ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

viernes, 27 de febrero de 2026

LA ENTRADA TRIUNFAL


El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

(Poema de mi amigo Federico García Lorca).



Entró en la taberna con su abrigo de pieles y del cuello colgando un bello collar de tres vueltas grandes de perlas blancas cogidas en un gran broche de oro con brillantes rodeando a una preciosa esmeralda verde.

De una de sus muñecas, la derecha, un pequeño reloj de oro y una sencilla pulsera del mismo metal.

De la izquierda, cinco o seis pulseras, también de oro, y alguna con medallitas que colgaban unidas por cadenitas.

Maquillada profesionalmente y con el olor dulce y penetrante del perfume que llevaba, adelantó sus pasos hasta el mostrador recibiendo por el camino besos y abrazos de parroquianos admiradores de su esplendor y gloria.

Uno le acercó un taburete mientras otro la ofrecía un cigarrillo y un tercero mantenía levantado y encendido un mechero.

El Cipri ya había puesto sobre la barra su combinado favorito y la presentaba una caja de trufas de chocolate para que las degustara mientras consumía la bebida.

Un pesado insistía en hacerse una foto con ella, y otros dos, armados con dos bolígrafos la pedían un autógrafo.

Dejando el vaso, en el que destacaba la forma de su boca en el borde manchado del rojo salvaje del  pintalabios, en el mostrador, levantando el brazo correspondía con un saludo al grito unánime que atronaba la taberna con su nombre, Rosa, Rosa, Rosa...

Rosa, Rosa, Rosa. El brazo de Adiolinda sacudía de los hombros a la vieja prostituta del Mono Rojo. Rosa, Rosa, despierta mujer, que te harás daño. Rosa, Rosa, despierta y vete a casa mujer, que ya es tarde.

Abriendo un ojo Rosa vió en una mesa cercana al Cipri, hundida la cabeza y atendido por la Maruxaina. Su combinado no estaba en el mostrador, sino caído sobre la mesa, y no era un vaso ni era un combinado, era la copa de aguardiente que solía beber. De sus muñecas, en una, una pulsera de cuero con adornos grabados en el mismo, de la otra un reloj digital a pilas.

Entonces comprendió que nada de su entrada triunfal era real, que se había quedado dormida por el exceso de aguardiente, borracha sobre la mesa, y empezó a llorar limpiándose la nariz con la manga de su blusa antes de que Adiolinda pudiera pasarla un klinex.

Vega, acercándose, la abrazó y dándola un beso en la mejilla,  bajito, al oído, la susurró, "el sueño va sobre el tiempo flotando como un velero..."






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