ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

lunes, 11 de mayo de 2026

LA DEUDA

Tiempo presente y tiempo pasado

se hallan quizá presentes en el tiempo futuro

y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.

Si todo tiempo es eternamente presente

todo tiempo es irredimible.

Lo que pudo haber sido es mera abstracción

quedando como eterna posibilidad

solamente en el mundo de la especulación.

Lo que pudo haber sido y lo que fue

apuntan a un solo fin, que está siempre presente.

(Poema de mi amigo T. S. Eliot)




Recuerdo un día en el que la Taberna estaba cerrada por inventario.

Fue extraño, porque la Taberna era raro que cerrará, y menos por inventario. Arriesgándome un poco a que Adiolinda me echara a gritos del local, entré con la llave que siempre estaba debajo de una maceta grande a la entrada por si algún parroquiano se quedaba sin lugar donde dormir y encontré a la hija del Cipri con una libreta que ponía "todo esto debo".

Me explicó que eran las rondas, los guisados y menús, las raciones que había servido a clientes sin dinero a cambio de sus historias.

Resulta que, para no cerrar, cada invitación la pagaba Adiolinda de su dinero, pero la cuenta iba en aumento y la era imposible ponerse al día.

Yo la dije, dos soluciones tienes, la primera, no invitar más, la segunda, intentar cobrar algo de la deuda a los invitados, explicándoles el problema y pidiendo a los parroquianos que cuando pidan una cerveza o un vino, paguen dos 

Imposible, me contestó Adiolinda, si no invito a esa clientela sin dinero, los cimientos de la Taberna se revolverían cayendo sus muros, el Mono Rojo dejaría de existir y mi razón de ser desaparecería.

Y no puedo pedir dinero a quien ya me pagó con su historia. El cemento, la ligazón de la Taberna son las historias de sus clientes, sin ellas también caerían las paredes y la Taberna desaparecería.

Y tampoco puedo pedir a un poeta con esfuerzos para pagar su vino que me pague dos, terminaría contándome una historia para pagarme y la deuda crecería más.

En ese momento entró la Maruxaina con Vega y Teresa, y detrás de ellas avanzaron decenas de clientes del pasado, de esos que después de las tres de la madrugada aparecían en la Taberna y celebraban sus reencuentros en esta vida viniendo desde la otra.

Fueron pasando unos por uno por la barra donde estaba Adiolinda con la libreta, y uno ponía un escudo de oro, otro tres maravedís de plata, otro una moneda de cien pesetas, y así fue pasando el desfile del más allá, cada cual con monedas de su época y el montón de piezas de oro y plata continuó subiendo hasta que pasó el último, vestido con chaleco y camiseta a rallas, un sombrero de tres picos y un parche en el ojo, era un corsario que dejando un collar de perlas sobre las monedas dijo, nos ha convocado la Maruxaina, conocida nuestra de siempre, y nos ha contado lo que ocurría. Todos nosotros hemos contribuido con nuestra vida y nuestras historias a qué el Mono Rojo estuviera presente hasta ahora, en el que solo somos sombras, pero la Taberna continúa siendo nuestro hogar y es un hogar al que debemos mucho. Ha llegado el momento de pagar. Vende este tesoro y liquida esa libreta de lo que debes.

Un momento, gritó la Maruxaina, éste es mi refugio, donde me abrazaron y recogieron cuando abandoné esos fondos y a mí gente del mar. Nunca me pidieron nada, yo también soy parte de esta Taberna y por eso, - cogiendo y rompiendo la libreta - deuda pagada, a partir de ahora, las invitaciones a los que menos tienen las paga la Taberna, y la Taberna somos todos, tú ya no debes nada, cada cerveza, cada vino, cada menú, cada ración invitada saldrá de la esencia misma del Mono Rojo, de nuestras vidas y muertes, de nuestras historias, de nuestras presencias, pues esos invitados son también parte de estas paredes, la Taberna ayuda a la Taberna. ¡¡¡¡¡Deuda pagada!!!!!

Mientras, Vega y Teresa abrazaban, en la barra, a una emocionada Adiolinda.

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