Lámparas de cristal
y espejos verdes.
>Sobre el tablado oscuro,
la Parrala sostiene
una conversación
con la muerte.
La llama
no viene,
y la vuelve a llamar
Las gentes
aspiran los sollozos.
Y en los espejos verdes,
largas colas de seda
se mueven.
(Poema de mi amigo Federico García Lorca)
Entra sin que nadie nos demos cuenta. Se comenta que no abre las puertas, pero que atravesándolas, con su vestido verde ajustado y con un maquillaje perfecto se va hacia el centro del local donde las mesas y las sillas se apartan solas.
Se queda mirando fijamente a la clientela y, sonriendo, comienza a cantar mientras la música suena nadie sabe de dónde.
Son tres canciones, solo tres canciones que mientras suenan se llevan a las sombras de los clientes que en ese momento se encuentran en el Mono Rojo, y bailan. Nosotros lo llamamos el baile de las sombras.
Terminada la tercera canción, las sombras vuelven al suelo junto a su dueño, todas menos una, la del elegido, que beberá pernod con ella hasta que empiece el amanecer a dar sus primeros colores. Entonces, ella desaparece y el elegido queda con dos copas vacías y una vieja moneda de oro, pero sin recordar nada de la noche pasada.
Dicen que la mujer murió en diciembre de 1936, mientras esperaba en la Taberna la llegada de su hombre, contrabandista en la frontera, que nunca llegó.
La Taberna la ofreció refugio durante esa larga noche, sin cobrarla nada de lo consumido, hasta que la mujer se marchó del Mono Rojo para encontrarse con la muerte en un bombardeo de la ciudad durante ese periodo de guerra.
Desde entonces, las noches de tormenta que coinciden en la madrugada del jueves, la cantante regresa a la Taberna y canta sus tres canciones, quizás como pago agradecido al establecimiento por la ayuda prestada, quizás por buscar entre las sombras al contrabandista esperado.
Nunca lo sabremos, pero su llegada siempre es recibida con una mezcla de respeto, admiración y temor.
Hoy es madrugada del jueves, y anuncian tormenta...

No hay comentarios:
Publicar un comentario