ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

martes, 5 de mayo de 2026

EL BARRIL

Bailada ya la vid, se anilla y moja

sucesiones de círculos con aros,

vientres que ordeña el puño en cubos claros

por un sexo sencillo que se afloja.

Y la inseguridad por dentro roja,

traducción apagada de los faros,

con interpretaciones serpentinas,

equivocando pies, consulta esquinas.


(Poema de mi amigo Miguel Hernández).





En el centro de la Taberna estaba firmemente anclado al suelo un viejo barril de madera que llegó, nadie sabe cómo ni cuando, desde Jerez. Posiblemente en algún naufragio contra el roqueo del litoral en alguna noche de tempestad en la que las olas golpeaban con fuerza y empujaban cualquier objeto flotante contra las agudas y pétreas rocas. 

Seguramente alguien, en días posteriores, descubriéndolo en la costa lo llevó al Mono Rojo, y ahí sigue, sirviendo de apoyo a los pocos clientes que se atreven a utilizarlo, aunque hay una norma que siempre se cumple por lo que implica las consecuencias de saltársela, nunca, bajo ningún concepto, puede apoyarse en la tapa del barril ningún vaso o recipiente con líquido, sea el que sea, alcohol, agua, lo que sea, nada puede apoyarse en el barril, por el peligro de que se derrame, ya que la barrica no puede mojarse nunca.

Una vez, un cliente borracho derramó su jarra de cerveza sobre la madera del barril. Inmediatamente la Maruxaina empezó a cantar con esos lamentos agudos con los que buscaba alejar a los barcos de su trayectoria.

Pese a la fuerza de sus quejíos, y al llanto de la Maruxaina que provocaba el conocimiento de lo que iba a pasar, no pudo evitarlo. Esa madrugada, dos pesqueros no regresaron a puerto, y en la espera, rompiendo el silencio de la Taberna, dos sombras grandes, chorreando agua y dejando las huellas mojadas de las botas en el suelo del Mono Rojo entraron y acercándose al borracho, dormido sobre el barril, lo agarraron entre los dos y se lo llevaron sin decir nada mientras se juntaban los gritos del cliente bebido y los lamentos de la Maruxaina.

Al amanecer encontraron en la playa los cuerpos de los dos capitanes de los pesqueros y entre ellos el cadáver, ahogado del borracho.

domingo, 3 de mayo de 2026

EL MOROSO

Palabras para ti. No las pronuncies.

Cierra

Como cierras el puño, abriendo el aire.

No quiero

palabras. Espuma

contra el cantil radiante

de la realidad.

Tú.

El cabello luminoso.

Roja bandera herida por el alba.

Cuando

me miras, no hay palabras.

El mundo

tiembla en un instante.

Y sé que es bello combatir unidos.

(Poema de mi amigo Blas de Otero)




Se veía que era un ejecutivo, aunque debía de trabajar en ello desde hacía poco, porque se le veía muy joven 

Bien vestido, con esa uniformidad de los ejecutivos de traje de marca nuevo, camisa y corbata, zapatos muy brillantes y esa extraña manera de hablar que parece de academia.

Pidió un vermut y al terminarlo quiso pagarlo con una tarjeta de banco.

- Aquí no aceptamos tarjetas, de ninguna clase, no nos gusta el plástico, ni aceptamos bizum ni transferencias. Si no tienes efectivo, aceptamos historias. Cuéntanos una historia y estaremos en paz, dijo Adiolinda .

¿Y si no tengo ninguna historia que contar? ¿Si creo que un vermut no se merece una historia mía? ¿Como lo hacemos entonces?

Mira, contestó la tabernera, todas esas notas en la pared son deudas de clientes que no contaron su historia, no acabaron un chiste o no quisieron pagar con lo que nosotros cobramos.

Tú nombre pasará a una nota que dirá que eres un moroso de historias, que no contastes ninguna, pese a que tomaste un vermut.

¿Y eso es todo? contestó el joven, me da igual, barato vermut entonces me he tomado. Me voy y no te contaré ninguna historia.

Tú sabrás, dijo Adiolinda, ya veremos si regresas a pagar o no.

El ejecutivo se marchó, tenía una importante comida con unos clientes para cerrar un trato, pero se estropeó la operación, los clientes no podían tratar con alguien a quien al ir a pagar con la tarjeta el datáfono la rechazó por una deuda en la Taberna del Mono Rojo.

El joven, muy enfadado quiso denunciar a la Taberna, pero al pasar el policía el carnet del denunciante para leer el chip, en el ordenador salió deudor en la Taberna del Mono Rojo de la que se fué sin pagar.

Muy enfadado, el joven ejecutivo fue a por su coche, y al meter la tarjeta que hacía de llave, no arrancó, escribiendo en el ordenador central, moroso de la Taberna del Mono Rojo.

Lleno de ira anduvo hasta la taberna. Tardó como dos horas en llegar y al entrar, gritando, contó: después de irme de aquí sin contar una historia para pagar el vermut, fuí a una comida de empresa y se anuló el trato porque mi tarjeta decía que tenía una deuda con vosotros. No sé cómo lo hicisteis, pero perdí miles de euros.

Fuí luego a comisaría a denunciaros y no pude porque el único dato de mi carnet era que me había marchado sin pagar de vuestro local.

Al coger mi coche e intentar arrancarlo, no funcionaba, solo salía una nota en el ordenador diciendo que era moroso vuestro.

Y aquí estoy, a ver cómo arreglamos esto y me dejáis ya en paz.

Adiolinda se dió la vuelta, y cogiendo la nota del joven se la entregó diciendo, he escuchado historias mejores, pero para ser la primera vez que cuentas una, no está mal. Tú deuda está pagada.

Fue decir la tabernera eso, y el ejecutivo despertó sobresaltado en una de las mesas.

¿Que pasó? La comida, la comisaría, mi coche, mi enfado...¿Cuando me quedé dormido en la mesa? ¿Todo fue un sueño?

No sé de que me hablas, dijo Adiolinda, tomaste un vermut, pagaste con una historia y no damos cambio, pero tampoco perjudicamos nunca a nadie.

En ese momento sonó el teléfono del joven, un mensaje, le estaban ya esperando los clientes para comer y cerrar un trato. Prefirió correr para llegar a tiempo y no preguntar nada.

La Maruxaina, Vega y Teresa se unieron riendo a carcajadas con Adiolinda que tiraba a la basura la nota que sacó de la pared. 

Cosas del Mono Rojo

jueves, 30 de abril de 2026

EL BAILE DE LAS SOMBRAS

Lámparas de cristal

y espejos verdes.

>Sobre el tablado oscuro,

la Parrala sostiene

una conversación

con la muerte.

La llama

no viene,

y la vuelve a llamar

Las gentes

aspiran los sollozos.

Y en los espejos verdes,

largas colas de seda

se mueven.

(Poema de mi amigo Federico García Lorca)


Entra sin que nadie nos demos cuenta. Se comenta que no abre las puertas, pero que atravesándolas, con su vestido verde ajustado y con un maquillaje perfecto se va hacia el centro del local donde las mesas y las sillas se apartan solas.

Se queda mirando fijamente a la clientela y, sonriendo, comienza a cantar mientras la música suena nadie sabe de dónde.

Son tres canciones, solo tres canciones que mientras suenan se llevan a las sombras de los clientes que en ese momento se encuentran en el Mono Rojo, y bailan. Nosotros lo llamamos el baile de las sombras.

Terminada la tercera canción, las sombras vuelven al suelo junto a su dueño, todas menos una, la del elegido, que beberá pernod con ella hasta que empiece el amanecer a dar sus primeros colores. Entonces, ella desaparece y el elegido queda con dos copas vacías y una vieja moneda de oro, pero sin recordar nada de la noche pasada.

Dicen que la mujer murió en diciembre de 1936, mientras esperaba en la Taberna la llegada de su hombre, contrabandista en la frontera, que nunca llegó.

La Taberna la ofreció refugio durante esa larga noche, sin cobrarla nada de lo consumido, hasta que la mujer se marchó del Mono Rojo para encontrarse con la muerte en un bombardeo de la ciudad durante ese periodo de guerra.

Desde entonces, las noches de tormenta que coinciden en la madrugada del jueves, la cantante regresa a la Taberna y canta sus tres canciones, quizás como pago agradecido al establecimiento por la ayuda prestada, quizás por buscar entre las sombras al contrabandista esperado.

Nunca lo sabremos, pero su llegada siempre es recibida con una mezcla de respeto, admiración y temor.

Hoy es madrugada del jueves, y anuncian tormenta...

lunes, 27 de abril de 2026

TRANSICIÓN


¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

(Poema de mi amigo y amigo de "Un Fantasma Cualquiera", Jaime Sabines)



¿ Que pasó, Teresa, cómo está todo tirado y la comida en el suelo?

Teresa estaba muy asustada, no vió a nadie, pero una fuerza desatada comenzó a golpear las ollas, que estaban al fuego, tirándolas al piso derramando todo el contenido.

Los paquetes de harina, sal, azúcar, reventados y mezclado si contenido en el suelo con las judías y las patatas que se estaban guisando 

Platos y vasos rotos, bolsa de basura rasgada y su contenido acompañando a la harina y la sal.

La cocina hecha un asco y no había nadie, tan solo todo saltó por los aires destrozando su trabajo y la habitación.

La Maruxaina, saliendo de la cocina y entrando en la sala general de la taberna, enseguida lo vió, muy enfadado, dando golpes a una mesa de la que se habían levantado horrorizados los clientes que en ella consumían.

Cogiéndole de un brazo fuertemente, pese a los intentos de soltarse del individuo, la Maruxaina le preguntó con su voz dura pero sin levantarla, ¿Que haces?¿Que crees que estás haciendo si no te hemos hecho nada nosotros?

- Tú me ves, dijo el personaje, nadie me ve, nadie me hace caso, y eso me irrita, me enfada y me hace atacarlos. No quiero estar solo, siempre lo estuve y no quiero ahora.

La Maruxaina se sentó a la mesa con él y estuvieron hablando casi una hora, en la que el extraño la fue contando, llorando ahora, gritando después, aunque la voz de la Maruxaina lo fue tranquilizando hasta que llegado un momento dijo, vámonos a verte, Mateo, que así se llamaba el hombrecillo, levántate que nos vamos.

Un momento, dijo Vega con una de sus guitarras en la mano, yo también voy, le veo y le escucho como tú, Maruxaina. Yo os acompaño, voy con vosotros

En la habitación del hospital, entre tubos y aparatos estaba Mateo entre las sábanas de una cama articulada. Con el respirador en la boca y completamente monitoreado.

La Maruxaina, cogiéndole de una mano comenzó a cantar bajito, casi un susurro, mientras Vega rasgaba en la guitarra una lenta y triste canción tipo blues.

Al poco, el ritmo del monitor, después de acelerarse un poco, comenzó a espaciar los latidos, y la mano de Mateo se aferró, increíblemente, a la de la Maruxaina, y suavemente la máquina terminó dando un pitido largo y continuado. Mateo se había marchado, no solo, sino acompañado por la Princesa renegada de las sirenas y por Vega, la niña de las estrellas.

Al llegar al Mono Rojo, el espejo labrado de la piedra de un meteorito por Vega y Maruxaina mostraba la cara de un Mateo sonriente y un mensaje, ETERNAMENTE GRACIAS.

jueves, 23 de abril de 2026

LLOVÍAN...

Mi beso era una granada 

profunda y abierta;

tu boca era rosa de papel.

El fondo un campo de nieve.

Mis manos eran hierros 

para los yunques;

tu cuerpo era el ocaso

de una campanada.

El fondo un campo de nieve.

En la agujereada

calavera azul

hicieron estalactitas

mas te quiero.

El fondo un campo de nieve.

Llenáronse de moho

mis sueños infantiles,

mi dolor salomónico.

El fondo un campo de nieve.

Ahora maestro grave

a la alta escuela,

y mi amor y mis sueños

(caballito sin ojos).

Y el fondo es un campo de nieve.

(Poema de mi amigo Federico García Lorca)



Era ya madrugada y regresaba a casa después de varias horas tomando cerveza en el Mono Rojo, nuestra taberna.

En el cerrado cielo, nubes negras, a modo de telón de escenario, se fueron abriendo dejando que danzarinas luces bailaran entre los nubarrones como neblina fluorescente de cierto color rojizo.

El espectáculo era único, pero cuando me estaba diciendo que tendría que beber menos para evitar estas alucinaciones, empezó a llover. Me puse sobre la cabeza la parte trasera de la trenka subiéndola hasta ella, para cubrirme del fuerte aguacero que amenazaba con caer, aunque no se escuchaba el plof de las gotas al caer al suelo en suicido colectivo, y no, no me mojaba.

Saqué la mano fuera del refugio de la trenka y si me calleron...BESOS, ESTABAN LLOVIENDO BESOS que caían en todos los lados, en los bancos y columpios del parque, en las cabezas de los pocos y asombrados viandantes que a esas horas ya marchaban de retirada, en los coches de policía aparcados frente a la comisaría, en las puertas de las iglesias necesitadas de amores, en las... En todos los lugares caía esa lluvia de besos.

Descubrí la cabeza y, poniéndome bien la trenka, dejé que los besos me inundarán de esos besos que mi yo, carente de ellos en mucha ocasiones, aceptaba sin rechistar, cuando uno de esos besos aterrizó justo en mi boca mientras una conocida risa amable sonaba en mi cabeza.

Esa noche, decían los periódicos del día siguiente, llovieron, sorpresivamente, besos en la localidad. Se busca intensamente quien es el que ha liberado y tirado al aire tantos besos, que al caer en la iglesia, la hizo más humana, los bancos y los columpios repletos de parejas abrazadas y compartiendo esos besos, la gente en la calle se volvía a saludar, y los policías sacaban a los detenidos sin apenas empujarlos y, decía la prensa, se busca a aquel o aquellos que esparciendo besos a convertido la ciudad en una provincia más del Reino del Amor y la Humanidad.

Guardé en una cajita siete y ocho besos, para cuando me hicieran falta por no tenerlos.

Mientras, en el aíre la cancion

miércoles, 22 de abril de 2026

BAILE NOCTURNO (2)

La luna se puede tomar a cucharadas 

o como una cápsula cada dos horas. 

Es buena como hipnótico y sedante 

y también alivia 

a los que se han intoxicado de filosofía. 


Un pedazo de luna en el bolsillo 

es mejor amuleto que la pata de conejo: 

sirve para encontrar a quien se ama, 

para ser rico sin que lo sepa nadie 

y para alejar a los médicos y las clínicas. 


Se puede dar de postre a los niños 

cuando no se han dormido, 

y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos 

ayudan a bien morir. 


Pon una hoja tierna de la luna 

debajo de tu almohada 

y mirarás lo que quieras ver. 

Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 

para cuando te ahogues, 

y dale la llave de la luna 

a los presos y a los desencantados. 


Para los condenados a muerte 

y para los condenados a vida 

no hay mejor estimulante que la luna 

en dosis precisas y controladas.

(Poema de mi amigo Jaime Sabines)



Forastero Quizás, toma tu jarra, siéntate y empieza a contar desde donde lo dejaste ayer, nos tienes a todas en ascuas, dijo Adiolinda mientras Teresa, Vega y la Maruxaina me miraban desde los lados de la mesa que ocupaban.

Bien, después de esa noche estuve volviendo a la playa casi todos los días, y no emergían las figuras de blanco, pese a que pasé noches de luna intensa, no volvían a la arena. Estaba yo totalmente hundido y pensando solamente en la propietaria del pañuelo de encajes con el que me había dejado, de tal manera que una madrugada que no pensaba con mucha claridad, me levanté de la arena y entré vestido en el agua hasta donde me cubría un poco más de la cintura, y esperé a ver qué ocurría.

Soplaba algo de levante, quizás lo necesario para desplazar algunas nubes que cubrían solícitas a la luna, blanca, hermosa y llena, que en ese momento lanzó sus intensos rayos de luz hacia la Tierra iluminando la zona de mar en la que me encontraba sumergido.

 Me asusté, algo grande subía hacia la superficie a varios metros de mi y pensé en tiburones y otras especies que me atacaban. Nada más equivocado, a un metro mío surgió del agua una figura vestida con gasas muy blancas, de falda larga y encajes en el pecho, y lentamente se me fue aproximando juntando mi cara con la suya. Era ella, mi acompañante vaporosa de la primera playa con ellos, que riendo me invitaba a salir hacia la arena.

Al instante, otras parejas y personas de blanco fueron saliendo del mar mientras la música de violines y clavichémbalo volvió a adueñarse de la noche.

Esto mismo pasó durante varias noches más en estos casi dos meses en los que he estado fuera, y solo regresé, dejando de ir a las playas, cuando gracias a mi compañera entendí todo.

Desde pequeño, en mi casa, a través de una pequeña ventana, por las noches, un rayo de luna venía a visitarme liberándome del miedo a la oscuridad que tenía.

Durante toda mi vida, viviera donde viviera, un rayo de luna me alumbraba cada noche abrazándome con su calorcito amoroso, justo hasta hace un par de años en los que desde donde duermo la luna no se ve.

Ella, compañera de años, amiga, amante, guardiana, quiso demostrarme que no estaba solo, que ella, pese a no poder vernos durante las noches, nunca dejó de mandarme su apoyo, y aprovechando que un día, al salir de la taberna fuí hasta la costa, creó con sus rayos luminosos las figuras que yo vi salir del agua, esmerándose en una de ellas que la representaba, justo la joven que bailaba conmigo y que me dejó este pañuelo que, desde entonces, llevo siempre encima. Mi compañera de luz era la Luna, mi vieja amiga, y con la que bailo sobre la arena cada vez que aparece en el cielo hermosa, grande y llena.

La Maruxaina se puso de pié y con una sonrisa me dijo, supe siempre donde estabas, Vega, la niña de las estrellas me lo dijo, que se lo había contado Selene durante un cuarto creciente, pero no podíamos romper el embrujo, por eso callamos cuando mis hermanas del fondo del mar, las sirenas, me contaron unas extrañas escenas que ocurrían en la playa entre un humano y la Luna. La música la ponían ellas.

martes, 21 de abril de 2026

BAILE NOCTURNO

En las noches claras,

resuelvo el problema de la soledad del ser.

Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

(Poema de mi amiga Gloria Fuertes)



Entro de nuevo en La Taberna del Mono Rojo. Enseguida se me acercaron Vega y Teresa a saludarme, contentas de verme después de tantos días.

Al poco se acercó Adiolinda, la hija del Cipri que, con ese lenguaje y acentos suyos, enseguida preguntó ¿Y tú dónde andabas sin decir nada a nadie?

La expliqué que una noche, después de salir de la Taberna cogí el coche y marché a la playa. Era una noche de luna llena, mágica, y algo me hizo irme hasta la orilla y observar con algo de inquietud que no entendía el motivo.

En ese momento de mi relato, Vega llamó a la Maruxaina, como experta en mares y playas, que tomó asiento en la mesa mientras yo continuaba hablando.

De golpe, sobre las dos de la madrugada, una figura de mujer comenzó a salir del agua, muy blanco, vaporoso y brillante su vestido. En ese momento no me chocó el que estuviera seco, ahuecado, como si no emergiera del mar, y continué mirando como la bella figura caminaba hacia la arena mientras otras personas también comenzaron a emerger, también vestidas de un blanco brillante, andando con exquisita elegancia.

Pronto la playa se llenó de risas, de voces templadas, de una música nunca escuchada de clavichémbalos y violines, mientras algunas parejas bailaban.

Sin esperarlo, y mientras observaba asombrado la escena, una dama, joven, con vestido como de gasa, blanco deslumbrante, acercándose a la arena en el lugar donde yo estaba sentado, riendo alargó la mano ofreciéndomela.

Entendí que quería bailar, y aunque yo nunca fuí ni siquiera un mediano bailarín, pensé, ¿Por qué no? y alargando la mía intenté coger su pequeña y larga mano.

Mis dedos penetraron entre su muñeca, sin agarrar nada, como si solo hubiera aire, como si no hubiera nada, mientras una suave y simpática risa brotó de su garganta.

No sentí miedo, solo curiosidad, y levantándome, al ver que ella levantó un brazo en curva y con el otro me atravesó la cintura apareciendo por mi espalda, sobrepuse mi mano derecha sobre la suya, sin apretar y sin intentar cogerla, cosa imposible, y con mi otra mano en su espalda comenzamos a girar entra las otras blancas parejas, que nos miraban sonriendo unas, riendo abiertamente otras.

Una gran paz me invadió y me dejé llevar, hasta que una negra nube se interpuso entre nosotros y la luna y todo desapareció, quedando yo solo en la playa, de pié y bailando como un tonto conmigo mismo.

Me volví a sentar en la arena esperando que volvieran todos, pero solo el ruido de las olas extendiendo sus aguas en la orilla y el susurro al hacerlo era lo único que me acompañaba.

Pasó un rato hasta darme cuenta que, en mi mano derecha, esa que había estado sobrepuesta sobre la suya, tenía agarrado firmemente un blanco pañuelo de encajes que, al acercármelo a la cara, olía exactamente al perfume dulce de la bella dama.

Ahora estoy muy cansado, pero os prometo continuar contando por qué he estado fuera tantos días y os seguiré narrando mi aventura de esa noche que intenté continuara.

Adiolinda, por favor, ponme una jarra de cerveza y dejarme con mis pensamientos, que mañana os contaré más. Ahora necesito soledad, dije mientras las cuatro mujeres se retiraban no sin antes darme un apretón en un hombro la Maruxaina, que parecía saber ya más de lo que quizás yo supiera.