Te recuerdo AmandaLa calle mojadaCorriendo a la fábricaDonde trabajaba Manuel
La sonrisa anchaLa lluvia en el peloNo importaba nadaIbas a encontarte con él
Con él, con él, con él, con élSon cinco minutosLa vida es eterna en cinco minutosSuena la sirena, de vuelta al trabajo
Y tu caminandoLo iluminas todoLos cinco minutosTe hacen florecer
Te recuerdo AmandaLa calle mojadaCorriendo a la fábricaDonde trabajaba Manuel
La sonrisa anchaLa lluvia en el peloNo importaba nadaIbas a encontrarte con él
Con él, con él, con él, con élQue partió a la sierraQue nunca hizo dañoQue partió a la sierra
Y en cinco minutosQuedó destrozadoSuena la sirena, de vuelta al trabajoMuchos no volvieron, tampoco Manuel
Te recuerdo, AmandaLa calle mojadaCorriendo a la fábricaDonde trabajaba Manuel
(Poema y canción de mi amigo Víctor Jara)
Él esperaba, como cada noche. En ésta agarrando con una de sus manos las solapas de su chaqueta en un intento de alargar el cuello levantado de la prenda escondiéndose del soplo helado del temporal mientras su mirada, nerviosa, casi no se apartaba de la solitaria y desalojada calle por la que, suponía, llegaría ella, apresurada, como siempre, alterada por el retraso y balbuceando excusas sobre el trabajo, el metro, etc.
Pero hoy no llegaba, tampoco ayer, ni antes de ayer.
No contestaba al teléfono y tampoco abría la puerta de su casa por mucho que quemara el timbre de tanto pulsarlo.
Escuchaba pasos en la oscura travesía y como un perro agudizaba las orejas mientras forzaba la vista luchando contra ese frío y gélido aire proveniente de cercanas sierras nevadas y frías.
En el interior de la taberna, el Cipri, saliendo del sopor de su no ser, y levantándose lentamente se dirigió a la puerta y abriéndola, pasó su brazo por detrás de la cabeza del hombre y, apoyando la mano en su hombro, le dijo, hoy no viene, compañero, llamó por teléfono y dijo algo de una tía de su madre, enferma o yo que sé, pero hoy no viene, camarada, pasa dentro y toma conmigo un vino que aquí hace frío.
Mientras, Adiolinda, la camarera, cogiendo un periódico sobre el que el tabernero había estado sentado, lo tiró a un montón donde papeles, bolsas de basura y botellas de plástico, esperaban su destino final en el contenedor.
Sobre la acumulación de basuras resaltaba el titular del diario, "Drama en el Mono Rojo, atropellada mujer al cruzar la calle mientras su novio la esperaba enfrente, en la acera".
1 comentario:
Luto en la taberna.
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