ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

domingo, 3 de mayo de 2026

EL MOROSO

Palabras para ti. No las pronuncies.

Cierra

Como cierras el puño, abriendo el aire.

No quiero

palabras. Espuma

contra el cantil radiante

de la realidad.

Tú.

El cabello luminoso.

Roja bandera herida por el alba.

Cuando

me miras, no hay palabras.

El mundo

tiembla en un instante.

Y sé que es bello combatir unidos.

(Poema de mi amigo Blas de Otero)




Se veía que era un ejecutivo, aunque debía de trabajar en ello desde hacía poco, porque se le veía muy joven 

Bien vestido, con esa uniformidad de los ejecutivos de traje de marca nuevo, camisa y corbata, zapatos muy brillantes y esa extraña manera de hablar que parece de academia.

Pidió un vermut y al terminarlo quiso pagarlo con una tarjeta de banco.

- Aquí no aceptamos tarjetas, de ninguna clase, no nos gusta el plástico, ni aceptamos bizum ni transferencias. Si no tienes efectivo, aceptamos historias. Cuéntanos una historia y estaremos en paz, dijo Adiolinda .

¿Y si no tengo ninguna historia que contar? ¿Si creo que un vermut no se merece una historia mía? ¿Como lo hacemos entonces?

Mira, contestó la tabernera, todas esas notas en la pared son deudas de clientes que no contaron su historia, no acabaron un chiste o no quisieron pagar con lo que nosotros cobramos.

Tú nombre pasará a una nota que dirá que eres un moroso de historias, que no contastes ninguna, pese a que tomaste un vermut.

¿Y eso es todo? contestó el joven, me da igual, barato vermut entonces me he tomado. Me voy y no te contaré ninguna historia.

Tú sabrás, dijo Adiolinda, ya veremos si regresas a pagar o no.

El ejecutivo se marchó, tenía una importante comida con unos clientes para cerrar un trato, pero se estropeó la operación, los clientes no podían tratar con alguien a quien al ir a pagar con la tarjeta el datáfono la rechazó por una deuda en la Taberna del Mono Rojo.

El joven, muy enfadado quiso denunciar a la Taberna, pero al pasar el policía el carnet del denunciante para leer el chip, en el ordenador salió deudor en la Taberna del Mono Rojo de la que se fué sin pagar.

Muy enfadado, el joven ejecutivo fue a por su coche, y al meter la tarjeta que hacía de llave, no arrancó, escribiendo en el ordenador central, moroso de la Taberna del Mono Rojo.

Lleno de ira anduvo hasta la taberna. Tardó como dos horas en llegar y al entrar, gritando, contó: después de irme de aquí sin contar una historia para pagar el vermut, fuí a una comida de empresa y se anuló el trato porque mi tarjeta decía que tenía una deuda con vosotros. No sé cómo lo hicisteis, pero perdí miles de euros.

Fuí luego a comisaría a denunciaros y no pude porque el único dato de mi carnet era que me había marchado sin pagar de vuestro local.

Al coger mi coche e intentar arrancarlo, no funcionaba, solo salía una nota en el ordenador diciendo que era moroso vuestro.

Y aquí estoy, a ver cómo arreglamos esto y me dejáis ya en paz.

Adiolinda se dió la vuelta, y cogiendo la nota del joven se la entregó diciendo, he escuchado historias mejores, pero para ser la primera vez que cuentas una, no está mal. Tú deuda está pagada.

Fue decir la tabernera eso, y el ejecutivo despertó sobresaltado en una de las mesas.

¿Que pasó? La comida, la comisaría, mi coche, mi enfado...¿Cuando me quedé dormido en la mesa? ¿Todo fue un sueño?

No sé de que me hablas, dijo Adiolinda, tomaste un vermut, pagaste con una historia y no damos cambio, pero tampoco perjudicamos nunca a nadie.

En ese momento sonó el teléfono del joven, un mensaje, le estaban ya esperando los clientes para comer y cerrar un trato. Prefirió correr para llegar a tiempo y no preguntar nada.

La Maruxaina, Vega y Teresa se unieron riendo a carcajadas con Adiolinda que tiraba a la basura la nota que sacó de la pared. 

Cosas del Mono Rojo