¿Qué es un olivo?
Un olivo
es un viejo, viejo, viejo
y es un niño
con una rama en la frente
y colgado en la cintura
un saquito todo lleno
de aceitunas.
(De mi amigo Rafael Alberti)
Como dice mi amigo, el olivo es un niño, o fué un niño. Ahora, en el seco retorcer buscando ese agua que en secano no hay, es un viejo que además lo parece, y de vez en cuando un brote revoltoso, por el motivo que sea, no crece, permanece pequeño, con hojas verdes achinadas, pero no crece, quizás en un intento, como ella, de mantenerse en el pasado, refugiada en ese sentimiento que no acompañó su camino desolado y vacío que fue transformando su cuerpo que en solitario se desmarcó de la mente creciendo acorde a lo que la naturaleza impone.
Quizás fué un intento de no dejar que el tiempo destruyera los puentes que de joven, muy joven, se levantaron y por los que luego no cruzó nadie, salvo salteados periodos de llamadas de teléfono o de cartas sudadas de amor prohibido y negado.
Quizás el litio, o las salas de psiquiatría ayudaban a mantenerse en el silencio con el que se recluía en busca de pasados mejores que se negaba a abandonar.
Su cuerpo, con las cicatrices que el tiempo deja, crecía y se relajaba con la acumulación de edad, pero su mente, presa en una adolescencia en la que el amor era el único anhelo de vida, doblaba como extraña contorsionista y con grandes señales de años sufridos en lo considerado como abandono que no acompañaba al resto en el paso de los años.
Es adolescente en cuerpo de anciana, es brote en tronco viejo, es sufrimiento del que me culpo. Es una niña con un saquito de amor perdido.
Ella espera en su cuerpo viejo, yo...yo ya no.
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