ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

miércoles, 12 de noviembre de 2025

SOLEDAD ACOMPAÑADA

Lágrima triste en mi dolor vertida,

perla del corazón que entre tormentas

fue en largas horas de pesar nacida,

en fúnebre memoria convertida

la flor será que a tu corona enlace;

las horas de la vida turbulentas

ajan las flores y el laurel marchitan


(Poema de mi admirada amiga, Rosalía de Castro)




Pasa la noche, transcurren las horas y en la mesa el tiempo está detenido entretanto fantasmas pasados vuelven a visitarme mientras apuro frías  jarras de cerveza.

Los recuerdos se amontonan y se manifiestan de manera que la impresión es de no haber transcurrido ni un solo minuto en el que la soledad del frío tablero marcado dejara de impulsarme a marchar y el pasado, presente en esta noche triste se empeñara en mantenerme como memoria de la tasca del Cipri.

Con la yema de un dedo recorro los surcos labrados en la tabla, formando nombres, corazones, fechas con el eterno estuvo aqui y siento en cada estela, en cada rastro, el sabor amargo de lágrimas alcohólicas, ilusiones dañadas y risas ocultando un llanto eterno incrustado en el alma del novel e improvisado grabador.

Hoy, pocos parroquianos, callados, silenciosos, meditabundos e inmersos en sus océanos personales de inseguridades y fracasos.

Una jarra más y me marcho. Quizás conmigo venga esa procesión fantasmal de tiempos pretéritos, o quizás tan solo vaya acompañado de situaciones provocadas en los ayer de muchos días, o tal vez camine solo, echando de menos tan quimérica compañía.

No se, pero apuro la jarra y salgo.

martes, 11 de noviembre de 2025

MÁS TABERNA, MÁS NOSOTROS.

Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.

Moviéndose a compás, como una estúpida
máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que, incesante, con el mismo tono,
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae, sin cesar.

Así van deslizándose los días,
unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
sin gozo ni dolor.

¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
padecer es vivir!

(Poema de mi amigo, Gustavo Adolfo Bécquer)


Hoy estuvo Manuela en la taberna. Al principio no la reconocí, vuelta de espaldas a mí y con una cascada de pelo de invierno, blanco entre grises, que me llamó la atención al sentir que era alguien de antes y que encontraría de nuevo.
Se dió la vuelta y era Manuela, la misma Manuela de siempre, con una copa en la mano y hablando con un Cipri al que parecía rescatar de su fondo del no ser y que el viejo tabernero reconocía al ver la viveza, casi nunca encendida, de sus ojos.
Manuela y el Cipri. Cuántas noches de mostrador y taburetes hasta madrugadas altas, cuantas conversaciones y cuantos poemas.
Hoy ha vuelto ese brillo de la taberna matando las sombras llenas de bachatas y gente nueva sin sentido ante el refugio de los inadaptados de la calle.
Manuela, poemas sentidos y duros, como ella, poemas de whiskys y lágrimas, poemas fotográficos en palabras retratando ese mundo personal de Manuela, que ha vuelto hoy a dejar una marca en el tablero de la mesa mientras el Cipri hablaba animado.
Hoy, como siempre que regresa alguien veterano en mil batallas asociales , ha sido más taberna, más nosotros.


sábado, 8 de noviembre de 2025

OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

(Poema de mi amigo Luis Cernuda).


Miles, millones de banderas abandonadas y tiradas una tras otra en montón de telas descoloridas y raidas, que en su día representaron anhelos e ilusiones, provocando revoluciones y exterminios dictatoriales, aplastando movimientos.
Palabras esparcidas por el viento y alicatando el suelo ennegrecido y pateado por oscuras botas militares que las reprimieron marcialmente.
Amores adolescentes, amores primeros, segundos, terceros y cuartos, cuernos retorcidos que fueron necesarios para unos y tortura y desencantos para todos.
Estudios, discursos y teorías amontonadas sin proceso alguno. 
Sacrificios, hipotecas, atracos y premios de lotería, deudas de préstamos usureros y en algún lado, ingresos clandestinos de polvos comerciales escondidos.
Poemas, canciones, y ternura, abrazos y besos sin mesura, virginidades perdidas media docena de veces, mentiras caseras a lo bestia disfrazadas de piadosas falsedades y patrañas.
Excusas que no existieron, partes de baja viajeros, mezclados con dañinos sentimientos que nadie sabe por qué surgieron.
Pozos de años perdidos, agujeros negros de historias reales inventadas y al final nada, preguntar la hora cada segundo militando en el oscuro dejar de ser, afortunadamente sin saberlo.
Triste paraje, triste almacén de pasados...no se que escribo, no recuerdo, por esos almacenes, me pierdo, ignorante del lugar donde me encuentro 
Arriba una luz pequeña, inalcanzable, no llego.
Palabras del Cipri.


jueves, 6 de noviembre de 2025

El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

(De mi amigo, Jorge Luis Borges)


Está noche pasada soñé conmigo, les dije a los parroquianos que, sentados a mí mesa, escuchaban callados y expectantes mis palabras.
Me vi joven, con el pelo caído sobre los hombros, como solía llevarlo, con mi cazadora de segunda o tercera mano, azul descolorido, de aviación militar, comprada en una tienda de lo viejo en la calle De la Ruda, del Rastro de Madrid. Con mis queridos pantalones campana y calzado con unas alpargatas segarra que eran las que más duraban.
Estaba al lado del mar, sobre unas rocas que mientras aguantaban el envite de las olas, servían a la vez de posada a una cantidad indefinida de pequeños y rápidos cangrejos, que de golpe se paraban para luego correr de lado hacia otro agujero de la corpulenta masa pétrea con múltiples puertas para esos graciosos seres, siempre andando marcha atrás.
Recuerdo del sueño que miraba como el sol se bajaba de su trono celeste y poco a poco, primero un pie y luego el otro, (hermosos y lindos pinreles, nada de linfedemas), se iba sumergiendo en la animada mole de agua en la que las olas divertían a delfines en la alegre y  distraída jarana creada entre el viento y el mar para deleite de seres submarinos correteando entre corrientes.
Siempre pensé que volvería a encontrarme con la hermosa marejada marítima, que mi despedida del barco cuando marché de Rosas no fue definitiva, y que al final de mis días, cuando uno, cansado de caminar, volvería a su seno hasta el momento en que Dios me llame y mi cuerpo vague navegando donde quiera que el agua me arrastre mientras el viento del sur, cálido compañero unido al salitre pegajoso de Ponto, hijo de Gea, me acarician el rostro ya frío del  Forastero dormido para siempre.
Marcharme así, entre susurros de olas, con paleta de colores inimaginables, maravillosos, con el olor a mar en mis sentidos y de fondo, como ya dije, tu risa.
Ni faraones soñaron nunca con una despedida tan magna, tan preciosa
En cambio, lejos de mis sueños e ilusiones, permanezco amarrado por lazos invisibles a un tabla de madera que navega entre humos de cigarros y vapores de cerveza, mientras el resto de tripulantes escucha, callados, y una mano de Rosa, la vieja prostituta me aprieta la pierna y con la otra se quita una rebelde lágrima que demuestra su sensible borrachera.
Ya veremos.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Con las alas rotas


Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

(Poema de mi amigo, Mario Benedetti).

Estoy convencido que no todos los ángeles son bellos, esbeltos, rubios y con buena presencia.
Estoy convencido que no todos tienen un par de lindas y hermosas alas, blancas, radiantes, limpias.
Aquí, en la Taberna del Cipri, he conocido a ángeles de alas rotas por largos y cansados vuelos por la vida, feos por los años de dolores y angustias esculpidos en el rostro, de cicatrices profundas creadas por decepciones y desencantos en las aguas bravas de existencias duras prolongadas en el tiempo.
Silencios muchos y a veces, no siempre, cantos broncos, de ásperas gargantas acompañadas de sonrisas sinceras entre dientes amarillos.
Son ángeles también, que esperando la vuelta a casa aterrizaron en este aeródromo del Mono Rojo donde aguardan la llamada de alguien necesitado de ser escuchado y demandando, aunque mugriento, un hombro en el que apoyarse y regar con alguna lágrima.
Un ángel la vieja prostituta, que continúa atendiendo, ya por una copa en la barra, los lamentos del borracho al que han echado de casa.
Un ángel el poeta, que prolonga la amargura profunda de su alma al observar un enfermo de amor no correspondido y prorroga sus sonetos que tan solo otros ángeles tabernarios escucharán declamar en esas noches de alcohol colectivo.
Un ángel la anciana que, ya viuda, descubrió el oscuro mundo del Mono Rojo y, todavía sorprendida, se alistó para aprender escuchando percibiendo la existencia de otras vidas.
Ángeles de ropas sin marca y cuerpos marcados, ángeles sin parecerlo, ángeles, ángeles fuera del Paraíso, pero ángeles, de los que nunca hablarán en las iglesia, pero que en templos como éste, brillan con su propia y peculiar luz. 
Ángeles.

viernes, 31 de octubre de 2025

CUANDO VUELVA A LA CASA GRANDE

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
 
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
 
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
 
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
 
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
 
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

(De mi conocido Pablo Neruda)

De repente escucho una risita de esas flojitas, casi tímida, de rata y a mí mente viene aquella otra que, potente, me rescataba de la borrasca y el oleaje de mis pensamientos, liberándome de la desazón de mis paisajes neuronales y sus consecuencias.
Ya antes de hablarte como llegamos a hablar, al principio, cuando nos presentaron, en la pesadez insoportable de alguna reunión, al escuchar tu fresca y franca carcajada me sentía curioso y miraba, alargando el cuello y levantando la cabeza,  preguntándome cómo sería el artífice de esa animada hilaridad que sobresalía por encima de las voces y conversaciones del resto.
Tú risotada era el chaleco con el que me protegía de mi y del resto del mundo, era la pantalla antibalas bajo la que me cobijaba y disfrutaba escuchandote.
Más adelante, verte reír era respirar aire fresco en la contaminada sociedad que nos rodeaba.
La música de tus carcajadas me acompañó siempre, arrancándome una sonrisa al recordarla, y ahora, en el otoño de mi vida, pienso cuando llegue el final del invierno futuro de mi existencia, me niego a que derrames una sola lágrima por mi marcha. Tú, ríete, aunque nadie lo entienda, aunque critiquen, aunque alguno se moleste, que tu risa resuene en el tanatorio hasta que todos los difuntos levanten la cabeza por ver qué ocurre. Tú ríete, por Dios, deja que esas bellas notas hilarantes que tanto aprecio y que tanto me han ayudado no dejen de sonar en el día más importante de mi vida, el final.
Debe ser hermoso retomar el camino a Casa escuchando de fondo tu risa, la mejor flor para decir adiós. Tú ríe.

jueves, 30 de octubre de 2025

LA CARCEL DE LOS RECUERDOS

Un albañil quería... No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.
 
Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.
 
Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.
 
Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.
 
Un albañil quería... Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

(Poema de mi amigo Miguel Hernández).

Noches, cientos de noches en la taberna.
Horas, miles de horas ante una jarra de cerveza, ya calentorra, olvidada entre recuerdos narrados por parroquianos como yo, desgranadores casi profesionales de acontecimientos y sorpresas encontradas en nuestros recorridos por la vida.
Ahora, desde la mesa en la que me apoyo, veo las piedras que forman, unidas entre si, las oscuras paredes, y pienso que cada piedra tiene un nombre, distinto para cada uno que sea el que las observa, pero titulares del nombre de personajes que, noche tras noche, atracaban en el refugio, puerto seguro del Mono Rojo, protegidos de la borrasca callejera que nos empujaba a la dársena del Cipri.
Amores lejanos y perdidos, cada uno con su piedra, tallada por dos corazones que alguna vez parecieron latir al unísono.
Amistades de barra, efímeras y pasajeras, de confesiones alcohólicas y lágrimas cerveceras. También sus piezas, labradas por manos olvidadas del que solo la imagen queda.
Poetas de poemarios compartidos entre nubes de tabaco y vapores etílicos. También bautizaron sus piedras, como no, con nombres amargos y tristes, como su existencia, pues sin penas, muchos poetas no existirían.
Entre todos, los labrados pedruscos levantaban los gastados muros en los que, como viejos presos, pagábamos las penas impuestas por nuestra libre supervivencia.
¡¡¡¡Niña, cuando dejes de bailotear, tráete otra jarra, y búscate tú piedra!!!!

miércoles, 29 de octubre de 2025

A IKER, DEMASIADO JOVEN PARA EL VIAJE QUE HA EMPRENDIDO


NOTA ACLARATORIA:

ESTAS PALABRAS LAS ESCRIBÍ HACE MUCHOS AÑOS. HOY, LA TABERNA ME LO HA SACADO EN FORMA DE BORRADOR Y EN MEMORIA DE IKER LO SUBO DE NUEVO CUANDO AHORA, EN NOVIEMBRE, SE CUMPLEN AÑOS DE SU MARCHA HACIA LAS VERDES PRADERAS CELESTIALES EN LAS QUE, ESTOY SEGURO, BRILLA PARA ÉL, EN SU ETERNIDAD, LA LUZ PERPETUA Y DESCANSA EN PAZ.
(Un beso para ti, Marepi)

**********************************

Hoy de nuevo en la Taberna del Mono Rojo, solo y pensando en alguien que se ha ido, en alguien que demasiado pronto se ha marchado al otro lado en busca de nuevos horizontes, de nuevos arco iris, de nuevos sueños, quizás agotados los de aquí, pero muy joven, demasiado.

Pienso si alguna vez nos hubieramos podido sentar ante una jarra de cerveza como la que tengo ahora en la mano, ¿que te hubiera dicho? ¿de que te hubiera hablado para convencerte de que nunca se ha visto todo, que ni en un millón de años podríamos descubrir todos los misterios preciosos que nos rodean?, quizás hubiera podido hacer que esperaras un poco más, que te dieras, que nos dieras, esa oportunidad que ahora ya no podrás darnos, de disfrutar en este mundo más de tí, de tu risa, esa risa que en las fotografías se adivina sana, fuerte, poderosa.

¿Que motivos te han podido llevar a abrazar el negro velo de la marcha, del viaje sin retorno al otro plano, donde seguro estarán encantados de tener allí tu alegría, tu risa, de tener, como dicen tus amigos en tu facebook, al más, al mejor?

Cuanto cariño te llevas de tus amigos, de tu madre, de tus hermanos. Me ha impresionado el enfado de tu hermana, estaba muy enfadada contigo, pero aún así te decía que te quería. Con que cantidad de cariño, de amor de tus seres queridos te has marchado, y que cantidad de ese amor te has dejado aquí, en los corazones de quienes ahora mismo, esta noche, tumbados en sus camas, piensan en ti mientras unas lágrimas en tu honor mojan sus almohadas en una noche de insomnio en el que ni el cansancio les permite dormir y olvidar lo pasado por unas pocas horas.

No puedo dejar de pensar continuamente en tu madre, mi amiga desde que eramos unos críos, y el dolor que siente, el dolor y el amor por tí, y me duele, Iker, me duele mucho tu marcha, sin conocerte más que por sus palabras, por las palabras que hoy he leido de tus amigos, de tu hermana Nagore. Me duele como si fueras de mi familia, (que podrías haberlo sido si el destino no hubiera cambiado a los actores en el reparto de papeles), pero aún así, pese al destino, pese a todo, de algo si estoy seguro, en mi corazón, en mis sentimientos, eras uno de los míos, un pariente próximo al ser hijo de una mujer tan grande como tu madre, mi amiga del alma, mi confidente en muchos aspectos de nuestras vidas, y hoy, en la Taberna del Mono Rojo, ante esta jarra de cerveza, tragándome las lágrimas por tu repentino viaje, brindo por tí, para que desde donde te encuentres seas feliz, y cuides de los tuyos, de tu hermana, de tu hermano, de tu madre, y no olvides que mientras la mayoría de la gente se va igual que llegó, sin nada, tu te has ido con una maleta grande, muy grande, llena de amor, de cariño, y que te has dejado aquí mucho equipaje repleto de más amor y cariño, que seguramente irás recibiendo poco a poco en los sueños de tus seres queridos contigo.

Adios Iker, me hubiera gustado que tomáramos esa cerveza. Quizás podamos beberla cuando nos veamos algún día en esos campos de sueños nuevos que has ido a buscar. Quizás entonces, Iker. Mientras, recibe un fuerte abrazo de éste que podría haber sido algo más que un triste cliente en esta taberna desde la que te escribo en una noche de dolor y pena. 

Salud, Iker, y hasta que sea que Dios quiera.





No llores si me amas - Carta de San Agustin a su madre

No llores si me amas...

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oir el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!

¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes,
los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!

¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo,
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme; cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban,
y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a ver a aquel que te amaba y que siempre te ama,
y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme, pero transfigurado,
extático y feliz, no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas...


Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
La muerte no es nada.
No he hecho nada más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.


Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne, ni triste,
sigue riendo de lo que nos hacia reír juntos.


Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado,
¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?
¿sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos... tan solo a la vuelta del camino.


Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada.


Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.

Con todo mi cariño, con toda tu alegría


S Agustín.

martes, 28 de octubre de 2025

TESTIGOS

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia, todo cambia
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

(Mercedes Sosa – Todo cambia)


Cuando estaba en parvulitos, lo que ahora llamarían, más pomposamente, “Educación Infantil”, nos hacían dormir la siesta. Si no dormíamos, al menos nos teníamos que quedar en silencio, con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados en la mesa. 
Uno de esos días de insomnio vespertino, observé mis manos y pensé que sólo podía saber mi edad física a través de ellas. Eran pequeñitas y regordetas, la piel tersa, las uñas mordidas y con restos de pinturas de colores. 
Hoy, muchos años después, las vuelvo a mirar. Son más grandes, más huesudas. Las venas se marcan, azules, bajo una piel que pierde elasticidad y gana arrugas. Hay alguna cicatriz blanquecina y la marca de una alianza que decoro el anular durante años. 
Pero yo no he cambiado. Son los mismos ojos los que miran. ¿Qué ha pasado entonces? Sólo el tiempo. 
Y me pregunto: ¿quién soy yo? ¿Las manos o la mirada? Tal vez ambas. Pero las manos pertenecen al mundo que pasa; la mirada, al que permanece.
La mente también viaja, crece, se pierde, se reinventa. Con los años aprende y olvida, se llena de voces y silencios. Puede confundirse, desvanecerse, romperse incluso. Si el pensamiento se apagara un día, ¿dejaría de ser yo?
No. Porque hay algo más hondo que no envejece, que no se disuelve con los recuerdos ni con las palabras. Algo que no necesita nombre, ni forma, ni memoria. Eso que tiembla, callado, en el fondo del pecho cuando todo lo demás se apaga.
El cuerpo pasa, la mente cambia, pero el espíritu permanece. Es la raíz invisible de quien fui, quien soy y quien seguiré siendo, más allá del tiempo.

(De Alguien, Fantasma del Pasado)

NORMAS

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

(Poema de mi amigo Jorge Teillier)

Estaba todo reglado, todo calculado, medido. Cada cual conocía sus deberes, sus obligaciones. Derechos ninguno.
Faltar al sistema estaba castigado con la muerte, los soldados eran soldados, los obreros, obreros, los desocupados, parados eternos sin más cometido que el divertirse cuando les dejaban y con mucho cuidado por las penas de muerte. 
Las medidas, las justas. El orden, el establecido, férreo, cruel, desde hacía muchos siglos, sin evolución, siempre igual, la norma, la ley, el ordenamiento social, el estricto cumplimiento, la dictadura funcional y decretada en todo tiempo, pasado y futuro.
Paseando por las celdas vacías se dió cuenta de que no era nada, no era nadie, tan solo un número más a obedecer las normas obligadas y que ya nadie, salvo al parecer, ella, se cuestionaba y decidió rebelarse, no con actos guerrilleros ni violentos, que hubieran significado un suicidio, sino abandonando, marchándose desobedeciendo y quizás establecer con el tiempo una nueva comuna libre, donde la norma no fuera ley, solo consejo, donde la ambición y el deseo de cambiar de status no fuera delito condenado con la pena máxima. Donde un pueblo libre desarrollara una nueva, novísima existencia, y se fué.
Se marchó y viajó hasta encontrar una higuera, y una vez allí tomó posesión de un higo, donde fertilizó sus huevos entre las flores internas que sin tregua polinizó, y esperó la muerte cumplida ya su misión voluntariamente revolucionaria.
Su último pensamiento fue para la colmena, el sitio donde nació y creció.
Mientras, una sonrisa la dibujó el rostro al pensar que sus hijos nacerían y vivirían libres.

Han pasado dos años, del higo no queda nada, en su lugar celdas y más celdas de cera, legiones de obreras y soldados, una reina y unos cuantos zánganos reunidos en la entrada y de golpe, a una señal, los soldados y las obreras se tiraron sobre una que había incumplido las normas hasta darla muerte.
Lejos, en el suelo, sucio de humedad,un viejo cartel con el nombre de Colmena Libertad acompañaba en su abandono a una memoria rendida.
Podría decirse que las abejas no tienen memoria.

lunes, 27 de octubre de 2025

NO LO RECONOZCO

El viento del Otoño crepita frío entre los juncos secos,
envejecidos por el anochecer
aleteando, las cornejas vuelan desde el sauce, tierra adentro.

>Un viejo solitario se detiene un instante en una orilla,
siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve que se acercan,
desde la orilla en sombras mira la luz enfrente
donde entre nubes y lago la línea de la costa más lejana
todavía refulge en la cálida luz:
aúreo más allá, dichoso como el sueño y la poesía.

La mirada sostiene con firmeza en la fulgurante imagen,
piensa en la patria, recuerda sus buenos años,
ve palidecer el oro, lo ve extinguirse,
se vuelve y, lentamente, se dirige
tierra adentro desde aquel sauce.

(Del poema Esbozos, de mi amigo Hermann Hesse)


No le gustan los espejos, no reconoce a quien le mira fijo, interrogante, desde el otro lado del vidrio.
No sabe quién es, no lo ha visto nunca, ni en sueños. Solo ahí, por las mañanas a primera hora, imitando sus movimientos, y a lo largo del día cada vez que entra a luchar contra una próstata que, egoísta, no quiere dejar escapar ni una gota de lo bebido o ingerido.
No pregunta a los demás, familiares, amigos o conocidos sobre quién es el mimo que desde el otro lado le imita sea cual sea el movimiento o el gesto, ya no pregunta, desde que alguién, no recuerda quién, le contestó que "si no tú sabes quién es, no pidas que los demás lo sepamos", y desde entonces, nada, ni un comentario, ni una pregunta más, nada, como si ese arlequín sin traje a cuadros, no existiera.
Pero le pasa mucho también en otros aspectos, de hecho cree que debe vivir la vida de otro, porque él no se esforzó para que su existencia transcurriera así, rodeado de esa gente tan distinta a la que imaginó, viviendo en un lugar tan opuesto al anhelado desde joven, incluso hablando utilizando un lenguaje del que siempre huyó.
Le han robado la identidad, sus ilusiones, su lucha, pero "los otros" no saben que aún hay un lugar no invadido, donde se reconoce y se ve, donde la lucha continúa, en silencio, pero continúa. 
Un lugar desde el que aún prepara discursos motivadores para masas expectantes y decididas, como él, a conquistar el mundo.
Un lugar donde viven refugiados sus amores, en donde incluso hablan unos con otros, discuten y se reconcilian en su persona.
Un lugar en el que la resistencia aguanta y cada día renueva votos...
Hoy me he levantado y como cada día, lo primero, el cuarto de baño, te he visto y te he saludado. Ya se quién eres, esta noche por primera vez he soñado contigo, no con mi pasado, contigo, y he comprendido que, aún muy extrañado por no ser como ideaba, ese ser que me imita en el cristal, soy yo, finalmente derrotado por el viento de otoño que siempre gobernó el timón de mi vida, una vida diferente a la esperada, pero si, soy yo.

viernes, 24 de octubre de 2025

PEQUEÑO BROTE

¿Qué es un olivo?

Un olivo

es un viejo, viejo, viejo

y es un niño

con una rama en la frente

y colgado en la cintura

un saquito todo lleno

de aceitunas.

(De mi amigo Rafael Alberti)



Como dice mi amigo, el olivo es un niño, o fué un niño. Ahora, en el seco retorcer buscando ese agua que en secano no hay, es un viejo que además lo parece, y de vez en cuando un brote revoltoso, por el motivo que sea, no crece, permanece pequeño, con hojas verdes achinadas, pero no crece, quizás en un intento, como ella, de mantenerse en el pasado, refugiada en ese sentimiento que no acompañó su camino desolado y vacío que fue transformando su cuerpo que en solitario se desmarcó de la mente creciendo acorde a lo que la naturaleza impone.

Quizás fué un intento de no dejar que el tiempo destruyera los puentes que de joven, muy joven, se levantaron y por los que luego no cruzó nadie, salvo salteados periodos de llamadas de teléfono o de cartas sudadas de amor prohibido y negado.

Quizás el litio, o las salas de psiquiatría ayudaban a mantenerse en el silencio con el que se recluía en busca de pasados mejores que se negaba a abandonar.

Su cuerpo, con las cicatrices que el tiempo deja, crecía y se relajaba con la acumulación de edad, pero su mente, presa en una adolescencia en la que el amor era el único anhelo de vida, doblaba como extraña contorsionista y con grandes señales de años sufridos en lo considerado como abandono que no acompañaba al resto en el paso de los años.

Es adolescente en cuerpo de anciana, es brote en tronco viejo, es sufrimiento del que me culpo. Es una niña con un saquito de amor perdido.

Ella espera en su cuerpo viejo, yo...yo ya no.

PERENNE

Y la luna eras tú.
Una luna creciente, blanca, fría.
Mirabas hacia el mar y hacia las cosas
que no eran yo.
Y con cuánto silencio te gritaba
-creciente, blanco, frío yo también-:
«Mírame, mírame,
ay, mírame mirarte...»

(De mi amigo Antonio Gala)

A veces, mirando las desgastadas vigas, grandes, gordas, de madera del techo de la taberna, viene hasta mi la techumbre medio caída de la vieja estación del pueblo bajo la que tuve momentos primerizos de amor ilusionado y en otros ratillos extraños, ensoñaciones de sentidos alterados por la soledad acompañada del tenue reflejo de la luna creciente, que como hoy, parece que guarda, tímida, sin atreverse, el respeto hacia esos sentimientos de necesidad del descuadre de enfrente que, por lo que fuera, hoy no vino.
Qué compañera la luna, a media luz o de luz entera de luna llena de pasiones y mariposas revoloteando en torno a una mente atormentada necesitando de tu adolescente compañía abrazada a mí recién estrenada juventud de entonces.
La madera y la luna, o una luna de maderas hecha que, en porciones o entera, siempre, siempre, compañera recortada en las noches de mi vida desde que puedo acordarme, lo que ya es mucho acumulado en esta larga travesía llena de anhelos y esperanzas que fueron perdiendo las hojas al llegar el otoño del tiempo.
Siempre en lo alto la luna, como permanece la techumbre del recinto abandonado del ferrocarril o las gordas y grandes vigas de está taberna, perennes como las agujas del tronco del que provienen.
Luna, gracias.

miércoles, 22 de octubre de 2025

UNA MESA EN EL CANTÁBRICO

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡Ay perro en corazón, voz perseguida,
silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

¡Dejo el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!

(De mi amigo, Federico García Lorca)


Observando la agilidad de los jóvenes clientes que ahora visitan asiduamente la taberna, y fijándome en una de ellas sentada con los pies en alto en una de las arcadas que adornan la pared del local, mi mente viaja al norte de España, y el ruido rítmico del mar acariciando repetitivamente las arenas de la orilla llega hasta mi eliminando todo rastro de esas indigestas bachatas que pone en el equipo Adiolinda.
Hasta el olor a mar llega a mí, y mi cuerpo siente el frescor húmedo de la noche en el balcón de las blancas balaustradas que lo conforman al tiempo que una risa fresca, libre, espontánea, rivaliza rompiendo el dominio del susurro del Cantábrico finalizando viaje en la playa y el silencio estable de la noche.
Mi mente está en este momento frente a la Concha, oliendo, sintiendo, disfrutando de la oscuridad parcial del paseo alternando con las luces casi naranjas que forman parte del cuadro del que soy partícipe acelerando el corazón por el recuerdo del perfume que me invade y ante el que me rindo, más la imagen de su postura acrobática sobre la altura del edificio en el límite de la balconada.
Es la taberna la que remueve recuerdos dormidos, olvidados, recuerdos que traen sensaciones del pasado que ponen nombre y cara al fantasma que aguardaba en la frontera del ha sido a qué algo lo trajera de vuelta a mis silencios.
La mesa hoy me huele a San Sebastián, a mar, a frescura, a compañía deseada, a sentirme bien, a risa única, a tí. Y cierro los ojos y disfruto de la total invasión, aceptada desde el pasado, de mi presente y te echo de menos mientras apuro mi jarra y me pido un calimocho con el que me pierdo entre brumas de recuerdos que me abrazan y me acompañan,
Nos vemos.

martes, 21 de octubre de 2025

RETORNO

Por teu livre pensamento
Foram-te longe encerrar
Por teu livre pensamento
Foram-te longe encerrar
Tão longe que o meu lamento
Não te consegue alcançar
E apenas ouves o vento
E apenas ouves o mar
Levaram-te ao meio da noite
A treva tudo cobria
Levaram-te ao meio da noite
A treva tudo cobria
Foi de noite, numa noite
De todas a mais sombria
Foi de noite, foi de noite
E nunca mais se fez dia
Ai, dessa noite o veneno
Persiste em me envenenar
Ai, dessa noite o veneno
Persiste em me envenenar
Oiço apenas o silêncio
Que ficou em teu lugar
Ao menos ouves o vento
Ao menos ouves o mar
Ao menos ouves o vento
Ao menos ouves o mar

(Abandono do Fado de Peniche)


Escucha, bonita, pon este USB en el equipo de música, hazme el favor, y no lo quites suene lo que suene, es solo una canción, le dije a Adiolinda mientras me sentaba junto al Cipri en su mesa, ensimismado en sus laberintos, sin saber en qué lugar estaba y sin dirigirme ni una mirada, serio, como dormido, totalmente quieto.
Mientras daba un primer trago a la cerveza, empezó la melancólica música preludio del fado que vendría después, y con sorpresa observo como el Cipri, abriendo mucho los ojos apoya sus manos en la mesa y con cierto son mueve los dedos y mira alrededor. Se levanta y sale andando rápidamente hacia la barra, cogiendo un delantal de rayas horizontales negras y verdes y agarrando un trapo húmedo empieza a limpiar el viejo mostrador mientras indica a la muchacha que salga fuera que de la barra se encarga él.
Mientras, la voz de Amalia Rodrígues suena como un lamento al cantar las estrofas del fado de Peniche.
El Cipri tira cerveza apoyado en el grifo surtidor y rellena unas jarras destinadas a Dios sabe quién, para acto seguido apuntar, en pesetas, con la tiza en la madera, el importe de lo servido.
El Cipri ha regresado de donde estuviera, sonríe mientras continúa restregando la balleta contra el mostrador al tiempo que, Adiolinda, asombrada, de pie junto a mí, le mira extrañada y sin entender la extraña reacción del Cipri.
- Pero, que le ocurre, nunca le vi así, exclama descolocada mientras Amalia empieza con el final de la canción,
El Cipri se ha apagado con la última nota musical, ya no limpia el mostrador. El grifo de cerveza permanece abierto dejando caer un chorro dorado sin que nadie lo pare y mientras la espuma rebosa el contenedor, sus brazos caen a lo largo del cuerpo mientras empieza a encorvarse lentamente.
Paso al interior de la barra y agarrándole de un brazo lo llevo, sin resistencia alguna hasta la mesa y le siento suavemente en la silla.
Mientras tomo asiento en la mía, escucho un susurro profundo y tenue que sale de la garganta de mi querido amigo, ao menos ouves o vento, ao menos ouves o mar.

El poder de lo vivido, de los recuerdos que parecen perdidos pero que se mantienen almacenados en ese alma desconcertada del Cipri, le han sacado de su letargo y bien creo que, por el frenesí de la continua tirada de cerveza, el Cipri estaba años atrás y acompañado de toda la legión de fantasmas en su taberna cuando acogía a todo espíritu perdido y con tristezas varias que no hacía falta contar valiendo solo el calor que desprendíamos tanto poeta del mundo más descastado de la ciudad que hacíamos parada en el anticuado local.
Hoy, la voz de Amalia Rodrígues ha sido la conductora ferroviaria de un tren al pasado con todos los vagones llenos, y el Cipri lo ha sentido antes de volver a sus mundos escondidos con sus silencios.
Me alegro, viejo amigo.


Reencuentro entre fantasmas.

Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar
Y aunque el olvido que todo destruye
Haya matado mi vieja ilusión
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón

Carlos Gardel / Juan Maria Solare


A la paz de Dios!
Coño, Cipri! Qué alegría verte! 
Me siento aquí contigo, que te veo muy solo... 
Anda, bonita, ponme una jarra, que con el calor que hace me estoy deshidratando.
Me habían dicho que habías traspasado la Taberna... Por eso hacía tanto que no venía por aquí. Bueno, por eso y porque con el trabajo nunca encontraba el momento de volver por el barrio. Ya sabes, lo vas dejando, lo vas dejando, y pasan años. 
¿Pero qué pasa? ¿Qué no me reconoces? Jajajajajajaja ¡Ah! ¡Ahora sí! Ese brillo en tu mirada demuestra que la risa sí la has reconocido. Será que he cambiado mucho… Frecuenté esta taberna hace años. Aunque hablaba poco más de una vez me mencionó algún forastero. ¡Qué cosas! Ha pasado tiempo, pero ahí seguía la Taberna, en el fondo de mi cabeza, esperando.  Y me entró la nostalgia. La nostalgia… la dichosa nostalgia. ¿Te crees que puede hacer que anheles volver a ver estas mesas viejas y tan acuchilladas? ¿De cuántas historias han sido testigos mudos? ¿Cuántos amores han quedado grabados para siempre en estas tablas?  Me gustaría saber cuántos de ellos siguen juntos. ¡A saber! Ni nos imaginamos lo que nos depara la vida cuando somos jóvenes… Desde luego, no lo que nos encontramos. Pero mira tú por dónde, que vuelvo, y todo huele igual: madera vieja, cerveza derramada, serrín y un poco de historia por los rincones. Hasta juraría que el reloj de la pared sigue parado en la misma hora. Faltan los fados….
Bonita, ¿no podrías cambiar esa música, por favor? Y de paso me traes otra jarra
No cambia el tiempo aquí dentro, Cipri, ni falta que hace. Afuera el mundo corre, se enreda, se tropieza con sus prisas, y aquí dentro todo parece decir: “tranquilo, que ya llegarás”.
¿Sabes? A veces uno necesita volver al lugar donde aprendió a escuchar antes que a hablar. Donde las penas se curaban con vino peleón y un chiste mal contado. Donde, aunque nadie te conociera, bastaba con decir “¿queda hueco?” para que te hicieran sitio en la mesa.
Quizá eso es lo que más echo de menos: la sensación de pertenecer sin tener que explicar nada. Por eso me alegra tanto verte, viejo amigo. Porque mientras tú sigas sirviendo vino en jarras y esperanza en tragos cortos, habrá quien encuentre aquí refugio.

Y es que, al final, uno comprende que no se vuelve a los lugares, sino a las versiones de uno mismo que se quedaron en ellos. Que lo que buscamos no es el pasado, sino reconocernos en el eco que dejaron nuestras risas. Y si hoy la Taberna sigue en pie —aunque sea solo en esta esquina de la memoria—, será porque aún necesitamos un sitio donde poder entrar, sentarnos, y decir sin miedo: “Cipri, ponme otra, que todavía tengo algo que contar.”

(Alguien, Fantasma del pasado)



Alucinado me has!!!!!
Que bueno, que taberna total, me encanta escuchar como es tu vuelta a esa trinchera de lo que no cuenta para el mundo, de lo que no importa en la trepidante y ansiosa sociedad que nos cerca en combate desigual numérico y en el que nos defendemos atacando con nuestros silencios y explosivas meditaciones calladas, vanguardia guerrillera de residuos sociales que aún levantan la bandera de lo que alguna vez se consideró humano.
Bienvenido, fantasma mío.
Quizás en alguna mesa veas iniciales que te suenen y te lleven a tiempos en los que una mirada, como la del Cipri, bastaba para decirlo todo en un lenguaje desconocido y codificado para el resto.
¡¡¡Dos jarras y un vino, bonita, y por Dios, baja esa música!!!!

lunes, 20 de octubre de 2025

LO QUE CONSTRUIMOS

Pinté el tallo,
luego el cáliz,
después la corola
pétalo por pétalo,
y,
al terminar mi rosa,
la induje
a soñar su aroma.

¡Hice la rosa perfecta!

Tan perfecta,
que al día siguiente
cuando fui a mirarla,
ya estaba muerta.

(Elías Nandino)



Mientras dibujo con la punta del zapato lineas ilógicas con el serrín que participa del suelo de la taberna, la mente, mi incansable mente, me hace pensar en el refugio, en el albergue, que variopintos personajes levantamos sin conocernos dentro de estas cuatro paredes construidas con los materiales de nuestros interiores, de nuestras miserias y penas, de nuestros deseos incumplidos y nuestras adormecidas aspiraciones.
Como, sin pretenderlo, gentes del bajo astral de la ciudad si lo medimos por la capacidad de nuestros bolsillos, poetas de verso perdido entre vasos de vino barato, mujeres hermosas que nunca lo fueron en cara y cuerpo, borrachos de bordillo y cartón, noctámbulos de noches de veinticuatro horas, solitarios sindicados en la taberna, pensadores importantes del vacío y de la nada, navegantes entre estrellas sin rumbo diurno, mis amigos, mis silenciosos compañeros a los que el Cipri fiaba noche tras noche copa tras copa. Mi gente nocturna, simios que dimos nombre a la taberna y que supimos, sin saberlo ni quererlo, construir nuestro espacio donde reposar de los ataques de la buena educación, la estricta moral y la perfecta ética, apoyados los brazos en las húmedas maderas, escuchando canciones sin oírlas, acompañados por los personajes de nuestros sueños, sentados con nosotros a la mesa y alguno no soñado, si pensado y añorado, que pedía permiso para compartirla aunque nos molestara su etérea e imaginada presencia.
¡¡¡Cuantas veces escribí nombres en el serrín apoyándome en el pie para luego borrarlos con la suela y pedirme otra jarra de cerveza en un intento de expulsarlos de nuestro albergue tabernil !!!
Hoy me siento con el Cipri, en su mesa de solitario y comparto sus silencios que junto a los míos forman un coro ruidoso que tan solo él, en su profundo pozo, y yo en el mío, escuchamos y entendemos.
Quizás por eso, hoy, hace un rato, el Cipri me ha sonreído, callado, sin decir nada, pero me ha sonreído y con ello lo ha dicho todo.
Aquí os espero, fantasmas míos, personajes de mi mente, protagonistas de mis sueños, todos, como ayer, en la Taberna, conmigo, compartiendo mis vacíos, mis espacios mentales, mi desgana, mi cansancio, mi...nada, invitados.

sábado, 18 de octubre de 2025

REGRESO A LA TABERNA DEL MONO ROJO


Ha roto la armonía
de la noche profunda
el calderón helado y soñoliento
de la media luna.

Las acequias protestan sordamente
arropadas con juncias,
y las ranas, muecines de la sombra,
se han quedado mudas.

En la vieja taberna del poblado
cesó la triste música,
y ha puesto la sordina a su aristón
la estrella más antigua.

El viento se ha sentado en los torcales
de la montaña oscura,
y un chopo solitario, el Pitágoras
de la casta llanura,
quiere dar con su mano centenaria
un cachete a la luna.


(Federico García Lorca)




Después de tanto tiempo he vuelto a mí querida Taberna del Mono Rojo.
Mi amiga Laura me dijo que igual era bueno que me pasara por aquí y algo dentro de mi despertó añoranzas de copas pasadas en compañía de los silencios del Cipri mientras los fados portugueses se sucedían uno tras otro con ese melancólico tono con el que suenan.
Y aquí estoy. El Barrio ha cambiado mucho.
La taberna ahora está entre un Burger King y una peluquería, me dicen de un marroquí, que anuncia cortes de pelo para jubilados a cuatro euros.
La parroquia de la taberna también ha cambiado, parejas de chicos jóvenes, ruidosos en el hablar, de risa fuerte y cocacolas en las mesas. Ignoro si alguno, en el vaso largo, acompaña a la oscura Cocacola con un rubio whisky de dudosa procedencia.
He preguntado por el Cipri a una camarera joven, sudamericana, que me llama cariño al terminar cada frase y que debe ser la responsable de esa música que suena incansablemente en la taberna y que en nada ayuda a lo que hacíamos antes en el establecimiento, pensar y reflexionar mientras se sucedían las pintas de cerveza que servía el Cipri.
Ahora, ese peculiar personaje permanece sentado en una mesa en un rincón de la taberna, envejecido, quizás demasiado, y sin hablar cierra los ojos y quizás dormita en otros tiempos lejanos en los que su palabra era ley en ese su reino de poetas borrachos y noctámbulos, viejas mercaderes del cuerpo y golfos sin más bienes que la acumulación de deudas que nos reuníamos en torno a esas mesas, que ellas si, permanecen igual, quizás con más grabaciones a navaja en sus maderas y con más años acumulados.
He ido a saludar al Cipri y me ha mirado sin sonreír viendo en su mirada que no me ha conocido. Me ha dicho varias veces en el poco tiempo que he estado junto a él, que ahora me atendía y ponía lo que quisiera, mientras Adiolinda, que así se llama la camarera, riéndose, daba vueltas en la sien a un dedo indicándome que Cipri no estaba en sus cabales.
Luego me ha dicho de él que solo recuerda cosas pasadas de hace mucho tiempo y de ahora nada de nada.
Creo que vendré más a menudo por aquí, al menos a cumplir con ese pasado que parece condenado a desaparecer y en un intento de que no se haga con el local alguna agencia de seguros o alguna inmobiliaria, aunque con el Cipri así, no se yo que futuro le espera a este, que fue, referente de la bohemia en la ciudad.
¡¡¡¡¡Adiolinda, ponme una jarra, que me voy a sentar en una mesa, y por Dios, quita esas bachatas y por un fado!!!!
Ya, ya se que no conoces que es eso, no te preocupes, tragaremos sin remedio con lo que el tiempo ha traído a este templo.

martes, 30 de junio de 2020

A NADIE TENGO QUE DAR RAZONES


Al olmo viejo, hendido por el rayo 

y en su mitad podrido, 

con las lluvias de abril y el sol de mayo 

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina 

que lame el Duero! Un musgo amarillento 

le mancha la corteza blanquecina 

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores 

que guardan el camino y la ribera, 

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera 

va trepando por él, y en sus entrañas 

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero, 

con su hacha el leñador, y el carpintero 

te convierta en melena de campana, 

lanza de carro o yugo de carreta; 

antes que rojo en el hogar, mañana, 

ardas en alguna mísera caseta, 

al borde de un camino; 

antes que te descuaje un torbellino 

y tronche el soplo de las sierras blancas; 

antes que el río hasta la mar te empuje 

por valles y barrancas, 

olmo, quiero anotar en mi cartera 

la gracia de tu rama verdecida. 

Mi corazón espera 

también, hacia la luz y hacia la vida, 

otro milagro de la primavera.


( De mi amigo Antonio Machado, 1912)





El árbol seguía ahí, plantado en sus ideas, fijo, estoico, firme en sus planteamientos. De vez en cuando algún ave se posaba en alguna de sus ramas superiores, e incluso alguna quiso anidar entre ellas sin conseguirlo por sus largas y puntiagudas espinas.

Orgulloso en el prado, levantando su frondosa copa y sin consideración a las otras plantas que arriesgaban a crecer cerca de él y a las que asfixiaba al dejarlas sin agua, absorbida por su soberbia de creerse el Árbol.

Casi todas las noches recibía la ilusionada visita del viento del norte, que acariciando sus hojas le susurraba palabras de amor que el árbol hacía como no oidas. Pero el viento no cejaba en sus anhelos, y a la misma hora aproximada, enamorado, le recitaba poesías de esas que solo conocen los vientos y que aprenden en tierras lejanas recorridas por ellos en su travesía viajera.

Un día, el viento del norte le dijo que, al menos, relajara las ramas y se dejara mecer por sus caricias mientras el fru fru de las hojas al rozarse le cantaban hermosas tarántelas creadas para él.

Que no, dijo ofendido el árbol, que no me hables de amor, ni acaricies mis ramas, que me olvides y no vengas más.

El viento del norte se retiró triste, muy triste, y no volvió a soplar por esa zona, donde hoy, un árbol viejo, casi seco por la falta de nubes que la falta de viento no arrastra, altivo, mira al horizonte entre hojas tiesas y amarillas pensando soy el que soy y a nadie tengo que dar razones de lo que hago y pienso.

Y ahí sigue, solo, roto y sediento. Hay quien dice que algunas noches, cuando el sueño le vence, se le escucha dormido, entre dientes, el sonido de una tarantela producida por el fru fru perdido de las hojas que ya nunca mece el viento. Es tarde.

martes, 9 de junio de 2020

EL CIGARRILLO

Hace calor. Entre las tablas de la persiana entran rayos de sol y se adivina la fuerza del astro contra la fachada de la casa.

Se me cierran los ojos mientras sujeto el cigarrillo con los dedos. Se me va a caer, en uno de los abandonos de la realidad por el medio sueño, se me va a caer.



Te veo. No se que me dices, no te entiendo, pero te vas acercando y me pregunto que haces aquí. Te dije que no quería volver a saber nada de ti, pero  como siempre, parece que haces lo que quieres sin importarte lo que esperen los demás, y yo no esperaba volver a verte.

Te acercas más y el olor de tu perfume habitual, inconfundible, me rodea y me atrapa en recuerdos que no quiero tener. Esto no está bien, tu no deberías estar aquí, te dije adiós para siempre, como si no existieras, pero existes, caprichosa, egoista, como siempre, y has venido. No se a qué, no se por qué.

Me tocas, me agarras la mano. No debes, no quiero aunque me dejo. Me enfado pero no retiro la mano, y tú olor, ahhhh, tu olor me abraza, me inmoviliza, mientras en el pecho un dolor inmenso...

Sabía que se caería el cigarrillo en cuanto me quedara traspuesto. Me ha quemado el pecho y duele, pero menos que tú, que has vuelto utilizando mi sueño cuando pensé que lo había superado.

En mi interior, el perfume, tu perfume, continúa mareando mi resistencia a no pensar en ti.

Vuelta a empezar, tendré que reforzar las defensas  no dejar ni una grieta por pequeña que sea, por ahí te cuelas y me derrumba la muralla.

Sigue haciendo calor.

viernes, 15 de noviembre de 2019

ATARDECER LLUVIOSO






Hace frío. El viento viene con la mochila hecha desde la sierra y golpea con su baja temperatura los rostros serios de la gente en la plaza, con los cuellos levantados, gorros de lana puestos y manos en los bolsillos.

Se agradece este gélido soplo que apoya a el alma a viajar por esos mundos de recuerdos entre neuronas que conforman el mapa mental de quien en este momento acerca sus manos a la boca en un inútil intento de búsqueda de calor.

Entre los grises que trae la tarde como comparsa cortesana, aparece su figura, alta,con tacones y su pluma azul marino, oscuro, mientras su sonora risa anuncia su llegada antes de entrar, como cultivado mayordomo, provocando la atención de las miradas de los presentes, si los hubiere, porque pese a que hay gente en los bancos, soy solo yo el que, con los ojos cerrados recibiendo el beso del viento en mis mejillas, provoco esta deseada aparición entre las brumas de mi recuerdo.

Y así, continúo sentado en la reciclada mesa del parque, sentado en el borde de un pensamiento con ella, hablando como hablábamos nosotros, con miradas, sintiendo, ya no se si el frío exterior o la profundidad de sus ojos, penetrando agudamente en mis pulmones causando dolor en el pecho.

Empieza de nuevo a llover, tanto fuera como dentro, de tal manera que la aparición de gotas de agua se mezclan interactuando y sin saber certeramente cuál es lluvia y cuál es lágrima. Mientras, el abrazo con mis dedos al paquete de tabaco dentro del bolsillo se convierte en el falso pero deseado apretón de su mano en mi mano.

Atardece, llueve, hace frío. Dentro de mi alma, también la noche es fría.

miércoles, 13 de junio de 2018

A TI, AMADA MUJER



Madrugada de miercoles neonato en la que tu olor a salvaje y fresca selva me acompaña incitando a mis palabras a acercarse y con sus sílabas acariciar la cascada de tu pelo enmarañado, golpeando, espontáneo como tu risa entre los labios, el profundo y sensual misterio de tus hombros desnudos. Pórtico glorioso, umbral prohibido, concha nacarada y sonrosada de las perlas divinas de tus senos.

La musa se me pierde entre tus poros, rezumantes de alegría desbordada, sonora como el agua en el salto al caer en el espacio asombrado de mis ojos. Selva, bosque, naturaleza viva que condena a un nuevo Ulises en los cantos de sirena de tus manos al formar la suprema melodía del encanto del Olimpo en tus caderas.

Tierra, tierra antigua y legendaria eres tu, amada mía, al calor de la caverna primigenia, de ungüentos, potingues de hierbas, hechizos y sanamientos, protectora mágica y temida, reina del clan incipiente de la vida, apacible, si, y apasionada del amor en una paz de quejidos y susurros, de besos, labios y manos en lenguaje universal sin diccionario.

La presente y necesaria totémica mujer que por mi cabeza avanza entre sueños y nubes siderales, cometas, astros, estrellas, elevando el sentimiento en locura desbordada.
Ansío, entre el insomnio y el tiempo, galopar en ese espacio infinito que presenta tu mirada y perderme entre los abismos de tu representación sagrada, de la Madre, Compañera, Arroyo del Agua Clara, verde pradera en el llano y helechos y robles fuertes, Generadora de Vida, porque de tu amor yo bebo, me alimento y sobrevivo, alterada la conciencia por tu esencia vitalista que me remueve hasta el alma y me eleva a firmamentos sacándome del vacío, sacándome de la nada.

martes, 25 de julio de 2017

DE NUEVO EN LA TABERNA



Es doloroso oler el salitre del mar y no verlo. Es doloroso escuchar el batir de las olas en la roca y no verlas. Es doloroso olerte, escucharte, hablarte en la mente y no verte salvo en los recuerdos empapados de sentimientos.

Ya no bailo contigo en la luna, permanezco sentado al pie de la bandera rígida que los yankees plantaron en ella cuando por vez primera una suela de bota mancilló ese espacio de enamorados y poetas, pensando en tí, escuchando tu peculiar y personal risa, sintiendo en mi interior el sonido de tus carcajadas y echándo de menos momentos y momentos de felicidad a tu lado.

He vuelto a la Taberna del Cipri, la del Mono Rojo, después de mucho tiempo en el que no necesitaba ni sus pintas de cerveza ni los tristes y melancólicos fados que escurriéndose por las paredes, entre sueños de otrora personas, impregnan el local más que el humo de los cigarrillos que, no se como, a pesar de prohibiciones, el Cipri permite fumar.

He vuelto a mi vieja mesa, donde entre manchas distingo marcas de otros amores allí llorados, y restriego con fuerza la colilla encendida de mi pitillo en un intento de borrar ese pasado, creí de enamorado, al darme cuenta de que amor es lo que siento ahora, sin saber calificar los ya olvidados.

Con la esquina del anillo empiezo a grabar tu nombre, ahora la L, ahora....ahora nada, acabo de recordar que no te gusta que se sepa de tí, y ese dolor del pecho que abrazo con fuerza cerrando los brazos en torno mío, sirva de guardian de mi silencio y mi secreto.

Otra jarra, Cipri!!!!! Esta va por ti, por lo que fuiste, por lo que eres.
Mientras, la L destaca por reciente entre la suciedad añeja de la mesa.
Viene o no viene esa jarra, Cipri?

domingo, 31 de julio de 2016

ANTES QUE VACIAR MI VIDA




Todavía quedan restos de humedad, 
sus olores llenan ya mi soledad, 
en la cama su silueta 
se dibuja cual promesa 
de llenar el breve espacio 
en que no está... 
Todavía yo no sé si volverá, 
nadie sabe, al día siguiente, lo que hará. 
rompe todos mis esquemas, 
no confiesa ni una pena, 
no me pide nada a cambio 
de lo que dá. 
Suele ser violenta y tierna, 
no habla de uniones eternas, 
mas se entrega cual si hubiera 
sólo un día para amar. 
No comparte una reunión, 
mas le gusta la canción 
que comprometa su pensar. 
todavía no pregunté «¿te quedarás?». 
temo mucho a la respuesta de un «jamás». 
la prefiero compartida 
antes que vaciar mi vida, 
no es perfecta 
mas se acerca a lo que yo 
simplemente soñé...

(El breve espacio en que no estas. Pablo Milanés)






Llegó cuando más la necesitaba, cuando después de esperarla más de medio siglo, de buscarla donde quiera que fuera, donde fuera que estuviese, apareció, como un sueño, cuando explorador agotado por años de tratar de encontrarla ya desesperaba de hacerlo. Ahí la vi, mi angel, el destino de mi vida, el motor para reanudar mi marcha estancada, y estaba frente a mi, sonriente, hermosa. La encontré.

Ingrato y tonto caminante sediento que dejé que el agua salvadora escapara de mis manos cuando ya la tenía, cuando la necesidad de beberla era más urgente, cuando la vida ya había perdido sentido y dependía de ese preciado y fresco líquido para sobrevivir.


La flor más bella del mundo, la más radiante, la que me entregaba toda su fragancia, sus colores que transformaban el día en un carrusell de felicidad, en un torbellino en el que me perdía, alegre y contento por su presencia. Y no la cuidé, no la traté como ella merecía, no como amante agradecido, no; egoista en mi persona no correspondí a su preocupación por mi, a sus atenciones, a su manera divertida de quererme, a su entrega. Y la flor más bella del mundo se fue secando, marchitando mientras mi abultado ego, ciego, ignoraba sus lamentos, sus toques de atención, sus alarmas.


Y ahora, cuando "todavía no se si volverá"  y se que "la prefiero compartida antes que vaciar mi vida", que por ella muero, ella, generosa, me tiende su mano y la escucho, seamos amigos, seamos buenos amigos.


La encontré tras muchos años de buscarla, pero oscuro y ciego no supe evitar que su risa se apagara, que su alegría contagiosa se transformara en lo contrario. Ahora intento ser su amigo, estar a su altura, hacer lo que no hice cuando tenía el agua entre mis manos, hacerla reir, quizás hacerla soñar un día con mis sueños, de lo contrario, dejarla volar, dejarla soñar por libre, animándola a ello, comprensivo y atento como buen amigo, olvidando, por lo menos no hablando, de lo que tuve y perdí. Ser para ella una mano extendida, un hombro si lo necesita, un amigo fiel, leal, porque para mi, ella siempre será lo que busqué durante años y por fin encontré y deje perder. Ella me dió todo, yo no di nada. Pero está dentro de mi y la quiero. Dios como la quiero.

lunes, 25 de julio de 2016

SUCINTAMENTE, ASI ES ELLA




Clara y directa, como el cristalino agua que por el regato transcurre bañando las rocas y guijarros, sorteándolos, sumergiéndolos a veces mientras las pintonas truchas, expectantes, hambrientas, se mecen entre  los surcos sinuosos de la constante corriente esperando la anhelada larva o el despistado insecto que inconsciente se posa sobre el alga que flota a la deriva.

Brillante, como la noche despejada sembrada de estrellas que desde lo alto vela nuestro reposo mientras una atenuada luz celeste dibuja nuestras formas bajo las sábanas, alentando los sueños que al día siguiente daremos vida con la esperanza de verlos cumplidos.

Preciosa, como ese firmamento limpio de nubes, radiante su azul iluminado por un sol que alegre abrazó a su bella luna, despidiéndose de ella hasta que el impresionista atardecer les reúna de nuevo en ese poderoso encuentro entre los dos eternos amantes, justo cuando los colores se vuelven tan vivos como los de los ojos de ella realzando su hermoso rostro mientras una risa brota de su adorada garganta, resonando como el trino del saltarín verderón, feliz ante el espectacular momento de ese encarnado ocaso del astro rey deseando buenas noches a su reina.

Culta, inteligente y atractiva, como Hipatia de Alejandría. Desafiante, como el malecón del puerto en el que se posan las blanquigrises gaviotas frente a las bravías olas que intentan repetidamente romperlo sin conseguirlo, o como el estremecedor aullido del astuto lobo mientras intenta romper el silencio del valle entre montañas, amplificado por el eco y logrando solo atemorizar a la aterrida moza que se tapa la cara con la manta lanosa que la arropa.

Asi es mi amor, mi preciada Edelweiss, firme sobre la cima e inalcanzable para la mayoría. Así es ella, mi Diosa, mi Religión, mi Vida, Sucintamente, asi es ella.