ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

sábado, 25 de mayo de 2013

JUNTOS PERO NO VIVIDOS, TRISTEMENTE NATURALES




Me están mirando en tus ojos 
los ángeles del instante, 
los ángeles que han perdido 
la memoria al contemplarse. 

Me estoy reuniendo en tus brazos; 
te siento casi quemándome; 
arden el tronco y las ramas 
pero las hojas no arden. 

Estamos juntos, sin vernos, 
repetidos y distantes, 
juntos pero no vividos, 
tristemente naturales.


(Luis Rosales)





Juntos en la distancia, unidos en el tiempo compartiendo el mismo espacio.
LLenando nuestras vidas de palabras, palabras de amor y compañía, a saltos, por periodos, como si cuando las carencias del otro, perdido por el mundo, se hicieran necesarias para aguantar otro tramo de la vida para luego decir adiós sin pronunciarlo, sencillamente desapareciendo en la seguridad de que pasado un tiempo, de nuevo la unión a la que condenados estamos desde que nos vimos por vez primera, atraerá como el polen a la abeja, el uno en busca del otro. Eterna y dulce condena.
Como dice el poeta, estamos juntos, sin vernos, repetidos y distantes, juntos pero no vividos, tristemente naturales.

sábado, 18 de mayo de 2013

MIS PÉRDIDAS SE COMPENSAN Y CEDE MI AMARGURA





Cuando en sesiones dulces y calladas
hago comparecer a los recuerdos,
suspiro por lo mucho que he deseado
y lloro el bello tiempo que he perdido,

la aridez de los ojos se me inunda
por los que envuelve la infinita noche
y renuevo el plañir de amores muertos
y gimo por imágenes borradas.

Así, afligido por remotas penas,
puedo de mis dolores ya sufridos
la cuenta rehacer, uno por uno,

y volver a pagar lo ya pagado.
Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas
se compensan, y cede mi amargura.

(William Shakespeare)






Padre de mis recuerdos, protagonista también de los mismos, cuando noto la persecución que en ocasiones sufro por parte de ellos, los evoco, los provoco, los traigo de nuevo ante mí para revivirlos, disfrutando de nuevo de la compañía de bellas mujeres que por mi vida pasaron, dejando que las lágrimas se escapen de mis ojos cuando veo sus manos, como entonces, diciéndo adios en un último momento compartido.

Rememorando atrayentes palabras de interminables conversaciones, bién recitando poesía, bién cantándolas con la voz fea que siempre fue mi compañera, pero en susurros a la oreja de alguna muchacha que en complicidad poética sumaba los versos alegrando mi tono de profano.

Pero siempre, siempre acabo con tu imagen sobre todas, vencedora del tiempo y el espacio, presente desde siempre en mis sueños, alejando otras visiones pasajeras, quedándote victoriosa en mis pasadas vivencias y alzándote grande, bella, hermosa entre las brumas de mi pensamiento hambriento de ti.

Solo entonces, "mis pérdidas se compensan, y cede mi amargura.

jueves, 7 de febrero de 2013

...EL ÚLTIMO CANTO DEL SOL, BELLO COMO EL DEL MORIBUNDO CISNE...






El día es más sereno y más solemne
cuando llega la tarde. Y hay un orden
en Otoño y un lustre en su horizonte
que el estío prohíbe al ojo humano
hasta hacernos creer que es imposible.
Así pues, deja que tu fuerza
-talla naturaleza, cuando joven-
provea a mi existencia venidera
de sosiego, a mí que te venero
con cuantas formas te contienen,
a mí, hermoso Espíritu, a quien diste
el temor de sí mismo y amor al ser humano.



(Percy Bysshe Shelley)








Cuando ya clarean las primeras nieves los años vividos reflejados en nuestras caras; cuando la serenidad debería ocuparse de nosotros apagando ese fuego intenso de juventud, apareces, abierta para mi como la rosa que muestra sus secretos al paciente jardinero, reservándose tras agudas espinas, temerosa, de otros ojos, desconfiada y silenciosa, casi en secreto, camuflada entre una maleza artificial creada por ti para esconderte.


Esos últimos rayos de luz de un sol que muere en ese día, anunciando regeneración futura al dia siguiente, apenas calienta los días transcurridos y más que calor deslumbra la mirada añeja del pasado.


¿Quien como Jorge Manrique tuviera el don de la palabra para trovar los versos que su pluma plasmó en el papel y que ahora el moribundo rayo de sol me trae a la memoria?.....Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando, cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando; cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Ahora, con los ojos entrecerrados por el último canto del sol, bello como el del moribundo cisne, pienso y recuerdo, casi tatareando, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado...

viernes, 25 de enero de 2013

INVIERNO EN LA MENTE




Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.

Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

(Pablo Neruda)





Un periodo de reflexión, de tranquilidad entre tanta pasión pasada, un letargo en el invierno de la vida, quietud, serenidad mezclada con cierta confusión sentimental. Sorprendido en la última postura en la que el Viento del Sur me modeló con su fuerza.

Pero fundamentalmente desconcierto, perdido entre un batido de sentimientos y pensamientos no siempre tranquilizadores.

Invierno en mi vida, en mi mente. Adormilados los sentidos. Esperando alguna reacción con los primeros rayos de sol, (¿esperanza?). Silencio, inmovilidad, ¡¡¡¡¡¡¡alarma!!!!!!!

domingo, 2 de diciembre de 2012

AHORA MAREPI Y EL CIPRI ME MIRAN Y SONRÍEN. ELLOS SABEN EL MOTIVO



Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la noche desvelada, bajo la luna presa?
tu soñar me envolvía, soñado me sentí.

(Jorge Guillén)





Allí estabas por fín, sentada en la Taberna, esperando que dieran las seis, y allí estaba yo también, nervioso, con la ilusión acumulada de años que apagaba ese miedo interno del que te diría, cuales serían mis primeras palabras, como tu reacción, como la mía.

Con una sonrisa el Cipri nos miraba desde la barra, como si supiera desde siempre que esto ocurriría, y a su lado Marepi, riendo, mirándonos mientras nosotros sin ver a nadie, solo a nosotros, atrapado por tu voz, que difuminaba mi sentimiento de culpa compartiendo generosa el generador de la distancia en estos años.

Tu voz, de nuevo tu voz en mis oidos, penetrando hasta lo más íntimo, llegando al corazón y grabando en él de nuevo las palabras de un te quiero que agarraron al instante sus raices en el campo abonado de mi amor siempre presente por tí.

Nueva cita, nueva sensación la de compartir mesa contigo en esta Taberna en la que bebí durante tanto tiempo mi soledad mientras pensaba en lo que harías, en donde estarías, en si pensabas en mi, en si el sentimiento era mutuo.

Era así, compartido, durante años que pesaban como siglos y que ahora es como si ayer fuera la última vez que nuestras manos se rozaron, se tocaron, se estrecharon. Escuchaba tu voz por el teléfono y me parecía estar a tu lado, sentados de nuevo en esa valla del instituto que hace años despareció, apoyados en su verja nuestra espalda mientras nuestros dedos jugueteaban con las manos enlazadas y tu, vergonzosa, escondias la cara en mi hombro si alguien se acercaba.

Tus palabras, tu voz, caricia dulce, esperada y deseada como nada. Ahora anhelo la próxima ocasión, cercana, muy cercana pero sentida lejana, egoista que soy al escuchar todavía como me hablabas, y ya se me hace tarde el volver a sentirte, a escuchar que nunca me olvidaste, que como yo al levantarme pienso cada día en ti, tu has pensado en mi durante estos largos años de exílio físico, y sentir que la distancia no existe cuando se quiere que no exista, que hasta el tiempo se para para los amantes y que tan solo unas palabras, te quiero, recompensan las noches de recuerdos y cervezas en la Taberna del Mono Rojo en la soledad de una mesa.

Ahora Marepi y el Cipri me miran y sonríen. Ellos saben el motivo.




viernes, 30 de noviembre de 2012

QUE LARGA ESPERA, MI DAMA



Veo mejor si cierro más los ojos
Que el día entero ven lo indiferente;
Pero al dormir, soñando te contemplan
Y brillantes se guían en lo oscuro.

Tú, cuya sombra lo sombrío aclara,
Si ante quienes no ven tu sombra brilla,
¡Qué luz diera la forma de tu sombra
Al claro día por tu luz más claro!

¡Ay, qué felicidad para mis ojos
Si te miraran en el día vivo,
Ya que en la noche muerta, miro, ciego,
De tu hermosura la imperfecta sombra!

Los días noches son, si no te veo,
Y cuando sueño en ti, días las noches.

(William Shakespeare)




Cuantas veces mis pasos entre las hojas caidas del otoño me llevaban el pensamiento hacia ti, mirando el teléfono callado por el que asomaba una fotografía tuya del pasado, y cuantas he soñado que ese mismo teléfono susurraba mi nombre con tu voz y te hablaba, sentado en el bordillo mojado por la lluvia, rodeado de esas hojas pequeñas amarillas que resaltaban en el gris del día comenzado.

Parece que, como campana que se acerca a la hora, el tiempo del teléfono ha llegado, y tu voz no será sueño entre floresta, sino realidad que el gris aleja. ¿Que decirte ahora que la fotografía cobra vida y como duende salido entre las hierbas aceleras aún más el corazón nunca dormido del amante que por la distancia sufre y desespera?

Ahora nervios y sonrisas, por todo, por nada, y mirando en el reloj el segundero, odiando la  manecilla tortuosa, que por no querer que llegue el día parece tardar un año lo que en realidad es un segundo, un siglo lo que debería ser minuto y una vida lo que debería ser mañana.

Larga espera en los últimos metros de esta carrera de resistencia, en la que ni los años ni el silencio desgastaron las ganas que ahora penan por ver llegar el dia como si fuera condena impuesta como castigo por anhelar lejanas metas.

¿Que te diré mi amor? quizás no diga nada y tan solo escuche el sonido de tu voz, la cadencia y el ritmo de tus palabras y las mías, que tan fácil salen en mis sueños, se queden en mi interior, enmudecido de pronto al encontrarte de nuevo, reconfortándome el alma con tan solo una sílaba salida de tu garganta.

Ganas tengo de escucharte, de que llegue ansiado día, y miedo, y nervios al encomendarme a ese viento del sur que tantas veces invoqué y que ahora parece que mueve sus alas levantando un torbellino de ilusiones, de tantas noches de Taberna en las que por ti brindaba.

Que larga espera, mi dama. Mi dama, que larga espera.

jueves, 22 de noviembre de 2012

UNA SEMILLA LLAMADA ESPERANZA



Leyendo un claro día
mis bien amados versos,
he visto en el profundo
espejo de mis sueños

que una verdad divina
temblando está de miedo,
y es una flor que quiere
echar su aroma al viento.

El alma del poeta
se orienta hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
mirar lo que está lejos
dentro del alma, en turbio
y mago sol envuelto.

En esas galerías,
sin fondo, del recuerdo,
donde las pobres gentes
colgaron cual trofeo

el traje de una fiesta
apolillado y viejo,
allí el poeta sabe
el laborar eterno
mirar de las doradas
abejas de los sueños.

Poetas, con el alma
atenta al hondo cielo,
en la cruel batalla
o en el tranquilo huerto,

la nueva miel labramos
con los dolores viejos,
la veste blanca y pura
pacientemente hacemos,
y bajo el sol bruñimos
el fuerte arnés de hierro.

El alma que no sueña,
el enemigo espejo,
proyecta nuestra imagen
con un perfil grotesco.

Sentimos una ola
de sangre, en nuestro pecho,
que pasa... y sonreímos,
y a laborar volvemos.

(Antonio Machado)





Son las seis y diez de la tarde, aquí y allí, donde tu estás. Me pregunto si en estos mismos momentos estarás pensando en mi como yo estoy pensando en tí, si al ver como la tarde se va marchando y la oscura cortina de la noche se va descorriendo por este inventado horario de invierno, tus miedos a la oscuridad empezarán a aflorar o sencillamente te refugiarás en la luz eléctrica de una habitación con la televisión puesta, o bien, como yo quisiera, buscaras refugio en los recuerdos, en aquellas habitaciones del alma donde nunca se hace oscuro al estar permanentemente iluminadas por tu presencia, porque realmente es tu presencia lo que siento en cada una de ellas cuando buceo en mi interior, no en busca de aventuras ni extrañas expediciones, sino a la búsqueda de la luz que desprenden las perlas de tus dientes cuando en mis recuerdos te veo sonreir, o aquellas miradas de abajo arriba cuando alguna picardía inocente se te ocurría sin atreverte a realizarla.

Parece mentira el tiempo y la distancia que intenta incansable separarnos y no consigue más que acercarme más hacia tu lado. No pasa un día sin que al levantarme te dedique un "buenos días", o al apagar la luz de mi habitación te dedique un último pensamiento unido al deseo de soñar contigo de nuevo.

En ocasiones creo que sembraste en mi una semilla llamada esperanza y en todos estos años no ha hecho más que crecer mientras la cuidaba con el mismo mimo que si se tratara de ti misma. y así, a la sombra de esta planta, apoyado en ella, espero tranquilamente tu voz, que llegará, seguro, algún día, cuando te sacudas las confusiones, las dudas y el maldito litio que para nada necesitas.