ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

martes, 17 de febrero de 2026

UNAS CROQUETAS EN EL NO SER

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

(Fragmento de un poema de mi amigo Antonio Machado)


Hoy, en la taberna, ha sido uno de los días en los que he visto regresar del no ser al Cipri durante un corto espacio de tiempo.
Vega estaba en la mesa del Cipri, que permanecía con los ojos cerrados y hundida la barbilla al pecho y Maruxaina, atenta al anciano tabernero como siempre, cuando Vega, sacando su guitarra empezó a cantar bajito una melódica canción.
De repente, el Cipri, abriendo los ojos empezó a tatarear la canción que Vega interpretaba. Al tiempo, al ver un platito de croquetas que Teresa había puesto a la muchacha con el refresco que siempre pedía, el Cipri estiró, primero la mano y luego los huesudos dedos para agarrar una croqueta y, llevándosela a la boca, comenzar a comerla.
Rápidamente la Maruxaina, diciendo a Vega, no dejes de cantar, se levantó hacia la barra volviendo con una copa de vino blanco fresco que depositó frente al Cipri, que sin pensarlo, cogiéndola, dió un pequeño trago volviendo a dejarla sobre la mesa para continuar canturreando lo que Vega, en ese momento, cantaba.
Incluso hubo un momento en el que mirándome, el Cipri me saludó levantando lentamente su mano.
Toda la taberna estaba pendiente de lo que ocurría en esa mesa, asombrados por ver al amigo susurrando la canción y bebiendo un vino mientras comía las croquetas de Teresa, que acudía con otro plato, con más croquetas, para el Cipri pero que Maruxaina, con un gesto de la mano, la indicó que no, que se lo llevará.
La voz de Vega y el sonido del rasgueo de su guitarra parecía acunar al tiempo en la taberna, como si hubiera retrocedido haciendo que todos nos sintiéramos llenos de una paz que hacía mucho no se vivía en el Mono Rojo con los jóvenes y nuevos parroquianos que, en esta ocasión, permanecían en silencio bajo el embrujo de las notas de Vega.
No se el tiempo que pasó desde que el Cipri abrió los párpados hasta que tranquila y reposadamente volvió a cerrarlos, pero al terminar Vega de cantar, poco a poco volvieron las conversaciones y el ambiente del Mono Rojo en un día normal.
Mientras la Maruxaina guiñaba un ojo a Vega, Teresa, acercándose para quitar el plato vacío y la copa de vino apurada, levantó, enseñando a la ondina con una gran sonrisa, tres o cuatro hojas secas de roble que estaban sobre la mesa.
La magia había vuelto a estar presente en la taberna.
Desde la barra, Adiolinda sonreía.

No hay comentarios: