ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

jueves, 14 de julio de 2016

SIN DEFENSAS



La negra tormenta avanzó. Gotas frías directas al corazón desnudo, descubierto en confianza, abierto y sin defensas por la más completa confianza hacia quien le había conquistado sin ningún tipo de prevención. El corazón solo, frente a la oscura masa que le cercaba, firme, seguro en ella, seguro de ella. Su vida, sus latidos, todo él entregado sin reserva alguna a quien suponía incapaz de hacerle ningún tipo de daño, menos aún esa certera puñalada que le atravesó empujada por el cruel vendaval del que ni supo ni quiso protegerse si lo vió venir. Ella no, de ella nunca esperó daño alguno, cuando menos esa penetración brutal en sus entrañas que le destrozó, que le reventó dejándolo sin capacidad de reacción alguna.

Solo dolor, dolor intenso, terrible, con ganas de pararse, de abandonar todo, de dejarse llevar por el sufrimiento tan bestial que sentía y marcharse de una vez, dejar ya al guionista que siguiera su trama como quisiera pero sin contar con él, abandonar ese horrible guión que le había tocado en el reparto y descansar, descansar de una vez.

¿Para que quieres la vida si solo la querías por ella, si solo luchabas por ella? Si solo por ella te enfrentabas a lo que fuera. Si solo ella importaba, si solo ella existía.

Tanto sufrimiento aguantado era solo la avanzadilla del que quedaba por venir, del que ya ha llegado. El anuncio de ese frío e intenso dolor que me paraliza el alma, que me imposibilita la menor defensa ante él si quisiera defenderme, porque no quiero, quiero que la ola inmensa que ha barrido mi esperanza, mis ilusiones, se me lleve también al fondo de ese océano gélido, crudo, donde esa extensa soledad abrace mi alma, mi ser, y me deje quieto, parado, detenido para la eternidad, sin ver a nadie, sin hablar con nadie, sin comunicarme con nadie. ¿Para que alguien? Si ella, la dueña de mi confianza, la diosa de mi vida, la fuente de la que emanaba la fuerza de la que bebía, ha provocado este tsunami que barrió el sentido de mi existencia, ¿como hablar, ver, estar, con otras personas?
Que reposen mis restos destrozados y dispersos para siempre en ese mar de dolor y sufrimiento, de soledad, de tormento.

Una respuesta, una esperada respuesta era lo que aguardaba. Nunca imaginé que vendría en forma de potente mazazo. De ella no, de ella nunca. Y todo mi ser, todo yo, saltó fragmentado, explotó dentro de mi como la más inesperada y exterminadora bomba dejándome completamente roto, destrozado. Solo sujeto a este inhóspito escenario por la envoltura carnal que desgraciadamente se resiste a seguir  los pasos de mi espíritu machacado.

Triste destino sin ella, negra existencia sin ilusión, sin esperanza, sin fé. Como dice el refrán, hasta que el cuerpo aguante. Quiera Dios, si es que existe, que sea poco, porque pese a todo, la quiero.

miércoles, 6 de julio de 2016

LOS MILAGROS SE REPITEN A VECES, Y LA LA ESPERANZA VIVE ESPERANDO



Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo....

(Mario Benedetti)




Se que eres tu, la que se hace hueco en mi mente, la que vive en mi sangre, la que poco a poco hizo que este corazón, tocado ya por desastres de años de no conocerte, de no encontrarte, de la certeza de  que en algún lado tu risa alegraba, aún viviendo todavía sin la luz que desprendes, la existencia de otros, que quizás no te buscaban con la pasión, con la necesidad con la que cada respiración me sacudía llenándome de angustia porque se pasaba la vida y no te hallaba por más que mi insistente anhelo me acuciaba y me exigía tu encuentro.

Se que eres tu mi Dorado, la parte que me faltaba del alma, que me tenía sin fuerzas, porque conocí la multiplicación de la fuerza, de los colores, de los sabores, de los olores, de la vida al verte, al escucharte, al acariciar tu pelo, al notar tu respiración junto a la mía. Al sentir que aunque no estuvieras esa noche, mi cuerpo, inconscientemente dormido dejaba tu sitio libre para el tuyo mientras mi brazo se estiraba para, en tierna captura, reposar apoyado en tu cintura mientras mis pensamientos, libres por fin, se adentraban en caminos celestiales, entre estrellas de las que me reía ante su inutilidad al querer competir con el brillo de tus ojos, alegres, vivos, que rellenaban esa inquietud que desapareció al saber que estabas allí porque querías, sin presiones, sin ataduras que después no supe evitar.

Por eso ahora se que es difícil que ese hueco entre mis sábanas se vea ocupado, que no vendrás, que la fortaleza que me dabas, la seguridad de ser completo, se va diluyendo con los días, que las noches son más frías, los días más crueles, y que la distancia cada vez es mayor. Aún asi, cada noche, en sueños, salgo a buscarte, intentando que tus labios se encuentren los míos, que mi brazo repose encima tuyo y acabar con la burla de las estrellas al no estar tu anulando su estúpida luz, que me recuerda cada momento, al mirar hacia el firmamento, que tu no estás, que esa débil luz no es tuya, que no estoy completo, que me falta el aire, que solo cuando en el duerme vela veo en mi mente tu silueta, brillante, alegre, noto aún que vives en cada centímetro de mi cuerpo, en mi pensamiento, en cada una de mis acciones, en cada gota de lluvia que disfruto, en cada risa que escucho, en cada instante. y eso me empuja cada día a levantarme, preguntándome, ¿será hoy? y espero, como solo esperan los enamorados, con esa bendita locura de creer que un día, puede ser mañana, pasado, al otro, no se, pero.....los milagros se repiten a veces, y esa, esa es mi única esperanza.

domingo, 8 de marzo de 2015

CANSADO, VIEJO, ROTO



Lo dió todo. Lo empleó a fondo. Lo entregó sin preocuparse de su sufrimiento. Si dolía no importaba, continuaba dándolo. Hoy ya está cansado, muy cansado. Demasiados esfuerzos, demasiados sufrimientos, demasiados palos. Hoy ya se le nota roto, sin fuerzas, tan solo para acercarse
a su querida taberna y que dé ahí sus últimos latidos antes de desaparecer.

Seguramente nunca ya lo veremos por la Taberna recitando sus poesías, cantándonos sus amores, intentando llevarnos allí donde dos bailaban en la luna,  enseñándonos esa bella flor quemada por el viento, o las palabras de Cortazar, de Machado, Benedetti, Rosales, Byron,  Scheley y tantos y tantos otros. Calmando al Cipri de sus enfados y nervios o a Isabel de los dolores de sus cristales rotos en el estómago. Contando a Manoli que siempre se vive di hay amor y recuerdo, o como últimamente,  acompañando a Yu en su primer café de la mañana.

El estaba ahí, desaparecía por un tiempo y volvía. Hoy está cansado y viejo. El último palo lo ha roto de verás, ha explotado en mil trozos que el  Cipri intentará reunir y engarzar, pero el viejo corazón del.mono rojo ya no aguanta mucho más.

Es una tristeza que inunda la Taberna, máxime cuando el Cipri ha prometido que si el jodío mono se lleva su corazón, o viceversa,  la Taberna será demolida como tumba inaccesible de tanto amor aquí desarrollado, escrito, leído,  vivido.

Una faena el último palo, una buena y gran faena.

viernes, 6 de marzo de 2015

SIN PALABRAS




Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 


Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...


Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...


Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?


Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

(José Hierro)






 Los labios...los labios sellados,fundidos, mudos. ¿Como me entiendo contigo?

El silencio mandando, el abanico se agita, la gente nos mira, no entiende sonrisas, no entiende de uniones, de conexiones inalambricas de cuerpo a cuerpo, de mente a mente.

El gris se marchita con la luz del entendimiento cómplice, del vuelo de ideas, del compartir momentos intensos a kilómetros de distancia, con solo pensamientos de mi hacia ella, con ida y vuelta, trayendo y llevando mensajes encriptados por códigos creados por inconscientes deseos.

La luz se abre camino entre paredes de niebla , alejando fantasmas, engendros malditos de amores pasados, de tiempos ya muertos, de pasiones furtivas, momentos matados.

La noche maldita del alma vencida se retira, triste, dominada por la canción alegre del gesto amoroso, con la mirada cómplice, del guiño travieso, del dedo enlazado, de la mano nerviosa, de la boca callada. El pie que me roza, con la pierna próxima, apretado y preso el brazo , el costado pegado. 

¿Empiezo a ser libre, o tan solo el deseo de serlo, de sacudirme el espeso manto del abandono cruel?

No hay de vuelta nada. Nos queda la palabra, ¿para que nos queda la palabra?

jueves, 5 de marzo de 2015

EL ADIOS MÁS INTENSO, EL MÁS LENTO.




Amor mío, amor mío. Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de salir. Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz se queja en la garganta.

Amor mío...
Cállate. Vuelve sobre tus pasos. Cierra despacio la puerta,
si es que
no quedó bien cerrada.
Regrésate.
Siéntate ahí, y descansa.
No, no oigas el ruido de la calle. No vuelve. No puede volver.
Se ha marchado, y estás solo.
No levantes los ojos para mirarlo todo, como si en todo aún estuviera.
Se está haciendo de noche.
Ponte así: tu rostro en tu mano.
Apóyate. Descansa.
Te envuelve dulcemente la oscuridad, y lentamente te borra.
Todavía respiras. Duerme.
Duerme si puedes. Duerme poquito a poco, deshaciéndote,
desliéndote
en la noche que poco a poco te anega.
¿No oyes? No, ya no oyes. El puro
silencio eres tú, Oh dormido, Oh abandonado,
Oh solitario.
¡Oh, si yo pudiera hacer que nunca más despertases!




(Vicente Aleixandre)






Varado, mutilado, impedido para andar por los caminos que marcan los impulsos del corazón abandonado. No es la falta de miembros, es la falta de espíritu, es la falta de ánimo, la castración sentimental sufrida conlleva la amputación mental del cuerpo.

No puedes caminar, porque el enfrentamiento de nuevo a un sentimiento fuerte produce el anquilosamiento del sistema defensivo, y solo queda el escondite entre silencios y latidos muertos, la cabeza perdida entre preguntas huecas, huérfanas de respuestas.

La desconfianza altiva, insultante hacia uno mismo, el repudio del yo profundo y sus sentimientos, la deserción del yo, la negación del tu. Daños profundos, colaterales, ocasionados quizás por acción involuntaria pero certera, permanentemente tocados, humillados, heridos.

El coma del interno sentido compartido, la muerte del instinto más primario, la atracción de otro ser clavado en la profundidad de la química más intensa, el amor. No hay resurrección, no hay antídoto. El abandono hizo su labor, la soledad privando hasta del abandonado, la difuminación de la libertad al cercenar la voluntad del individuo, la muerte más lenta y cruel, el olvido hasta de uno mismo, la ausencia de cualquier soporte protector mental, el adios más intenso y el más lento. La nada, el frío cero absoluto. 

Condenado. Ejecutado.

miércoles, 4 de marzo de 2015

TENGO MIEDO





Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
                        y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
                    viceversa.

(Mario Benedetti)






No me canso. Llegaste cuando la oscuridad me infiltraba el pensamiento, cuando la noche se hacía eterna, cuando el frío entraba por las venas convirtiendo en gris mi existencia, y aún asi tengo miedo. No me canso pero tengo miedo. 

Tengo miedo de darme una oportunidad, de perder las únicas ramas que me quedan como vestigio de que una vez viví. Tengo necesidad, esperanza, urgencia, alegría, pero siento miedo. Siento miedo al fracaso, a la decepción, al ser gris que la acompaña, al dolor del abandono, al terror de la soledad impuesta. 

Y te niego y me niego como siempre, al comienzo del día, para luego recaer y sucumbir a la imperiosa necesidad de verte, de tocarte, de olerte, de mirarte, de abrazarte con cualquier excusa tonta y susurrarme sigilosamente que no está bien, que te engaño y que me engaño, que el fracaso está presente, la decepción agazapada, el gris camuflado entre colores más vivos para no delatar su existencia, el dolor  amenazando tormentas de abandono y la soledad llamando mientras a esa puerta que me niego a abrir porque tengo miedo.

Que miedo y también cuanta esperanza de volver a verte mañana.

sábado, 28 de febrero de 2015

LA PALABRA, SIEMPRE LA PALABRA.....¿Y TU?



Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Blas de Otero)




Cerré los ojos, me dormí tranquilo, confiado, pensando en que quizás en mis sueños tendría la suerte de encontrarla como era, después de muchos años juntos, joven e ilusionada, con su mano estrechándome la mía y la mirada fija en el futuro.


Cerré los ojos con la paz del que ciegamente se entrega, con la serenidad del que sabe en lo alto siempre estaría ella, presta a lanzar un cabo al que agarrarse y sabiendo que con su vigilia centinela nunca me hundiría.

Cerré los ojos y al abrirlos todo había desaparecido. El oleaje golpeaba con fuerza el malecón de mis sentimientos, produciendo lágrimas que se perdían entre las lágrimas que el mar de la soledad soltaba furioso contra mi. No había mano, ni centinela, ni cabo. El mismo peso de mi existencia me hundía, me hunde, y tan solo las ramas que brotaron de tanto amor mantienen a flote una cabeza que lucha por tener lo único que la queda, la palabra, las bellas palabras con las que puedo recordar momentos ya olvidados por mi antiguo sostén pero que se mantienen vivos construyendo una esperanza que sé falsa, que no se mantiene pese a las maderas que la sostienen como bateas ancladas en un tiempo humillado y vencido, quizás trabajado a base de días de tranquila rutina que no resultaron como mi ciega confianza creía.

Si como dice el poeta, si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, tengo seguro que nunca perdí la voz en la maleza, que siempre mantuve la palabra como cimiento de mi bamboleante existencia, y esa es la única certeza de hoy, saber que me queda la palabra, preciada llave para abrir caminos nuevos, prometedores y atrayentes. La única pena es que es llave y no machete para salir de la espesura oscura de esa selva abandonada en la que me encontré al abrir los ojos que cerré tranquilo, confiado.

Ahora ya solo me queda la palabra, y una pequeña, diminuta esperanza en el horizonte, quizás eso que al final parece dislumbrarse sea la senda nueva que permita cerrar de nuevo los ojos, pero, ¿será suficiente la palabra? es lo único que me quedó, que poseo, que vence las ganas de abrazarse a la oscuridad y permanecer en ella hasta que llegue la eterna Parca y enlace mi mano entre las suyas. La palabra, siempre la palabra, ¿y tu?