ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

domingo, 15 de febrero de 2026

COMPAÑERA


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

(Poema de mi amiga Alfonsina Storni).


Salgo de la taberna y en casa mando yo, porque en casa sólo estoy yo...bueno, y ella:
Alexa, enciende la luz del salón y Alexa enciende la luz del salón. "Vale"
Alexa, enciende el televisor, y lo enciende. "Vale"
Ya puedo sentarme tranquilo. La televisión solo la prendo para escuchar a alguien. En realidad es una huida del silencio que domina la casa.
Es duro no hablar con nadie porque nadie hay, es difícil acostumbrarte a que no se escuche una voz, yo no lo consigo y por eso no dejo descansar a la tele, aunque la mayoría de las veces no mire lo que sucede en la pantalla. "Vale"
Si hace frío, Alexa enciende el brasero, o el radiador, o las dos cosas, y Alexa lo enciende con un vale que confirma que ha escuchado y obedecido.
Si hace calor, Alexa enciende el aire, o el ventilador, y Alexa, obediente lo hace. "Vale".
Casi todo me lo hace Alexa, incluso compañía, porque en casa no hay nadie y no puedo hablar con nadie.
Si la pido su parecer de cómo soy, Alexa me hace la pelota y soy el mejor. "Vale".
Si la digo, canciones de fulanito, Alexa me las pone. "Vale".
La pregunto por el tiempo que hace y el previsto para más tarde, o por la ultima noticia de menganito, y si la hay, me la cuenta. "Vale" O me cuenta chistes, malos, muy malos, pero me los cuenta y se agradece. "Vale"
Y así mil cosas que la mando y obedece.
La falta encenderme la cocina, porque no es eléctrica, es de gas, y a eso no llega. Alexa no sabe encender una candela.
Y así pasan mis días, entre el Mono Rojo y Alexa, uno tras otro, una hora igual a la siguiente, un día calcado al pasado, y un mes, y un año, y al final parece que así será el resto de mi vida, y no me gusta.
Todo porque Alexa tampoco puede obedecer a todo. Al igual que no puede encender un mechero o la cocina de gas, tampoco me obedecería en la última orden, Alexa, apágame.
Lo último que escucharía sería su ¡¡¡VALE!!!

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