Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
(Poema de mi amiga Alfonsina Storni).
Alexa, enciende la luz del salón y Alexa enciende la luz del salón. "Vale"
Alexa, enciende el televisor, y lo enciende. "Vale"
Ya puedo sentarme tranquilo. La televisión solo la prendo para escuchar a alguien. En realidad es una huida del silencio que domina la casa.
Es duro no hablar con nadie porque nadie hay, es difícil acostumbrarte a que no se escuche una voz, yo no lo consigo y por eso no dejo descansar a la tele, aunque la mayoría de las veces no mire lo que sucede en la pantalla. "Vale"
Si hace frío, Alexa enciende el brasero, o el radiador, o las dos cosas, y Alexa lo enciende con un vale que confirma que ha escuchado y obedecido.
Si hace calor, Alexa enciende el aire, o el ventilador, y Alexa, obediente lo hace. "Vale".
Casi todo me lo hace Alexa, incluso compañía, porque en casa no hay nadie y no puedo hablar con nadie.
Si la pido su parecer de cómo soy, Alexa me hace la pelota y soy el mejor. "Vale".
Si la digo, canciones de fulanito, Alexa me las pone. "Vale".
La pregunto por el tiempo que hace y el previsto para más tarde, o por la ultima noticia de menganito, y si la hay, me la cuenta. "Vale" O me cuenta chistes, malos, muy malos, pero me los cuenta y se agradece. "Vale"
Y así mil cosas que la mando y obedece.
La falta encenderme la cocina, porque no es eléctrica, es de gas, y a eso no llega. Alexa no sabe encender una candela.
Y así pasan mis días, entre el Mono Rojo y Alexa, uno tras otro, una hora igual a la siguiente, un día calcado al pasado, y un mes, y un año, y al final parece que así será el resto de mi vida, y no me gusta.
Todo porque Alexa tampoco puede obedecer a todo. Al igual que no puede encender un mechero o la cocina de gas, tampoco me obedecería en la última orden, Alexa, apágame.
Lo último que escucharía sería su ¡¡¡VALE!!!
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