ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

lunes, 6 de julio de 2009

SIENTO MIEDO DE NO PODER APURAR TANTO




Un anciano consume su tabaco
en la vieja cachimba de nogal.
La tarde es solamente un cielo opaco
y el recuerdo amarillo de un rosal.

El anciano dormita...
Es tan triste la tarde para ver
un reloj descompuesto, y la infinita
crueldad de un calendario con la fecha de ayer.

Y silencio, un silencio propicio
para rememorar cómo canta una boca la lectura
de la antigua conseja familiar.

En el fino paisaje se depura
una tristeza del atardecer,
y el reloj descompuesto parece una dolida
conciencia de caoba en la pared.

Una pobre conciencia, cuya charla
con la vieja cachimba de nogal
es el agrio murmullo de un postigo
y el recuerdo amarillo del rosal.

(Jose Gorostiza a Bernardo Ortiz de Montellano)

Cuando descubro en las arrugas de un abuelo centenario miles de amaneceres apropiados, y en sus ojos la satisfacción de ver un nuevo atardecer, quizás el último, pero apurando hasta que el negro velo de la noche se apodere del espacio el rojizo adios del día al acostarse, siento miedo de no poder disfrutar tantos rayos primerizos entrando por la ventana empujando a levantarme.

Ojos arrugados, casi cerrados, pero vivarachos y brillantes por el saber aprendido con el disfrute que desde el primer día observaron. Siento miedo de no poder apurar tanto, que se me pare el reloj y cualquier atardecer el adios sea definitivo. Me queda tanto todavía por sentir...

domingo, 5 de julio de 2009

SOY DE AMOR QUE NO TRISTEZA



También en los supuestos de la nada,
el amor se presiente en la querella
de una futura creación: doncella
sabiéndose fecunda, recreada.

Antes de ser mi vida inaugurada,
fui barro enamorado de una huella,
de un talle vegetal, de alguna estrella...
Yo estoy hecho de tierra enamorada.

Y enamorado estoy de ti, y sustento
este amor enraizado y presentido
más allá de la vida y el momento.

Enamorado sin haber nacido,
y ahora tan muerto y nada, que presiento
la tierra enamorada que ya he sido.


(Javier de Bengoechea)


Cuando las luces del día se retiran y la calma vuelve a mi entorno, agradecido por el pasar del día con lo que me trajo de añadido, toco con los pies desnudos la tierra y noto esa fuerza con la que renuevo mis votos de amarre a la existencia, confirmando que como ella, soy de amor que no tristeza.

miércoles, 1 de julio de 2009

...MIENTRAS AQUÍ, QUIZÁS ALGUIEN, ALGÚN DÍA, AL LEVANTAR UNA COPA ME RECUERDE Y ...





También en primavera mueren los cisnes
y ahí flotaba
muerto un domingo
girando de lado
en la corriente
y fui hasta la rotonda
y distinguí
dioses en carros,
perros, mujeres
que giraban,
y la muerte
se me precipitó garganta abajo
como un ratón,
y oí llegar a la gente
con sus canastos de camping
y sus risas
y me sentí culpable
por el cisne
como si la muerte
fuese algo vergonzoso
y me alejé
como un idiota
y les dejé
mi hermoso cisne


(Charles Bukowski)


Igual de bello es el amanecer que el atardecer, tan solo los diferencia las cantidades inmensas de extraordinarios episodios sucedidos entre uno y otro. Igual de bello es el nacimiento de un ser que la despedida de éste; la diferencia está en nuestros ojos, si somos capaces de ver la marcha al terminar un ciclo como episodio anunciador de un nuevo amanecer o simplemente quedarnos con la frialdad del cuerpo inerte.

Cuando vengan la pareja de cisnes a buscarme quisiera que nadie se alejara como idiota avergonzado, antes bien al contrario se alegraran de mi marcha, celebrando conmigo el despertar en un lugar nuevo del que formaré parte, mientras aquí, quizás alguien, algún día, al levantar una copa me recuerde y brinde por mi, vagabundo viajero en el tiempo, allí donde me encuentre.

martes, 30 de junio de 2009

...Y MOVER LOS CABELLOS DORADOS DE LA TIERRA PREÑADA DE GRANO.



Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay quien canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quien dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos si no aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
ni a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que ríe por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.

(Gloria Fuertes)


Con lo fácil que es mirar alrededor y disfrtutar sintiéndose parte de ello, sin tener que buscar la belleza por caminos llenos de dificultades para al final no encontrarla por no darnos cuenta que siempre estuvo allí, al lado nuestro, sencilla y sin esconderse, acompañando cada paso, cada minuto, cada momento.

El viento es viento dice Gloria y asi es, solo viento, con toda su fuerza, con toda su fortaleza para correr libremente y mover los cabellos dorados de la tierra preñada de grano. Y Gloria, querida y añorada Gloria, hay otro pecado más, el de la falta de amor, la desgracia de no encontrar la capacidad de amar, de sentir, de vivir. Ese es el gran pecado...y la gran condena.

lunes, 29 de junio de 2009

LA MARIPOSA AZUL

...CUANDO ENTRASTE CON LA LLAVE QUE CONSERVAS.

Tú y yo, los dos, bajo la luz del día,
bajo la luz que dura en lo inocente,
¡Oh, sí, los dos, bajo la luz riente
queremos ser! Queremos... Yo querría.


Contra la sombra o la melancolía,
contra las injusticias del presente,
quién te tuviera siempre, siempre... ¡Tente
amor pequeño, campo de alegría!


Y aquí los dos mirándonos. sin vernos.
Aquí los dos hablando. Sin oírnos.
Buscándonos a tientas. Sin tenernos.


Y el tiempo ya empujándonos a un irnos
inacabable. No podemos sernos
jamás. Entrando siempre en el morirnos.


(Carlos Bousono)



Anoche de nuevo me visitaste en sueños. Entraste con la llave que siempre has tenido y me sorprendiste pensando en ti. Cogiste mi mano y volamos, como siempre, a otros lugares, desconocidos a veces pero en los que me encuentro tranquilo por muy oscuros que sean, sabiendo que nuestra presencia es suficiente para que colores victoriosos hagan que se retire avergonzada la oscuridad.


Anoche volé contigo hasta nuestros lugares secretos, aquellos donde el aire huele a ti y donde a menudo, cuando vienes, acudimos en esos encuentros clandestinos a los que desde hace años somos tan habituales.


Cuando abrí los ojos guardaba en mi mano el pétalo de una rosa azul, recuerdo del hechizo nocturno a tu lado. Misterios de un tiempo vivido mientras dormía cuando entraste con la llave que conservas.


viernes, 26 de junio de 2009

...COMO TU PRESENCIA SE ABRE PASO ENTRE EL TIEMPO



A menudo en el monte, bajo algún viejo roble,
viendo el sol que se pone tristemente me siento;
dejo que todo el llano mis miradas abarquen,
el cambiante paisaje que se extiende a mis pies.

Aquí el río con olas espumosas murmura,
serpentea y se pierde en oscuros confines;
allí inmóvil el lago es un agua dormida,
con la estrella de Venus adornando su azul.

En la cima, que bosques muy sombríos coronan,
el crepúsculo pone su fulgor postrimero;
y el brumoso carruaje que conduce las sombras
emblanquece, elevándose todo el amplio horizonte.

De la gótica flecha surge entonces un son
religioso que invade todo el aire; el viajero
se detiene y escucha la campana que mezcla
a los últimos ruidos de aquel día su canto.

Pero halagos así no conmueven mi alma,
que parece insensible, incapaz de emoción;
y contemplo la tierra como un vago fantasma:
no calienta a los muertos este sol de los vivos.

De colina en colina pongo en vano mis ojos,
desde el norte hasta el sur, de la aurora al poniente,
y me digo: «No existe ni un lugar en el mundo
donde pueda pensar que me espera la dicha».

¿Qué me importan los valles, los palacios, las chozas?
Sus encantos son vanos, para mí nada cuentan.
Ríos, montes y bosques, soledades amadas,
sólo un ser está ausente y todo es un desierto.

Miraré indiferente los caminos del sol,
qué más da si en su inicio o en su parte final;
si se pone o si nace entre nubes o azul,
¿a mí el sol qué me importa? Nada espero del día.

Si pudiera seguirle en su larga carrera
por doquier yo vería el vacío y el páramo.
Nada quiero de todo lo que el sol ilumina,
nada quiero tener del inmenso universo.

Mas tal vez más allá de su curva celeste,
donde el sol verdadero otros cielos alumbra,
si pudiera dejar mis despojos aquí
lo que tanto he soñado se mostrara a mis ojos.

Allí me embriagaría en la fuente deseada
y volviera a encontrar esperanza y amor,
ese bien ideal al que aspiran las almas
y que no tienen nombre aquí abajo en la tierra.

¡Si pudiera en el carro de la Aurora elevarme
vago fin de mis ansias, en el cielo hasta ti!
¿Por qué aún sigo atado a esta tierra de exilio?
Entre la tierra y yo nada existe en común.

Cuando la hoja del bosque cae sobre los prados,
cuando el viento nocturno la arrebata a los valles,
yo quisiera también ser esa hoja caída:
¡Arrastradme como ella, aquilones, borrascas

(Alphonse de Lamartine)


Sentado en el atardecer del verde campo, bajo la protectora sombra de un árbol, descubro entre la hojarasca y las ramas muertas como la vida se abre paso entre las sombras de la dura sequedad de las ramillas caidas, recordando como tu presencia se abre paso entre el tiempo, descubriéndome que no murió nada de lo nuestro mientras en la rojiza puesta tu silueta se asome a saludarme mientras absorto veo la caida del día mientras algun punto de luz brillante anuncia la pronta llegada de la noche.