ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

jueves, 30 de octubre de 2025

LA CARCEL DE LOS RECUERDOS

Un albañil quería... No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.
 
Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.
 
Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.
 
Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.
 
Un albañil quería... Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

(Poema de mi amigo Miguel Hernández).

Noches, cientos de noches en la taberna.
Horas, miles de horas ante una jarra de cerveza, ya calentorra, olvidada entre recuerdos narrados por parroquianos como yo, desgranadores casi profesionales de acontecimientos y sorpresas encontradas en nuestros recorridos por la vida.
Ahora, desde la mesa en la que me apoyo, veo las piedras que forman, unidas entre si, las oscuras paredes, y pienso que cada piedra tiene un nombre, distinto para cada uno que sea el que las observa, pero titulares del nombre de personajes que, noche tras noche, atracaban en el refugio, puerto seguro del Mono Rojo, protegidos de la borrasca callejera que nos empujaba a la dársena del Cipri.
Amores lejanos y perdidos, cada uno con su piedra, tallada por dos corazones que alguna vez parecieron latir al unísono.
Amistades de barra, efímeras y pasajeras, de confesiones alcohólicas y lágrimas cerveceras. También sus piezas, labradas por manos olvidadas del que solo la imagen queda.
Poetas de poemarios compartidos entre nubes de tabaco y vapores etílicos. También bautizaron sus piedras, como no, con nombres amargos y tristes, como su existencia, pues sin penas, muchos poetas no existirían.
Entre todos, los labrados pedruscos levantaban los gastados muros en los que, como viejos presos, pagábamos las penas impuestas por nuestra libre supervivencia.
¡¡¡¡Niña, cuando dejes de bailotear, tráete otra jarra, y búscate tú piedra!!!!

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