viernes, 15 de noviembre de 2019
ATARDECER LLUVIOSO
Hace frío. El viento viene con la mochila hecha desde la sierra y golpea con su baja temperatura los rostros serios de la gente en la plaza, con los cuellos levantados, gorros de lana puestos y manos en los bolsillos.
Se agradece este gélido soplo que apoya a el alma a viajar por esos mundos de recuerdos entre neuronas que conforman el mapa mental de quien en este momento acerca sus manos a la boca en un inútil intento de búsqueda de calor.
Entre los grises que trae la tarde como comparsa cortesana, aparece su figura, alta,con tacones y su pluma azul marino, oscuro, mientras su sonora risa anuncia su llegada antes de entrar, como cultivado mayordomo, provocando la atención de las miradas de los presentes, si los hubiere, porque pese a que hay gente en los bancos, soy solo yo el que, con los ojos cerrados recibiendo el beso del viento en mis mejillas, provoco esta deseada aparición entre las brumas de mi recuerdo.
Y así, continúo sentado en la reciclada mesa del parque, sentado en el borde de un pensamiento con ella, hablando como hablábamos nosotros, con miradas, sintiendo, ya no se si el frío exterior o la profundidad de sus ojos, penetrando agudamente en mis pulmones causando dolor en el pecho.
Empieza de nuevo a llover, tanto fuera como dentro, de tal manera que la aparición de gotas de agua se mezclan interactuando y sin saber certeramente cuál es lluvia y cuál es lágrima. Mientras, el abrazo con mis dedos al paquete de tabaco dentro del bolsillo se convierte en el falso pero deseado apretón de su mano en mi mano.
Atardece, llueve, hace frío. Dentro de mi alma, también la noche es fría.
miércoles, 13 de junio de 2018
A TI, AMADA MUJER
Madrugada de miercoles neonato en la que tu olor a salvaje y fresca selva me acompaña incitando a mis palabras a acercarse y con sus sílabas acariciar la cascada de tu pelo enmarañado, golpeando, espontáneo como tu risa entre los labios, el profundo y sensual misterio de tus hombros desnudos. Pórtico glorioso, umbral prohibido, concha nacarada y sonrosada de las perlas divinas de tus senos.
La musa se me pierde entre tus poros, rezumantes de alegría desbordada, sonora como el agua en el salto al caer en el espacio asombrado de mis ojos. Selva, bosque, naturaleza viva que condena a un nuevo Ulises en los cantos de sirena de tus manos al formar la suprema melodía del encanto del Olimpo en tus caderas.
Tierra, tierra antigua y legendaria eres tu, amada mía, al calor de la caverna primigenia, de ungüentos, potingues de hierbas, hechizos y sanamientos, protectora mágica y temida, reina del clan incipiente de la vida, apacible, si, y apasionada del amor en una paz de quejidos y susurros, de besos, labios y manos en lenguaje universal sin diccionario.
La presente y necesaria totémica mujer que por mi cabeza avanza entre sueños y nubes siderales, cometas, astros, estrellas, elevando el sentimiento en locura desbordada.
Ansío, entre el insomnio y el tiempo, galopar en ese espacio infinito que presenta tu mirada y perderme entre los abismos de tu representación sagrada, de la Madre, Compañera, Arroyo del Agua Clara, verde pradera en el llano y helechos y robles fuertes, Generadora de Vida, porque de tu amor yo bebo, me alimento y sobrevivo, alterada la conciencia por tu esencia vitalista que me remueve hasta el alma y me eleva a firmamentos sacándome del vacío, sacándome de la nada.
martes, 25 de julio de 2017
DE NUEVO EN LA TABERNA
Es doloroso oler el salitre del mar y no verlo. Es doloroso escuchar el batir de las olas en la roca y no verlas. Es doloroso olerte, escucharte, hablarte en la mente y no verte salvo en los recuerdos empapados de sentimientos.
Ya no bailo contigo en la luna, permanezco sentado al pie de la bandera rígida que los yankees plantaron en ella cuando por vez primera una suela de bota mancilló ese espacio de enamorados y poetas, pensando en tí, escuchando tu peculiar y personal risa, sintiendo en mi interior el sonido de tus carcajadas y echándo de menos momentos y momentos de felicidad a tu lado.
He vuelto a la Taberna del Cipri, la del Mono Rojo, después de mucho tiempo en el que no necesitaba ni sus pintas de cerveza ni los tristes y melancólicos fados que escurriéndose por las paredes, entre sueños de otrora personas, impregnan el local más que el humo de los cigarrillos que, no se como, a pesar de prohibiciones, el Cipri permite fumar.
He vuelto a mi vieja mesa, donde entre manchas distingo marcas de otros amores allí llorados, y restriego con fuerza la colilla encendida de mi pitillo en un intento de borrar ese pasado, creí de enamorado, al darme cuenta de que amor es lo que siento ahora, sin saber calificar los ya olvidados.
Con la esquina del anillo empiezo a grabar tu nombre, ahora la L, ahora....ahora nada, acabo de recordar que no te gusta que se sepa de tí, y ese dolor del pecho que abrazo con fuerza cerrando los brazos en torno mío, sirva de guardian de mi silencio y mi secreto.
Otra jarra, Cipri!!!!! Esta va por ti, por lo que fuiste, por lo que eres.
Mientras, la L destaca por reciente entre la suciedad añeja de la mesa.
Viene o no viene esa jarra, Cipri?
domingo, 31 de julio de 2016
ANTES QUE VACIAR MI VIDA
sus olores llenan ya mi soledad,
en la cama su silueta
se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio
en que no está...
Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe, al día siguiente, lo que hará.
rompe todos mis esquemas,
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio
de lo que dá.
Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.
No comparte una reunión,
mas le gusta la canción
que comprometa su pensar.
todavía no pregunté «¿te quedarás?».
temo mucho a la respuesta de un «jamás».
la prefiero compartida
antes que vaciar mi vida,
no es perfecta
mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé...
(El breve espacio en que no estas. Pablo Milanés)
Llegó cuando más la necesitaba, cuando después de esperarla más de medio siglo, de buscarla donde quiera que fuera, donde fuera que estuviese, apareció, como un sueño, cuando explorador agotado por años de tratar de encontrarla ya desesperaba de hacerlo. Ahí la vi, mi angel, el destino de mi vida, el motor para reanudar mi marcha estancada, y estaba frente a mi, sonriente, hermosa. La encontré.
Ingrato y tonto caminante sediento que dejé que el agua salvadora escapara de mis manos cuando ya la tenía, cuando la necesidad de beberla era más urgente, cuando la vida ya había perdido sentido y dependía de ese preciado y fresco líquido para sobrevivir.
La flor más bella del mundo, la más radiante, la que me entregaba toda su fragancia, sus colores que transformaban el día en un carrusell de felicidad, en un torbellino en el que me perdía, alegre y contento por su presencia. Y no la cuidé, no la traté como ella merecía, no como amante agradecido, no; egoista en mi persona no correspondí a su preocupación por mi, a sus atenciones, a su manera divertida de quererme, a su entrega. Y la flor más bella del mundo se fue secando, marchitando mientras mi abultado ego, ciego, ignoraba sus lamentos, sus toques de atención, sus alarmas.
Y ahora, cuando "todavía no se si volverá" y se que "la prefiero compartida antes que vaciar mi vida", que por ella muero, ella, generosa, me tiende su mano y la escucho, seamos amigos, seamos buenos amigos.
La encontré tras muchos años de buscarla, pero oscuro y ciego no supe evitar que su risa se apagara, que su alegría contagiosa se transformara en lo contrario. Ahora intento ser su amigo, estar a su altura, hacer lo que no hice cuando tenía el agua entre mis manos, hacerla reir, quizás hacerla soñar un día con mis sueños, de lo contrario, dejarla volar, dejarla soñar por libre, animándola a ello, comprensivo y atento como buen amigo, olvidando, por lo menos no hablando, de lo que tuve y perdí. Ser para ella una mano extendida, un hombro si lo necesita, un amigo fiel, leal, porque para mi, ella siempre será lo que busqué durante años y por fin encontré y deje perder. Ella me dió todo, yo no di nada. Pero está dentro de mi y la quiero. Dios como la quiero.
lunes, 25 de julio de 2016
SUCINTAMENTE, ASI ES ELLA
Clara y directa, como el cristalino agua que por el regato transcurre bañando las rocas y guijarros, sorteándolos, sumergiéndolos a veces mientras las pintonas truchas, expectantes, hambrientas, se mecen entre los surcos sinuosos de la constante corriente esperando la anhelada larva o el despistado insecto que inconsciente se posa sobre el alga que flota a la deriva.
Brillante, como la noche despejada sembrada de estrellas que desde lo alto vela nuestro reposo mientras una atenuada luz celeste dibuja nuestras formas bajo las sábanas, alentando los sueños que al día siguiente daremos vida con la esperanza de verlos cumplidos.
Preciosa, como ese firmamento limpio de nubes, radiante su azul iluminado por un sol que alegre abrazó a su bella luna, despidiéndose de ella hasta que el impresionista atardecer les reúna de nuevo en ese poderoso encuentro entre los dos eternos amantes, justo cuando los colores se vuelven tan vivos como los de los ojos de ella realzando su hermoso rostro mientras una risa brota de su adorada garganta, resonando como el trino del saltarín verderón, feliz ante el espectacular momento de ese encarnado ocaso del astro rey deseando buenas noches a su reina.
Culta, inteligente y atractiva, como Hipatia de Alejandría. Desafiante, como el malecón del puerto en el que se posan las blanquigrises gaviotas frente a las bravías olas que intentan repetidamente romperlo sin conseguirlo, o como el estremecedor aullido del astuto lobo mientras intenta romper el silencio del valle entre montañas, amplificado por el eco y logrando solo atemorizar a la aterrida moza que se tapa la cara con la manta lanosa que la arropa.
Asi es mi amor, mi preciada Edelweiss, firme sobre la cima e inalcanzable para la mayoría. Así es ella, mi Diosa, mi Religión, mi Vida, Sucintamente, asi es ella.
domingo, 24 de julio de 2016
LA LINDA DUEÑA DE MIS SUEÑOS
La linda dueña de mis sueños, de mis ilusiones, que larga es la noche mirando al antaño hermoso cielo buscando la luz de tu sonrisa, esa que iluminaba mi vida y me confiaba a tu lado mientras te amaba, abrazando tu hermosura mientras mis labios recorrían tu cuerpo, sedientos de ti, de tu amor, de tu entrega, de mi entrega.
Tristes y oscuros nubarrones ocultan el brillante y precioso azabache de tus ojos, espesa cortina tejida por mi. ¿Donde tu risa, esa que me sacudía el alma en una alegría transformadora como los bellos rojos del amanecer venciendo las siniestras sombras de la triste noche convirtiéndome en el hombre más feliz del universo entero? ¿Donde tu voz cariñosa, complaciente, que me elevaba hasta olímpos insospechados y solo habitados por dioses? ¿Donde tu maravillosa presencia que aún en tu ausencia me acompañaba por campos floridos de radiante dicha en los que sentía un amor intenso por tu existencia?
Ya no están. Me encuentro en la temible soledad del desamor, varado entre hirientes rocas desoladas por anhelos y esperanzas rotas por mi ceguera, por no ser capaz de ver que la más preciada flor se marchitaba, que tu alegría natural se apagaba a mi lado, que la luz languidecía. Y así me encuentro, rodeado de recuerdos, de tu recuerdo, intentando recoger los pedazos de mi alma, huérfana de lo que más amaba, de lo único que amo, de tí, mi hermoso laurel de eterna primavera.
¿Merece la pena sin tí? ¿Merecen la pena los días sin sol? ¿Merece la pena una vida sin tu presencia? Es lo que tengo, cadena perpetua en soledad, conviviendo con el enorme tormento de tu ausencia.
Cumpliré mi pena, mi condena, hasta el último día en el que el consuelo del redentor descanso me cierre los ojos y quizás, quizás entonces pueda olvidar que una vez lo tuve todo para ser feliz e, infortunado e inconsciente jardinero, lo dejé perder.
jueves, 14 de julio de 2016
SIN DEFENSAS
La negra tormenta avanzó. Gotas frías directas al corazón desnudo, descubierto en confianza, abierto y sin defensas por la más completa confianza hacia quien le había conquistado sin ningún tipo de prevención. El corazón solo, frente a la oscura masa que le cercaba, firme, seguro en ella, seguro de ella. Su vida, sus latidos, todo él entregado sin reserva alguna a quien suponía incapaz de hacerle ningún tipo de daño, menos aún esa certera puñalada que le atravesó empujada por el cruel vendaval del que ni supo ni quiso protegerse si lo vió venir. Ella no, de ella nunca esperó daño alguno, cuando menos esa penetración brutal en sus entrañas que le destrozó, que le reventó dejándolo sin capacidad de reacción alguna.
Solo dolor, dolor intenso, terrible, con ganas de pararse, de abandonar todo, de dejarse llevar por el sufrimiento tan bestial que sentía y marcharse de una vez, dejar ya al guionista que siguiera su trama como quisiera pero sin contar con él, abandonar ese horrible guión que le había tocado en el reparto y descansar, descansar de una vez.
¿Para que quieres la vida si solo la querías por ella, si solo luchabas por ella? Si solo por ella te enfrentabas a lo que fuera. Si solo ella importaba, si solo ella existía.
Tanto sufrimiento aguantado era solo la avanzadilla del que quedaba por venir, del que ya ha llegado. El anuncio de ese frío e intenso dolor que me paraliza el alma, que me imposibilita la menor defensa ante él si quisiera defenderme, porque no quiero, quiero que la ola inmensa que ha barrido mi esperanza, mis ilusiones, se me lleve también al fondo de ese océano gélido, crudo, donde esa extensa soledad abrace mi alma, mi ser, y me deje quieto, parado, detenido para la eternidad, sin ver a nadie, sin hablar con nadie, sin comunicarme con nadie. ¿Para que alguien? Si ella, la dueña de mi confianza, la diosa de mi vida, la fuente de la que emanaba la fuerza de la que bebía, ha provocado este tsunami que barrió el sentido de mi existencia, ¿como hablar, ver, estar, con otras personas?
Que reposen mis restos destrozados y dispersos para siempre en ese mar de dolor y sufrimiento, de soledad, de tormento.
Una respuesta, una esperada respuesta era lo que aguardaba. Nunca imaginé que vendría en forma de potente mazazo. De ella no, de ella nunca. Y todo mi ser, todo yo, saltó fragmentado, explotó dentro de mi como la más inesperada y exterminadora bomba dejándome completamente roto, destrozado. Solo sujeto a este inhóspito escenario por la envoltura carnal que desgraciadamente se resiste a seguir los pasos de mi espíritu machacado.
Triste destino sin ella, negra existencia sin ilusión, sin esperanza, sin fé. Como dice el refrán, hasta que el cuerpo aguante. Quiera Dios, si es que existe, que sea poco, porque pese a todo, la quiero.
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