Fugacidades, iluminaciones:
tiempo del agua en la clepsidra
y de la arena en su cristal,
voz del amor y de la música,
y los regresos del silencio
que viene y va por la memoria,
esa penumbra donde ocurren
fabulaciones de la arena
como el amor, como el silencio,
como la música y el agua.
(Poema del poeta y ensayista chileno, Pedro Lastra)
Una tarde, cuando ya había oscurecido, entró en la taberna Vega, que llevaba todo el día fuera, y apoyando en el mostrador una pequeña garrafa de tres litros, y dirigiéndose a Adiolinda y a Teresa, las dijo:
Estos muchachos de mi generación que vienen al Mono Rojo, entre los móviles, las redes sociales y demás, se han olvidado de algo que acompañó siempre a los parroquianos de esta Taberna, y para que los que no lo conocen lo sepan y los que lo han olvidado recuerden, traigo estos tres litros de un concentrado elixir hecho a base de polvo cósmico recogido en su viaje entre las galaxias. Con él recordarán la canción del baile de las estrellas y recibirán el equilibrio que reciben del firmamento todo aquel que la escucha.
Adiolinda comenzó a colocar sobre el mostrador los vasos de chupitos necesarios para que a nadie le faltara su porción, y mientras la camarera iba preparando los vasos, Teresa los llenaba del líquido de la garrafa.
Mientras, Vega, cogiendo su guitarra, dándole un palo de agua a la Maruxaina, comenzó a cantar una bellísima melodía que obligaba a todos los parroquianos a cerrar los ojos y a balancearse al ritmo que marcaba la canción y el sonido del agua producido por la Maruxaina con su instrumento
De repente, mientras la voz de Vega continuaba desgranando la penetrante música, un fuerte fogonazo de colores azul, verde y rojo, obligó a todos a abrir los párpados y acto seguido, muchos, a poner cara de asombro ante el espectáculo que se les ofrecía, pues todas las paredes y el techo del Mono Rojo habían desaparecido, encontrándose todos en un bien cuidado y repleto jardín de flores y setos desde el que la visión de un cielo estrellado como nunca, en el que las estrellas se movían siguiendo la canción de Vega, les conmovió y algo de dentro se les entregó al cinturón cósmico que veían moverse entre las grandes y brillantes luces con que se adornaban los astros y estrellas en ese firmamento puro y limpio de toda contaminación.
Una pequeña estrella fugaz, acercándose al jardín, sin necesidad de palabras, con el lenguaje del alma, les comunicó:
No olvidaos que la visión y compromiso con el Universo del que formáis parte, ayuda a equilibrar a los seres de la taberna de todos los tiempos.
Dicho ésto, la fugaz y pequeña estrella, con otro destello de luz, está vez blanco brillante, se elevó hacia los infinitos mundos del espacio, obligando a todos a volver a cerrar los ojos.
Cuando los abrieron, se encontraron de nuevo entre las paredes del Mono Rojo y el jardín había desaparecido.
Desde ese día, todos los asiduos a la Taberna del Mono Rojo, jóvenes o ancianos, novatos o veteranos, dedicaron un día del mes al baile de las estrellas.
Un día en el que los móviles descansaban apagados en las mochilas y Vega se acercaba a casa.
NOTA INFORMATIVA:
Al día siguiente de estos hechos, en los informativos de todas las televisiones y en todos los diarios, se hablaba del fenómeno extraordinario y nunca visto de la visita de auroras boreales en toda Europa.
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