Bailada ya la vid, se anilla y moja
sucesiones de círculos con aros,
vientres que ordeña el puño en cubos claros
por un sexo sencillo que se afloja.
Y la inseguridad por dentro roja,
traducción apagada de los faros,
con interpretaciones serpentinas,
equivocando pies, consulta esquinas.
(Poema de mi amigo Miguel Hernández).
En el centro de la Taberna estaba firmemente anclado al suelo un viejo barril de madera que llegó, nadie sabe cómo ni cuando, desde Jerez. Posiblemente en algún naufragio contra el roqueo del litoral en alguna noche de tempestad en la que las olas golpeaban con fuerza y empujaban cualquier objeto flotante contra las agudas y pétreas rocas.
Seguramente alguien, en días posteriores, descubriéndolo en la costa lo llevó al Mono Rojo, y ahí sigue, sirviendo de apoyo a los pocos clientes que se atreven a utilizarlo, aunque hay una norma que siempre se cumple por lo que implica las consecuencias de saltársela, nunca, bajo ningún concepto, puede apoyarse en la tapa del barril ningún vaso o recipiente con líquido, sea el que sea, alcohol, agua, lo que sea, nada puede apoyarse en el barril, por el peligro de que se derrame, ya que la barrica no puede mojarse nunca.
Una vez, un cliente borracho derramó su jarra de cerveza sobre la madera del barril. Inmediatamente la Maruxaina empezó a cantar con esos lamentos agudos con los que buscaba alejar a los barcos de su trayectoria.
Pese a la fuerza de sus quejíos, y al llanto de la Maruxaina que provocaba el conocimiento de lo que iba a pasar, no pudo evitarlo. Esa madrugada, dos pesqueros no regresaron a puerto, y en la espera, rompiendo el silencio de la Taberna, dos sombras grandes, chorreando agua y dejando las huellas mojadas de las botas en el suelo del Mono Rojo entraron y acercándose al borracho, dormido sobre el barril, lo agarraron entre los dos y se lo llevaron sin decir nada mientras se juntaban los gritos del cliente bebido y los lamentos de la Maruxaina.
Al amanecer encontraron en la playa los cuerpos de los dos capitanes de los pesqueros y entre ellos el cadáver, ahogado del borracho.






