salir. Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz se queja en la garganta.

Amor mío...
Cállate. Vuelve sobre tus pasos. Cierra despacio la puerta,
si es que
no quedó bien cerrada.
Regrésate.
Siéntate ahí, y descansa.
No, no oigas el ruido de la calle. No vuelve. No puede volver.
Se ha marchado, y estás solo.
No levantes los ojos para mirarlo todo, como si en todo aún estuviera.
Se está haciendo de noche.
Ponte así: tu rostro en tu mano.
Apóyate. Descansa.
Te envuelve dulcemente la oscuridad, y lentamente te borra.
Todavía respiras. Duerme.
Duerme si puedes. Duerme poquito a poco, deshaciéndote,
desliéndote
en la noche que poco a poco te anega.
¿No oyes? No, ya no oyes. El puro
silencio eres tú, Oh dormido, Oh abandonado,
Oh solitario.
¡Oh, si yo pudiera hacer que nunca más despertases!




(Vicente Aleixandre)






Varado, mutilado, impedido para andar por los caminos que marcan los impulsos del corazón abandonado. No es la falta de miembros, es la falta de espíritu, es la falta de ánimo, la castración sentimental sufrida conlleva la amputación mental del cuerpo.

No puedes caminar, porque el enfrentamiento de nuevo a un sentimiento fuerte produce el anquilosamiento del sistema defensivo, y solo queda el escondite entre silencios y latidos muertos, la cabeza perdida entre preguntas huecas, huérfanas de respuestas.

La desconfianza altiva, insultante hacia uno mismo, el repudio del yo profundo y sus sentimientos, la deserción del yo, la negación del tu. Daños profundos, colaterales, ocasionados quizás por acción involuntaria pero certera, permanentemente tocados, humillados, heridos.

El coma del interno sentido compartido, la muerte del instinto más primario, la atracción de otro ser clavado en la profundidad de la química más intensa, el amor. No hay resurrección, no hay antídoto. El abandono hizo su labor, la soledad privando hasta del abandonado, la difuminación de la libertad al cercenar la voluntad del individuo, la muerte más lenta y cruel, el olvido hasta de uno mismo, la ausencia de cualquier soporte protector mental, el adios más intenso y el más lento. La nada, el frío cero absoluto. 

Condenado. Ejecutado.

miércoles, 4 de marzo de 2015

TENGO MIEDO





Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
                        y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
                    viceversa.

(Mario Benedetti)






No me canso. Llegaste cuando la oscuridad me infiltraba el pensamiento, cuando la noche se hacía eterna, cuando el frío entraba por las venas convirtiendo en gris mi existencia, y aún asi tengo miedo. No me canso pero tengo miedo. 

Tengo miedo de darme una oportunidad, de perder las únicas ramas que me quedan como vestigio de que una vez viví. Tengo necesidad, esperanza, urgencia, alegría, pero siento miedo. Siento miedo al fracaso, a la decepción, al ser gris que la acompaña, al dolor del abandono, al terror de la soledad impuesta. 

Y te niego y me niego como siempre, al comienzo del día, para luego recaer y sucumbir a la imperiosa necesidad de verte, de tocarte, de olerte, de mirarte, de abrazarte con cualquier excusa tonta y susurrarme sigilosamente que no está bien, que te engaño y que me engaño, que el fracaso está presente, la decepción agazapada, el gris camuflado entre colores más vivos para no delatar su existencia, el dolor  amenazando tormentas de abandono y la soledad llamando mientras a esa puerta que me niego a abrir porque tengo miedo.

Que miedo y también cuanta esperanza de volver a verte mañana.

sábado, 28 de febrero de 2015

LA PALABRA, SIEMPRE LA PALABRA.....¿Y TU?



Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Blas de Otero)




Cerré los ojos, me dormí tranquilo, confiado, pensando en que quizás en mis sueños tendría la suerte de encontrarla como era, después de muchos años juntos, joven e ilusionada, con su mano estrechándome la mía y la mirada fija en el futuro.


Cerré los ojos con la paz del que ciegamente se entrega, con la serenidad del que sabe en lo alto siempre estaría ella, presta a lanzar un cabo al que agarrarse y sabiendo que con su vigilia centinela nunca me hundiría.

Cerré los ojos y al abrirlos todo había desaparecido. El oleaje golpeaba con fuerza el malecón de mis sentimientos, produciendo lágrimas que se perdían entre las lágrimas que el mar de la soledad soltaba furioso contra mi. No había mano, ni centinela, ni cabo. El mismo peso de mi existencia me hundía, me hunde, y tan solo las ramas que brotaron de tanto amor mantienen a flote una cabeza que lucha por tener lo único que la queda, la palabra, las bellas palabras con las que puedo recordar momentos ya olvidados por mi antiguo sostén pero que se mantienen vivos construyendo una esperanza que sé falsa, que no se mantiene pese a las maderas que la sostienen como bateas ancladas en un tiempo humillado y vencido, quizás trabajado a base de días de tranquila rutina que no resultaron como mi ciega confianza creía.

Si como dice el poeta, si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, tengo seguro que nunca perdí la voz en la maleza, que siempre mantuve la palabra como cimiento de mi bamboleante existencia, y esa es la única certeza de hoy, saber que me queda la palabra, preciada llave para abrir caminos nuevos, prometedores y atrayentes. La única pena es que es llave y no machete para salir de la espesura oscura de esa selva abandonada en la que me encontré al abrir los ojos que cerré tranquilo, confiado.

Ahora ya solo me queda la palabra, y una pequeña, diminuta esperanza en el horizonte, quizás eso que al final parece dislumbrarse sea la senda nueva que permita cerrar de nuevo los ojos, pero, ¿será suficiente la palabra? es lo único que me quedó, que poseo, que vence las ganas de abrazarse a la oscuridad y permanecer en ella hasta que llegue la eterna Parca y enlace mi mano entre las suyas. La palabra, siempre la palabra, ¿y tu?