ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

lunes, 22 de marzo de 2010

OYE LOS PASOS DEL TIEMPO, INVENTOR DE LUGARES SIN PESO NI SITIO...

Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraida,
paasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oirme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormidda con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tu cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.
(Octavio Paz)



Es curioso como cada gota de esta recién estrenada primavera me recuerda a tí y a la espera en el parque, disimulando, entre amigas, con la mirada en el camino por donde llegaba hasta donde reías nerviosa, preguntándote si hoy saldría.


Nueva primavera y cada brote que anuncia el vestido blanco que vestirá el almendro me obliga a volver a los momentos contigo, paseando por la afueras para que nadie nos viera, evitando el encuentro con nadie que provocara el castigo inmenso de no verte el siguiente fin de semana recluida en la casa por el delito de vernos.

Me gusta el olor del agua en la tierra, el aroma a tierra del sur que me traen las nubes al descargar entre las calles por las que paseo contándote en susurros, en voz baja, el regreso del vencejo y su picoteo entre los verdes brotes de arbustos, rompiendo el silencio del invierno y su solitario cielo. Quizás hoy te encuentre, entre esas mismas ramas por donde el ave juguetea ensayando su futuro cortejo danzarín, y te diga que, como entonces, bailemos entrelazados con solo la música del entorno natural de un viejo camino de la estación entre árboles tatuados con testimonios de iniciales entorno a un imperfecto corazón.

Oye los pasos del tiempo, inventor de lugares sin peso ni sitio...

domingo, 17 de enero de 2010

...DE POETAS VENCIDOS, DE SOÑADORES SIN SUEÑOS, DE VIVOS SIN VIDA,...



Ando en busca de un huidizo poema
perdido tras los laberintos del silencio.
Quizá ha quedado prisionero en el espino,
ahora mismo, cuando gime,
tatuado por el viento.
No dejó ningún rastro:
Tal vez fue devorado
por el aire irrevocable del tiempo.

¡Es que es tan frágil
como el evanescente color de las hojas,
ya vencidas, una a una,
por el dolor del otoño!

¡Sin nombre se me ha ido, se me ha ido!
Quizá porque no tuve tiempo de besarlo.

Todo es incertidumbre
en el país del ansia.
¡Y que vasto abandono es el ayer!

Pero al fin lo he encontrado:
mendigo entre cenizas,
manchado de tinta y de barro invisibles,
sobre el inagotable papel de la vida.

Quiero besarle todos los olvidos
atribulados por el viento.
Quiero calmarle la sed
que brota del silencio.
Quiero limpiarle mi sangre
que cubre cada verso,
cada verso…

Cada verso…

(Virginia Pinedas)


Veo los colores del invierno, y me gustan una vez salido del oscuro pozo en que me hallaba, veo los colores y me río con ellos, disfruto de ellos como crío, aunque en ocasiones, en el blanco frío de la nieve descubro huellas de la fiera que me busca, que me persigue, sin darse por vencida de mi huida de su mundo de oscuridad y tristeza. Me otea y al rececho me va acorralando, acercándose silenciosa y lentamente, hasta que me vuelvo y la grito, ¡¡¡¡¡¡VETE, VETE!!!!!!!!!, y se vuelve recelosa, con la cabeza gacha, a la oscuridad en la que vive, peo en sus ojos veo que no se rinde, que regresará mañana a intentar de nuevo arrastrarme a ese submundo de poetas vencidos, de soñadores sin sueños, de vivos sin vida, pero no importa, encontraré el poema perdido, la risa sonora mientras levantando los brazos me dejo llevar por ese viento del sur que me mezcla con el arco iris y sus colores venciendo la negra oscuridad de la guarida tenebrosa de la bestia. Hoy tampoco ha vencido; a estado cerca, olía su aliento ponzoñoso de dolor y vacío, pero he vencido y se ha retirado, aunque quedan sus huellas en la nieve, recordándome que quizás mañana, quizás mañana,... vuelva.

martes, 5 de enero de 2010

RESURGIR DE LA TIERRA CON LA ESPERANZA RENOVADA....HALLELUJAH



Nuevo año, meses, un par o asi sin entrar en la Taberna del Mono Rojo, justo cuando las cosas no podían ir peor, cuando el suelo parecía más cercano y el universo más alto, más lejos, más inalcanzable. Semanas alejado de mi barra, de la jarra de cerveza, de mi gente, de la poesía, de las canciones pasadas que alimentan mis noches de insomnio, de todo lo que no fuera sufrir recordando, de morir matando los malos recuerdos para al final sobrevivir con los agradables, con los buenos, aunque algunos no fueran ciertos, ¿que importa! son recuerdos. Días eternos de muerte y dolor. Terrible experiencia, quizás necesaria para atravesar el camino hasta aquí, hasta el nuevo año, resurgir de la tierra con la esperanza renovada en uno mismo, en los demás. Vencida ya la muerte por la vida, negados los instantes negros, los grises, que han ido dando paso al resto de colores, resguardados hasta hoy quien sabe donde, a la espera de este nuevo día, a la espera de que las puertas de la taberna del Mono se abrieran de nuevo empujadas por esta mano cansada pero en vía de recuperación del largo viaje en el que la Parca marcaba su ritmo, su incansable gorgoteo de últimos suspiros y llantos.

YA estoy bien, recien llegado del pais de la tristeza, de donde cuesta salir si te abandonas, de donde sale la tristeza del poeta que me niego a asumir como propia, de donde los cristales de Manuela, de donde el color encuentra un muro de resistencia oscura y lóbrega, en donde en el último momento un relampago de consciencia te rescata al alumbrar tus ideas, y sales, regresas y te encuentras de nuevo el olor a tierra mojada, el suelo enmoquetado de hojas caidas, el cuello del gabán subido y el vaho que demuestra que estás vivo.

De nuevo la risa del niño, la mirada de pillo del anciano, el milagro de la vida a cada paso, la Taberna con el Cipri, mi cerveza y mis canciones. De nuevo mi anormal normalidad, de nuevo con vosotros, mi gente, de nuevo conmigo. Feliz año a todos, y...hasta mañana, nos vemos en la Taberna.

martes, 10 de noviembre de 2009

MADRE, MI MADRE.




No las grandes verdades yo te pregunto, que
No las contestarías; solamente investigo
Si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
Por los oscuros patios en flor, paseándose.

Y si, cuando en tu seno de fervores latinos
Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
Te adormeció las noches, y miraste, en el oro
Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.


Porque mi alma es toda fantástica, viajera,
Y la envuelve una nube de locura ligera
Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.


Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marineros
Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

Alfonsina Storni



En la fotografía dos de las mujeres que más he amado, que más amo, mi madre y mi hija pequeña. Una me ha dejado hace tan solo cuatro días, es la raiz, el tronco, el árbol del que salimos las ramas. La otra es el tierno brote en el que se eterniza la obra de esa maravillosa mujer que ya no está con nosotros.

Se marchó, casi en silencio, como se marchan las personas que no dejan nada atrás que les lastre en el camino. Se marchó y ahora recuerdo los momentos que pude haberla ido a ver y no fuí; los instantes en que entre la conversación podía haber intercalado un te quiero y no lo hice; la necesidad inagotable que sentía esta maravillosa mujer de ser abrazada, besada, querida, y las veces que desaproveché haberla dado más besos.

Ahora, que ella está donde el tiempo no corre, a mi me gustaría que retrocedieran las agujas del reloj, que volvieran de la basura las hojas de meses, de años pasados en los calendiarios, de volver a tenerla en mis brazos y decirla lo que la quería, lo que te quiero, madre. Solo me quedan los recuerdos, la esperanza de encontrarte algún día, cuando también yo me marche, y decirte entonces todo lo que no te dije lo suficiente cuando pude. Te quiero, madre, te quiero por como eras, por los sacrificios que hiciste por nosotros, por el amor que nos diste y el que nos inspiraste, por enseñarme que lo importante es decir lo que se siente cuando se siente, (aunque no siempre te hice caso en eso), por enseñarme a que llorar no solo es cosa de mujeres, por hacerme ver y sentir la vida que nos rodea, por empeñarte en que viera milagros hasta en las cosas más insignificantes y pequeñas, por querer los colores, por buscarlos, por enseñarme a no odiar y que amando se consigue más y mejor en cuanto a felicidad se trata. Que más importante es la persona que el dinero, los sentimientos a lo material, la verdad a la mentira aunque sea esta piadosa, a.....

Por tantas te quiero, por tantas cosas te estoy en deuda.
Dios, como te echo de menos, y cuanto, cuanto te quiero.

sábado, 5 de septiembre de 2009

...Y SI NO, COMO DECÍA AQUEL, ...OS QUEDAN LAS PALABRAS



Quizás los corazones que no dejan de absorber colores, que se emocionan por el despertar de una pequeña brizna de hierba entre el cemento de la acera, o al oler la húmeda tierra antes de que la lluvia caiga, quizás, solo quizás, se agotan antes. Quizás el corazón tenga un tope, y cuando está lleno, aunque nosotros continuemos pensando que todavía queda más hueco por llenar, más rocío que beber, más oleajes que disfrutar y que aun podemos disfrutar con ese frío viento del norte golpeando nuestro rostro, quizás la realidad sea otra, y la misma gama colorida de la vida de la que estamos tan enamorados controla nuestro ansia y reparte a cada uno lo que le toca para que no podamos llevarnos todo, como quisieramos y dejemos algo a los demás.

Parece que todo indica que ya está lleno, que no caben más recuerdos agradables, ni muchos más amaneceres ni coloridas despedidas del día con su rojizo hasta mañana en la lejanía en la que se oculta para dejar paso a la bella y dulce cara de la luna con su corte de luceros y estrellas danzarinas. Parece que poco hueco queda para picos hambrientos de polluelos en sus nidos entre la pared y la cornisa, o para ver como el cardo áspero pare a la hermosa flor morada. Ya no se sabe si este adios del atardecer será el último, o mañana, o pasado, o cuando. Ahora habrá que esperar que los demás opinen y hablen sobre si mucho, sobre si poco, es igual, siempre bebí los atardeceres como si fueran los últimos y tomé los amaneceres con la alegría de poder beberme otro ocaso. Así los disfruté todos, al máximo, con la pasión que solo conocen los corazones ansiosos de colores. En fin, ¿quien sabe lo que queda? disfrutemos como si este fuera el último de todos, y si mañana un rayo toca mi ventana y me despierta sabré que aun tengo otro, y si no, como decía aquel, ...os quedan las palabras.

¿PODRÍA ESCRIBIR LOS VERSOS MÁS TRISTES DEL MUNDO? NO, ME ENSEÑASTE LO CONTRARIO.



Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


(Pablo Neruda)(Poema nº 20 de "20 poemas de amor y una canción desesperada")





¿Que te digo yo ahora que no haya dicho el maestro del amor escrito? Si parece que estuvo presente en cualquiera de esas noches estrelladas en las que ellas envidiosas de nosotros jugaban guiñando con sus juegos y carreras para llamar la atención de nuestros ojos, unidos, mirándonos de cerca, respirando el mismo aire, juntando nuestros rostros aislados del resto del mundo, paralizado el tiempo en torno nuestro.

Podría como Pablo, el gran maestro del amor escrito, intentar escribir los versos más tristes del mundo, incluso llorar su ausencia en esta noche, en tantas noches, pero no puedo, no puedo escribir tristezas, porque su recuerdo me acerca a ella, a esas noches estrelladas en las que cada luz era un reflejo de sus ojos. Recuerdo sonriente su risa, su tímida carcajada ante cualquier tontería mía, el calor de su mano entre mis manos, y su cabeza apoyada sobre el hombro que ni atreverme a mover podía por miedo a que se retirará, hurtándome el fresco olor de sus cabellos que aún ahora me invade al pensar en ella.

Podría escribir los versos más tristes del mundo si no hubiera tenido la suerte de conocerte, de amarte. Ahora, ahora ya se que nunca podría escribir los versos más tristes del mundo, me enseñaste que la tristeza no es más que la ausencia de vivencias, de amores, de colores; la rendición del ser ante lo negro.

Dios, como me trae tu figura esta noche estrellada, y que feliz me encuentro, porque sin ti estoy contigo, y te huelo, te siento sentada al lado mío, y noto el dulce peso de tu cabeza en mi hombro, que como siempre dejo quieto por miedo a perderte de nuevo, y es que aún, pese a los años... te quiero.