ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

miércoles, 12 de noviembre de 2025

SOLEDAD ACOMPAÑADA

Lágrima triste en mi dolor vertida,

perla del corazón que entre tormentas

fue en largas horas de pesar nacida,

en fúnebre memoria convertida

la flor será que a tu corona enlace;

las horas de la vida turbulentas

ajan las flores y el laurel marchitan


(Poema de mi admirada amiga, Rosalía de Castro)




Pasa la noche, transcurren las horas y en la mesa el tiempo está detenido entretanto fantasmas pasados vuelven a visitarme mientras apuro frías  jarras de cerveza.

Los recuerdos se amontonan y se manifiestan de manera que la impresión es de no haber transcurrido ni un solo minuto en el que la soledad del frío tablero marcado dejara de impulsarme a marchar y el pasado, presente en esta noche triste se empeñara en mantenerme como memoria de la tasca del Cipri.

Con la yema de un dedo recorro los surcos labrados en la tabla, formando nombres, corazones, fechas con el eterno estuvo aqui y siento en cada estela, en cada rastro, el sabor amargo de lágrimas alcohólicas, ilusiones dañadas y risas ocultando un llanto eterno incrustado en el alma del novel e improvisado grabador.

Hoy, pocos parroquianos, callados, silenciosos, meditabundos e inmersos en sus océanos personales de inseguridades y fracasos.

Una jarra más y me marcho. Quizás conmigo venga esa procesión fantasmal de tiempos pretéritos, o quizás tan solo vaya acompañado de situaciones provocadas en los ayer de muchos días, o tal vez camine solo, echando de menos tan quimérica compañía.

No se, pero apuro la jarra y salgo.

martes, 11 de noviembre de 2025

MÁS TABERNA, MÁS NOSOTROS.

Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.

Moviéndose a compás, como una estúpida
máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que, incesante, con el mismo tono,
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae, sin cesar.

Así van deslizándose los días,
unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
sin gozo ni dolor.

¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
padecer es vivir!

(Poema de mi amigo, Gustavo Adolfo Bécquer)


Hoy estuvo Manuela en la taberna. Al principio no la reconocí, vuelta de espaldas a mí y con una cascada de pelo de invierno, blanco entre grises, que me llamó la atención al sentir que era alguien de antes y que encontraría de nuevo.
Se dió la vuelta y era Manuela, la misma Manuela de siempre, con una copa en la mano y hablando con un Cipri al que parecía rescatar de su fondo del no ser y que el viejo tabernero reconocía al ver la viveza, casi nunca encendida, de sus ojos.
Manuela y el Cipri. Cuántas noches de mostrador y taburetes hasta madrugadas altas, cuantas conversaciones y cuantos poemas.
Hoy ha vuelto ese brillo de la taberna matando las sombras llenas de bachatas y gente nueva sin sentido ante el refugio de los inadaptados de la calle.
Manuela, poemas sentidos y duros, como ella, poemas de whiskys y lágrimas, poemas fotográficos en palabras retratando ese mundo personal de Manuela, que ha vuelto hoy a dejar una marca en el tablero de la mesa mientras el Cipri hablaba animado.
Hoy, como siempre que regresa alguien veterano en mil batallas asociales , ha sido más taberna, más nosotros.


sábado, 8 de noviembre de 2025

OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

(Poema de mi amigo Luis Cernuda).


Miles, millones de banderas abandonadas y tiradas una tras otra en montón de telas descoloridas y raidas, que en su día representaron anhelos e ilusiones, provocando revoluciones y exterminios dictatoriales, aplastando movimientos.
Palabras esparcidas por el viento y alicatando el suelo ennegrecido y pateado por oscuras botas militares que las reprimieron marcialmente.
Amores adolescentes, amores primeros, segundos, terceros y cuartos, cuernos retorcidos que fueron necesarios para unos y tortura y desencantos para todos.
Estudios, discursos y teorías amontonadas sin proceso alguno. 
Sacrificios, hipotecas, atracos y premios de lotería, deudas de préstamos usureros y en algún lado, ingresos clandestinos de polvos comerciales escondidos.
Poemas, canciones, y ternura, abrazos y besos sin mesura, virginidades perdidas media docena de veces, mentiras caseras a lo bestia disfrazadas de piadosas falsedades y patrañas.
Excusas que no existieron, partes de baja viajeros, mezclados con dañinos sentimientos que nadie sabe por qué surgieron.
Pozos de años perdidos, agujeros negros de historias reales inventadas y al final nada, preguntar la hora cada segundo militando en el oscuro dejar de ser, afortunadamente sin saberlo.
Triste paraje, triste almacén de pasados...no se que escribo, no recuerdo, por esos almacenes, me pierdo, ignorante del lugar donde me encuentro 
Arriba una luz pequeña, inalcanzable, no llego.
Palabras del Cipri.


jueves, 6 de noviembre de 2025

El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

(De mi amigo, Jorge Luis Borges)


Está noche pasada soñé conmigo, les dije a los parroquianos que, sentados a mí mesa, escuchaban callados y expectantes mis palabras.
Me vi joven, con el pelo caído sobre los hombros, como solía llevarlo, con mi cazadora de segunda o tercera mano, azul descolorido, de aviación militar, comprada en una tienda de lo viejo en la calle De la Ruda, del Rastro de Madrid. Con mis queridos pantalones campana y calzado con unas alpargatas segarra que eran las que más duraban.
Estaba al lado del mar, sobre unas rocas que mientras aguantaban el envite de las olas, servían a la vez de posada a una cantidad indefinida de pequeños y rápidos cangrejos, que de golpe se paraban para luego correr de lado hacia otro agujero de la corpulenta masa pétrea con múltiples puertas para esos graciosos seres, siempre andando marcha atrás.
Recuerdo del sueño que miraba como el sol se bajaba de su trono celeste y poco a poco, primero un pie y luego el otro, (hermosos y lindos pinreles, nada de linfedemas), se iba sumergiendo en la animada mole de agua en la que las olas divertían a delfines en la alegre y  distraída jarana creada entre el viento y el mar para deleite de seres submarinos correteando entre corrientes.
Siempre pensé que volvería a encontrarme con la hermosa marejada marítima, que mi despedida del barco cuando marché de Rosas no fue definitiva, y que al final de mis días, cuando uno, cansado de caminar, volvería a su seno hasta el momento en que Dios me llame y mi cuerpo vague navegando donde quiera que el agua me arrastre mientras el viento del sur, cálido compañero unido al salitre pegajoso de Ponto, hijo de Gea, me acarician el rostro ya frío del  Forastero dormido para siempre.
Marcharme así, entre susurros de olas, con paleta de colores inimaginables, maravillosos, con el olor a mar en mis sentidos y de fondo, como ya dije, tu risa.
Ni faraones soñaron nunca con una despedida tan magna, tan preciosa
En cambio, lejos de mis sueños e ilusiones, permanezco amarrado por lazos invisibles a un tabla de madera que navega entre humos de cigarros y vapores de cerveza, mientras el resto de tripulantes escucha, callados, y una mano de Rosa, la vieja prostituta me aprieta la pierna y con la otra se quita una rebelde lágrima que demuestra su sensible borrachera.
Ya veremos.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Con las alas rotas


Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

(Poema de mi amigo, Mario Benedetti).

Estoy convencido que no todos los ángeles son bellos, esbeltos, rubios y con buena presencia.
Estoy convencido que no todos tienen un par de lindas y hermosas alas, blancas, radiantes, limpias.
Aquí, en la Taberna del Cipri, he conocido a ángeles de alas rotas por largos y cansados vuelos por la vida, feos por los años de dolores y angustias esculpidos en el rostro, de cicatrices profundas creadas por decepciones y desencantos en las aguas bravas de existencias duras prolongadas en el tiempo.
Silencios muchos y a veces, no siempre, cantos broncos, de ásperas gargantas acompañadas de sonrisas sinceras entre dientes amarillos.
Son ángeles también, que esperando la vuelta a casa aterrizaron en este aeródromo del Mono Rojo donde aguardan la llamada de alguien necesitado de ser escuchado y demandando, aunque mugriento, un hombro en el que apoyarse y regar con alguna lágrima.
Un ángel la vieja prostituta, que continúa atendiendo, ya por una copa en la barra, los lamentos del borracho al que han echado de casa.
Un ángel el poeta, que prolonga la amargura profunda de su alma al observar un enfermo de amor no correspondido y prorroga sus sonetos que tan solo otros ángeles tabernarios escucharán declamar en esas noches de alcohol colectivo.
Un ángel la anciana que, ya viuda, descubrió el oscuro mundo del Mono Rojo y, todavía sorprendida, se alistó para aprender escuchando percibiendo la existencia de otras vidas.
Ángeles de ropas sin marca y cuerpos marcados, ángeles sin parecerlo, ángeles, ángeles fuera del Paraíso, pero ángeles, de los que nunca hablarán en las iglesia, pero que en templos como éste, brillan con su propia y peculiar luz. 
Ángeles.

viernes, 31 de octubre de 2025

CUANDO VUELVA A LA CASA GRANDE

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
 
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
 
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
 
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
 
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
 
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

(De mi conocido Pablo Neruda)

De repente escucho una risita de esas flojitas, casi tímida, de rata y a mí mente viene aquella otra que, potente, me rescataba de la borrasca y el oleaje de mis pensamientos, liberándome de la desazón de mis paisajes neuronales y sus consecuencias.
Ya antes de hablarte como llegamos a hablar, al principio, cuando nos presentaron, en la pesadez insoportable de alguna reunión, al escuchar tu fresca y franca carcajada me sentía curioso y miraba, alargando el cuello y levantando la cabeza,  preguntándome cómo sería el artífice de esa animada hilaridad que sobresalía por encima de las voces y conversaciones del resto.
Tú risotada era el chaleco con el que me protegía de mi y del resto del mundo, era la pantalla antibalas bajo la que me cobijaba y disfrutaba escuchandote.
Más adelante, verte reír era respirar aire fresco en la contaminada sociedad que nos rodeaba.
La música de tus carcajadas me acompañó siempre, arrancándome una sonrisa al recordarla, y ahora, en el otoño de mi vida, pienso cuando llegue el final del invierno futuro de mi existencia, me niego a que derrames una sola lágrima por mi marcha. Tú, ríete, aunque nadie lo entienda, aunque critiquen, aunque alguno se moleste, que tu risa resuene en el tanatorio hasta que todos los difuntos levanten la cabeza por ver qué ocurre. Tú ríete, por Dios, deja que esas bellas notas hilarantes que tanto aprecio y que tanto me han ayudado no dejen de sonar en el día más importante de mi vida, el final.
Debe ser hermoso retomar el camino a Casa escuchando de fondo tu risa, la mejor flor para decir adiós. Tú ríe.

jueves, 30 de octubre de 2025

LA CARCEL DE LOS RECUERDOS

Un albañil quería... No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.
 
Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.
 
Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.
 
Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.
 
Un albañil quería... Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

(Poema de mi amigo Miguel Hernández).

Noches, cientos de noches en la taberna.
Horas, miles de horas ante una jarra de cerveza, ya calentorra, olvidada entre recuerdos narrados por parroquianos como yo, desgranadores casi profesionales de acontecimientos y sorpresas encontradas en nuestros recorridos por la vida.
Ahora, desde la mesa en la que me apoyo, veo las piedras que forman, unidas entre si, las oscuras paredes, y pienso que cada piedra tiene un nombre, distinto para cada uno que sea el que las observa, pero titulares del nombre de personajes que, noche tras noche, atracaban en el refugio, puerto seguro del Mono Rojo, protegidos de la borrasca callejera que nos empujaba a la dársena del Cipri.
Amores lejanos y perdidos, cada uno con su piedra, tallada por dos corazones que alguna vez parecieron latir al unísono.
Amistades de barra, efímeras y pasajeras, de confesiones alcohólicas y lágrimas cerveceras. También sus piezas, labradas por manos olvidadas del que solo la imagen queda.
Poetas de poemarios compartidos entre nubes de tabaco y vapores etílicos. También bautizaron sus piedras, como no, con nombres amargos y tristes, como su existencia, pues sin penas, muchos poetas no existirían.
Entre todos, los labrados pedruscos levantaban los gastados muros en los que, como viejos presos, pagábamos las penas impuestas por nuestra libre supervivencia.
¡¡¡¡Niña, cuando dejes de bailotear, tráete otra jarra, y búscate tú piedra!!!!