En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
(Poema de mi amigo Luis Cernuda).
Miles, millones de banderas abandonadas y tiradas una tras otra en montón de telas descoloridas y raidas, que en su día representaron anhelos e ilusiones, provocando revoluciones y exterminios dictatoriales, aplastando movimientos.
Palabras esparcidas por el viento y alicatando el suelo ennegrecido y pateado por oscuras botas militares que las reprimieron marcialmente.
Amores adolescentes, amores primeros, segundos, terceros y cuartos, cuernos retorcidos que fueron necesarios para unos y tortura y desencantos para todos.
Estudios, discursos y teorías amontonadas sin proceso alguno.
Sacrificios, hipotecas, atracos y premios de lotería, deudas de préstamos usureros y en algún lado, ingresos clandestinos de polvos comerciales escondidos.
Poemas, canciones, y ternura, abrazos y besos sin mesura, virginidades perdidas media docena de veces, mentiras caseras a lo bestia disfrazadas de piadosas falsedades y patrañas.
Excusas que no existieron, partes de baja viajeros, mezclados con dañinos sentimientos que nadie sabe por qué surgieron.
Pozos de años perdidos, agujeros negros de historias reales inventadas y al final nada, preguntar la hora cada segundo militando en el oscuro dejar de ser, afortunadamente sin saberlo.
Triste paraje, triste almacén de pasados...no se que escribo, no recuerdo, por esos almacenes, me pierdo, ignorante del lugar donde me encuentro
Arriba una luz pequeña, inalcanzable, no llego.
Palabras del Cipri.
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