Aquí no hay viejos
Solo, nos llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia
Experiencia para dar consejos.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Somos seres llenos de saber.
Graduados en la escuela.
De la vida y en el tiempo.
Que nos dio el postgrado.
Subimos al árbol de la vida.
Cortamos de sus frutos lo mejor.
Son esos frutos nuestros hijos.
Que cuidamos con paciencia.
Nos revierte esa paciencia con amor.
Fueron niños son hombres serán viejos.
La mañana vendrá y llegará la tarde.
Y ellos también darán consejos.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Joven: si en tu caminar encuentras.
Seres de andar pausado.
De miradas serenas y cariñosas.
De piel rugosa, de manos temblorosas.
No los ignores ayúdalos.
Protégelos ampáralos.
Bríndales tu mano amiga.
Tu cariño.
Toma en cuenta que un día.
También a ti, te llegará la tarde....
*(Poema de mi amigo Mario Benedetti )
Había nevado en la ciudad y un paisaje gélido totalmente blanco había convertido a la urbe en una especie de sucursal de Siberia en el que pocos osaban salir a la calle.
La nieve había cubierto la ciudad, de igual manera, pensé, de cómo la nevada del tiempo había caído sobre la barba y mis pocos cabellos en la cabeza en una intensidad de la que los telediarios hubieran dicho que con un grosor de diez a quince centrímetros, todo lo vivido y experimentado durante años de existencia, quedó cubierto por esa nevada existencial sin quedar constancia de que ocurrió.
Sólo nieve, en mi testa, al igual que en las calles, todos los vicios, los adulterios, etc. habían quedado como en una amnistía motivada por la desertización producida por la invasión de tanto copo.
La gente me mira, yo me miró, y vemos ambos un viejo de barba blanca, silencioso, solitario y que probablemente, o ya nació así o no hizo otra cosa en su vida salvo convertirse en el anciano que ahora busca la silla más cercana a la hoguera para conservar ese calor que tanto anhela para reconfortar el permanente frío que arrastra por la sala.
Atrás quedaron amores de unas horas o largos y apasionados en el tiempo, amistades proclives a actos insumisos como los que acumuló en estos años de lucha, trabajos de todo tipo, estudios varios y muchos, discursos y presentaciones ante injusticias públicas, detenciones, porrazos de la sin razón de cuerpos, dicen, que de seguridad, y todo cuanto acontenció en su vida. Borrado en su totalidad el pasado, preso de la dictadura y de la imposición, sin recurso posible, de la capa de nieve temporal que transformó la figura de este antiguo guerrero de causas pérdidas antes de nacer en la del abuelo callado que ahora dormita frente al fuego.
La nieve, la invasión de la cana, terrible y inapelable, que te convierte en alguien extraño, desconocido, sin pasado y ya casi sin futuro.
Frías nieves las dos, la copiosa de la ciudad y la carcelaria de la presencia humana. Gélidas, implacables!!!
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