sábado, 28 de febrero de 2026
LA ENTRADA TRIUNFAL, (parte 2)
viernes, 27 de febrero de 2026
LA ENTRADA TRIUNFAL
El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
(Poema de mi amigo Federico García Lorca).
Entró en la taberna con su abrigo de pieles y del cuello colgando un bello collar de tres vueltas grandes de perlas blancas cogidas en un gran broche de oro con brillantes rodeando a una preciosa esmeralda verde.
De una de sus muñecas, la derecha, un pequeño reloj de oro y una sencilla pulsera del mismo metal.
De la izquierda, cinco o seis pulseras, también de oro, y alguna con medallitas que colgaban unidas por cadenitas.
Maquillada profesionalmente y con el olor dulce y penetrante del perfume que llevaba, adelantó sus pasos hasta el mostrador recibiendo por el camino besos y abrazos de parroquianos admiradores de su esplendor y gloria.
Uno le acercó un taburete mientras otro la ofrecía un cigarrillo y un tercero mantenía levantado y encendido un mechero.
El Cipri ya había puesto sobre la barra su combinado favorito y la presentaba una caja de trufas de chocolate para que las degustara mientras consumía la bebida.
Un pesado insistía en hacerse una foto con ella, y otros dos, armados con dos bolígrafos la pedían un autógrafo.
Dejando el vaso, en el que destacaba la forma de su boca en el borde manchado del rojo salvaje del pintalabios, en el mostrador, levantando el brazo correspondía con un saludo al grito unánime que atronaba la taberna con su nombre, Rosa, Rosa, Rosa...
Rosa, Rosa, Rosa. El brazo de Adiolinda sacudía de los hombros a la vieja prostituta del Mono Rojo. Rosa, Rosa, despierta mujer, que te harás daño. Rosa, Rosa, despierta y vete a casa mujer, que ya es tarde.
Abriendo un ojo Rosa vió en una mesa cercana al Cipri, hundida la cabeza y atendido por la Maruxaina. Su combinado no estaba en el mostrador, sino caído sobre la mesa, y no era un vaso ni era un combinado, era la copa de aguardiente que solía beber. De sus muñecas, en una, una pulsera de cuero con adornos grabados en el mismo, de la otra un reloj digital a pilas.
Entonces comprendió que nada de su entrada triunfal era real, que se había quedado dormida por el exceso de aguardiente, borracha sobre la mesa, y empezó a llorar limpiándose la nariz con la manga de su blusa antes de que Adiolinda pudiera pasarla un klinex.
Vega, acercándose, la abrazó y dándola un beso en la mejilla, bajito, al oído, la susurró, "el sueño va sobre el tiempo flotando como un velero..."
jueves, 26 de febrero de 2026
EN EL FONDO DE LA JARRA
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.