ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

miércoles, 26 de noviembre de 2025

SALVAJE GAMBERRO

Esos rasgos de luz, esas centellas
que cobran con amagos superiores
alimentos del sol en resplandores,
aquello viven, si se duelen dellas.

Flores nocturnas son; aunque tan bellas,
efímeras padecen sus ardores;
pues si un día es el siglo de las flores,
una noche es la edad de las estrellas.

De esa, pues, primavera fugitiva,
ya nuestro mal, ya nuestro bien se infiere;
registro es nuestro, o muera el sol o viva.

¿Qué duración habrá que el hombre espere,
o qué mudanza habrá que no reciba
de astro que cada noche nace y muere.

(Poema de mi amigo Pedro Calderón De la Barca)



Cogiendo piedras del parque y arrojándolas contra el vidrio de las farolas de luz naranja fuerte que alumbraban la noche en la ciudad mientras alguna voz le gritaba desde un balcón "deja de tirar piedras, cabrón" y que él ignoraba provocando más insultos y más gritos del indignado ciudadano protector de la ciudad.
Una tras otra las luminarias fueron cerrando sus ojos provocando la oscuridad en la parte de la calle por la que el nuevo Atila había asolado con su certera puntería cuando dos coches de policía, con los rotativos azules encendidos, llegaron por ambos sentidos de la travesía, deteniendo y esposando al aprendiz de David sin honda introduciéndolo en uno de los coches patrulla camino de la comisaría en la que, en uno de los fríos y sucios calabozos que en el húmedo sótano se encontraban, pasaría la noche para por la mañana presentarse al juez.
Eso fue ayer y hoy, ya libre, nos lo contaba a los parroquianos en torno a unas cervezas en la mesa en la que nos refugiamos del color del día.
- Tuve que apagar las farolas. Yo no buscaba romper nada, pero su luz impedía la visión del maravilloso firmamento rebosante de estrellas en las que buscar temas bellos para mis poemas.
Los jueces también se perdieron alguna vez, tumbados con alguien en la cima de alguna loma, extraviados por el cosmos desde lo alto del cerro.
-Déjenle en libertad, con cargos.

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