envejecidos por el anochecer
aleteando, las cornejas vuelan desde el sauce, tierra adentro.
>Un viejo solitario se detiene un instante en una orilla,
siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve que se acercan,
desde la orilla en sombras mira la luz enfrente
donde entre nubes y lago la línea de la costa más lejana
todavía refulge en la cálida luz:
aúreo más allá, dichoso como el sueño y la poesía.
La mirada sostiene con firmeza en la fulgurante imagen,
piensa en la patria, recuerda sus buenos años,
ve palidecer el oro, lo ve extinguirse,
se vuelve y, lentamente, se dirige
tierra adentro desde aquel sauce.
(Del poema Esbozos, de mi amigo Hermann Hesse)
No le gustan los espejos, no reconoce a quien le mira fijo, interrogante, desde el otro lado del vidrio.
No sabe quién es, no lo ha visto nunca, ni en sueños. Solo ahí, por las mañanas a primera hora, imitando sus movimientos, y a lo largo del día cada vez que entra a luchar contra una próstata que, egoísta, no quiere dejar escapar ni una gota de lo bebido o ingerido.
No pregunta a los demás, familiares, amigos o conocidos sobre quién es el mimo que desde el otro lado le imita sea cual sea el movimiento o el gesto, ya no pregunta, desde que alguién, no recuerda quién, le contestó que "si no tú sabes quién es, no pidas que los demás lo sepamos", y desde entonces, nada, ni un comentario, ni una pregunta más, nada, como si ese arlequín sin traje a cuadros, no existiera.
Pero le pasa mucho también en otros aspectos, de hecho cree que debe vivir la vida de otro, porque él no se esforzó para que su existencia transcurriera así, rodeado de esa gente tan distinta a la que imaginó, viviendo en un lugar tan opuesto al anhelado desde joven, incluso hablando utilizando un lenguaje del que siempre huyó.
Le han robado la identidad, sus ilusiones, su lucha, pero "los otros" no saben que aún hay un lugar no invadido, donde se reconoce y se ve, donde la lucha continúa, en silencio, pero continúa.
Un lugar desde el que aún prepara discursos motivadores para masas expectantes y decididas, como él, a conquistar el mundo.
Un lugar donde viven refugiados sus amores, en donde incluso hablan unos con otros, discuten y se reconcilian en su persona.
Un lugar en el que la resistencia aguanta y cada día renueva votos...
Hoy me he levantado y como cada día, lo primero, el cuarto de baño, te he visto y te he saludado. Ya se quién eres, esta noche por primera vez he soñado contigo, no con mi pasado, contigo, y he comprendido que, aún muy extrañado por no ser como ideaba, ese ser que me imita en el cristal, soy yo, finalmente derrotado por el viento de otoño que siempre gobernó el timón de mi vida, una vida diferente a la esperada, pero si, soy yo.
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