ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

jueves, 6 de noviembre de 2025

El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

(De mi amigo, Jorge Luis Borges)


Está noche pasada soñé conmigo, les dije a los parroquianos que, sentados a mí mesa, escuchaban callados y expectantes mis palabras.
Me vi joven, con el pelo caído sobre los hombros, como solía llevarlo, con mi cazadora de segunda o tercera mano, azul descolorido, de aviación militar, comprada en una tienda de lo viejo en la calle De la Ruda, del Rastro de Madrid. Con mis queridos pantalones campana y calzado con unas alpargatas segarra que eran las que más duraban.
Estaba al lado del mar, sobre unas rocas que mientras aguantaban el envite de las olas, servían a la vez de posada a una cantidad indefinida de pequeños y rápidos cangrejos, que de golpe se paraban para luego correr de lado hacia otro agujero de la corpulenta masa pétrea con múltiples puertas para esos graciosos seres, siempre andando marcha atrás.
Recuerdo del sueño que miraba como el sol se bajaba de su trono celeste y poco a poco, primero un pie y luego el otro, (hermosos y lindos pinreles, nada de linfedemas), se iba sumergiendo en la animada mole de agua en la que las olas divertían a delfines en la alegre y  distraída jarana creada entre el viento y el mar para deleite de seres submarinos correteando entre corrientes.
Siempre pensé que volvería a encontrarme con la hermosa marejada marítima, que mi despedida del barco cuando marché de Rosas no fue definitiva, y que al final de mis días, cuando uno, cansado de caminar, volvería a su seno hasta el momento en que Dios me llame y mi cuerpo vague navegando donde quiera que el agua me arrastre mientras el viento del sur, cálido compañero unido al salitre pegajoso de Ponto, hijo de Gea, me acarician el rostro ya frío del  Forastero dormido para siempre.
Marcharme así, entre susurros de olas, con paleta de colores inimaginables, maravillosos, con el olor a mar en mis sentidos y de fondo, como ya dije, tu risa.
Ni faraones soñaron nunca con una despedida tan magna, tan preciosa
En cambio, lejos de mis sueños e ilusiones, permanezco amarrado por lazos invisibles a un tabla de madera que navega entre humos de cigarros y vapores de cerveza, mientras el resto de tripulantes escucha, callados, y una mano de Rosa, la vieja prostituta me aprieta la pierna y con la otra se quita una rebelde lágrima que demuestra su sensible borrachera.
Ya veremos.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Con las alas rotas


Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

(Poema de mi amigo, Mario Benedetti).

Estoy convencido que no todos los ángeles son bellos, esbeltos, rubios y con buena presencia.
Estoy convencido que no todos tienen un par de lindas y hermosas alas, blancas, radiantes, limpias.
Aquí, en la Taberna del Cipri, he conocido a ángeles de alas rotas por largos y cansados vuelos por la vida, feos por los años de dolores y angustias esculpidos en el rostro, de cicatrices profundas creadas por decepciones y desencantos en las aguas bravas de existencias duras prolongadas en el tiempo.
Silencios muchos y a veces, no siempre, cantos broncos, de ásperas gargantas acompañadas de sonrisas sinceras entre dientes amarillos.
Son ángeles también, que esperando la vuelta a casa aterrizaron en este aeródromo del Mono Rojo donde aguardan la llamada de alguien necesitado de ser escuchado y demandando, aunque mugriento, un hombro en el que apoyarse y regar con alguna lágrima.
Un ángel la vieja prostituta, que continúa atendiendo, ya por una copa en la barra, los lamentos del borracho al que han echado de casa.
Un ángel el poeta, que prolonga la amargura profunda de su alma al observar un enfermo de amor no correspondido y prorroga sus sonetos que tan solo otros ángeles tabernarios escucharán declamar en esas noches de alcohol colectivo.
Un ángel la anciana que, ya viuda, descubrió el oscuro mundo del Mono Rojo y, todavía sorprendida, se alistó para aprender escuchando percibiendo la existencia de otras vidas.
Ángeles de ropas sin marca y cuerpos marcados, ángeles sin parecerlo, ángeles, ángeles fuera del Paraíso, pero ángeles, de los que nunca hablarán en las iglesia, pero que en templos como éste, brillan con su propia y peculiar luz. 
Ángeles.

viernes, 31 de octubre de 2025

CUANDO VUELVA A LA CASA GRANDE

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
 
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
 
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
 
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
 
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
 
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

(De mi conocido Pablo Neruda)

De repente escucho una risita de esas flojitas, casi tímida, de rata y a mí mente viene aquella otra que, potente, me rescataba de la borrasca y el oleaje de mis pensamientos, liberándome de la desazón de mis paisajes neuronales y sus consecuencias.
Ya antes de hablarte como llegamos a hablar, al principio, cuando nos presentaron, en la pesadez insoportable de alguna reunión, al escuchar tu fresca y franca carcajada me sentía curioso y miraba, alargando el cuello y levantando la cabeza,  preguntándome cómo sería el artífice de esa animada hilaridad que sobresalía por encima de las voces y conversaciones del resto.
Tú risotada era el chaleco con el que me protegía de mi y del resto del mundo, era la pantalla antibalas bajo la que me cobijaba y disfrutaba escuchandote.
Más adelante, verte reír era respirar aire fresco en la contaminada sociedad que nos rodeaba.
La música de tus carcajadas me acompañó siempre, arrancándome una sonrisa al recordarla, y ahora, en el otoño de mi vida, pienso cuando llegue el final del invierno futuro de mi existencia, me niego a que derrames una sola lágrima por mi marcha. Tú, ríete, aunque nadie lo entienda, aunque critiquen, aunque alguno se moleste, que tu risa resuene en el tanatorio hasta que todos los difuntos levanten la cabeza por ver qué ocurre. Tú ríete, por Dios, deja que esas bellas notas hilarantes que tanto aprecio y que tanto me han ayudado no dejen de sonar en el día más importante de mi vida, el final.
Debe ser hermoso retomar el camino a Casa escuchando de fondo tu risa, la mejor flor para decir adiós. Tú ríe.

jueves, 30 de octubre de 2025

LA CARCEL DE LOS RECUERDOS

Un albañil quería... No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.
 
Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.
 
Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.
 
Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.
 
Un albañil quería... Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

(Poema de mi amigo Miguel Hernández).

Noches, cientos de noches en la taberna.
Horas, miles de horas ante una jarra de cerveza, ya calentorra, olvidada entre recuerdos narrados por parroquianos como yo, desgranadores casi profesionales de acontecimientos y sorpresas encontradas en nuestros recorridos por la vida.
Ahora, desde la mesa en la que me apoyo, veo las piedras que forman, unidas entre si, las oscuras paredes, y pienso que cada piedra tiene un nombre, distinto para cada uno que sea el que las observa, pero titulares del nombre de personajes que, noche tras noche, atracaban en el refugio, puerto seguro del Mono Rojo, protegidos de la borrasca callejera que nos empujaba a la dársena del Cipri.
Amores lejanos y perdidos, cada uno con su piedra, tallada por dos corazones que alguna vez parecieron latir al unísono.
Amistades de barra, efímeras y pasajeras, de confesiones alcohólicas y lágrimas cerveceras. También sus piezas, labradas por manos olvidadas del que solo la imagen queda.
Poetas de poemarios compartidos entre nubes de tabaco y vapores etílicos. También bautizaron sus piedras, como no, con nombres amargos y tristes, como su existencia, pues sin penas, muchos poetas no existirían.
Entre todos, los labrados pedruscos levantaban los gastados muros en los que, como viejos presos, pagábamos las penas impuestas por nuestra libre supervivencia.
¡¡¡¡Niña, cuando dejes de bailotear, tráete otra jarra, y búscate tú piedra!!!!

miércoles, 29 de octubre de 2025

A IKER, DEMASIADO JOVEN PARA EL VIAJE QUE HA EMPRENDIDO


NOTA ACLARATORIA:

ESTAS PALABRAS LAS ESCRIBÍ HACE MUCHOS AÑOS. HOY, LA TABERNA ME LO HA SACADO EN FORMA DE BORRADOR Y EN MEMORIA DE IKER LO SUBO DE NUEVO CUANDO AHORA, EN NOVIEMBRE, SE CUMPLEN AÑOS DE SU MARCHA HACIA LAS VERDES PRADERAS CELESTIALES EN LAS QUE, ESTOY SEGURO, BRILLA PARA ÉL, EN SU ETERNIDAD, LA LUZ PERPETUA Y DESCANSA EN PAZ.
(Un beso para ti, Marepi)

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Hoy de nuevo en la Taberna del Mono Rojo, solo y pensando en alguien que se ha ido, en alguien que demasiado pronto se ha marchado al otro lado en busca de nuevos horizontes, de nuevos arco iris, de nuevos sueños, quizás agotados los de aquí, pero muy joven, demasiado.

Pienso si alguna vez nos hubieramos podido sentar ante una jarra de cerveza como la que tengo ahora en la mano, ¿que te hubiera dicho? ¿de que te hubiera hablado para convencerte de que nunca se ha visto todo, que ni en un millón de años podríamos descubrir todos los misterios preciosos que nos rodean?, quizás hubiera podido hacer que esperaras un poco más, que te dieras, que nos dieras, esa oportunidad que ahora ya no podrás darnos, de disfrutar en este mundo más de tí, de tu risa, esa risa que en las fotografías se adivina sana, fuerte, poderosa.

¿Que motivos te han podido llevar a abrazar el negro velo de la marcha, del viaje sin retorno al otro plano, donde seguro estarán encantados de tener allí tu alegría, tu risa, de tener, como dicen tus amigos en tu facebook, al más, al mejor?

Cuanto cariño te llevas de tus amigos, de tu madre, de tus hermanos. Me ha impresionado el enfado de tu hermana, estaba muy enfadada contigo, pero aún así te decía que te quería. Con que cantidad de cariño, de amor de tus seres queridos te has marchado, y que cantidad de ese amor te has dejado aquí, en los corazones de quienes ahora mismo, esta noche, tumbados en sus camas, piensan en ti mientras unas lágrimas en tu honor mojan sus almohadas en una noche de insomnio en el que ni el cansancio les permite dormir y olvidar lo pasado por unas pocas horas.

No puedo dejar de pensar continuamente en tu madre, mi amiga desde que eramos unos críos, y el dolor que siente, el dolor y el amor por tí, y me duele, Iker, me duele mucho tu marcha, sin conocerte más que por sus palabras, por las palabras que hoy he leido de tus amigos, de tu hermana Nagore. Me duele como si fueras de mi familia, (que podrías haberlo sido si el destino no hubiera cambiado a los actores en el reparto de papeles), pero aún así, pese al destino, pese a todo, de algo si estoy seguro, en mi corazón, en mis sentimientos, eras uno de los míos, un pariente próximo al ser hijo de una mujer tan grande como tu madre, mi amiga del alma, mi confidente en muchos aspectos de nuestras vidas, y hoy, en la Taberna del Mono Rojo, ante esta jarra de cerveza, tragándome las lágrimas por tu repentino viaje, brindo por tí, para que desde donde te encuentres seas feliz, y cuides de los tuyos, de tu hermana, de tu hermano, de tu madre, y no olvides que mientras la mayoría de la gente se va igual que llegó, sin nada, tu te has ido con una maleta grande, muy grande, llena de amor, de cariño, y que te has dejado aquí mucho equipaje repleto de más amor y cariño, que seguramente irás recibiendo poco a poco en los sueños de tus seres queridos contigo.

Adios Iker, me hubiera gustado que tomáramos esa cerveza. Quizás podamos beberla cuando nos veamos algún día en esos campos de sueños nuevos que has ido a buscar. Quizás entonces, Iker. Mientras, recibe un fuerte abrazo de éste que podría haber sido algo más que un triste cliente en esta taberna desde la que te escribo en una noche de dolor y pena. 

Salud, Iker, y hasta que sea que Dios quiera.





No llores si me amas - Carta de San Agustin a su madre

No llores si me amas...

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oir el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!

¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes,
los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!

¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo,
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme; cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban,
y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a ver a aquel que te amaba y que siempre te ama,
y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme, pero transfigurado,
extático y feliz, no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas...


Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
La muerte no es nada.
No he hecho nada más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.


Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne, ni triste,
sigue riendo de lo que nos hacia reír juntos.


Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado,
¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?
¿sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos... tan solo a la vuelta del camino.


Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada.


Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.

Con todo mi cariño, con toda tu alegría


S Agustín.

martes, 28 de octubre de 2025

TESTIGOS

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia, todo cambia
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

(Mercedes Sosa – Todo cambia)


Cuando estaba en parvulitos, lo que ahora llamarían, más pomposamente, “Educación Infantil”, nos hacían dormir la siesta. Si no dormíamos, al menos nos teníamos que quedar en silencio, con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados en la mesa. 
Uno de esos días de insomnio vespertino, observé mis manos y pensé que sólo podía saber mi edad física a través de ellas. Eran pequeñitas y regordetas, la piel tersa, las uñas mordidas y con restos de pinturas de colores. 
Hoy, muchos años después, las vuelvo a mirar. Son más grandes, más huesudas. Las venas se marcan, azules, bajo una piel que pierde elasticidad y gana arrugas. Hay alguna cicatriz blanquecina y la marca de una alianza que decoro el anular durante años. 
Pero yo no he cambiado. Son los mismos ojos los que miran. ¿Qué ha pasado entonces? Sólo el tiempo. 
Y me pregunto: ¿quién soy yo? ¿Las manos o la mirada? Tal vez ambas. Pero las manos pertenecen al mundo que pasa; la mirada, al que permanece.
La mente también viaja, crece, se pierde, se reinventa. Con los años aprende y olvida, se llena de voces y silencios. Puede confundirse, desvanecerse, romperse incluso. Si el pensamiento se apagara un día, ¿dejaría de ser yo?
No. Porque hay algo más hondo que no envejece, que no se disuelve con los recuerdos ni con las palabras. Algo que no necesita nombre, ni forma, ni memoria. Eso que tiembla, callado, en el fondo del pecho cuando todo lo demás se apaga.
El cuerpo pasa, la mente cambia, pero el espíritu permanece. Es la raíz invisible de quien fui, quien soy y quien seguiré siendo, más allá del tiempo.

(De Alguien, Fantasma del Pasado)

NORMAS

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

(Poema de mi amigo Jorge Teillier)

Estaba todo reglado, todo calculado, medido. Cada cual conocía sus deberes, sus obligaciones. Derechos ninguno.
Faltar al sistema estaba castigado con la muerte, los soldados eran soldados, los obreros, obreros, los desocupados, parados eternos sin más cometido que el divertirse cuando les dejaban y con mucho cuidado por las penas de muerte. 
Las medidas, las justas. El orden, el establecido, férreo, cruel, desde hacía muchos siglos, sin evolución, siempre igual, la norma, la ley, el ordenamiento social, el estricto cumplimiento, la dictadura funcional y decretada en todo tiempo, pasado y futuro.
Paseando por las celdas vacías se dió cuenta de que no era nada, no era nadie, tan solo un número más a obedecer las normas obligadas y que ya nadie, salvo al parecer, ella, se cuestionaba y decidió rebelarse, no con actos guerrilleros ni violentos, que hubieran significado un suicidio, sino abandonando, marchándose desobedeciendo y quizás establecer con el tiempo una nueva comuna libre, donde la norma no fuera ley, solo consejo, donde la ambición y el deseo de cambiar de status no fuera delito condenado con la pena máxima. Donde un pueblo libre desarrollara una nueva, novísima existencia, y se fué.
Se marchó y viajó hasta encontrar una higuera, y una vez allí tomó posesión de un higo, donde fertilizó sus huevos entre las flores internas que sin tregua polinizó, y esperó la muerte cumplida ya su misión voluntariamente revolucionaria.
Su último pensamiento fue para la colmena, el sitio donde nació y creció.
Mientras, una sonrisa la dibujó el rostro al pensar que sus hijos nacerían y vivirían libres.

Han pasado dos años, del higo no queda nada, en su lugar celdas y más celdas de cera, legiones de obreras y soldados, una reina y unos cuantos zánganos reunidos en la entrada y de golpe, a una señal, los soldados y las obreras se tiraron sobre una que había incumplido las normas hasta darla muerte.
Lejos, en el suelo, sucio de humedad,un viejo cartel con el nombre de Colmena Libertad acompañaba en su abandono a una memoria rendida.
Podría decirse que las abejas no tienen memoria.