Tengo un gran resfriado,
y todo mundo sabe cómo los grandes resfriados
alteran todo el sistema del universo,
nos enfadan con la vida,
y hacen que estornudemos hasta la metafísica.
He perdido el día entero sonándome.
Me duele ligeramente la cabeza.
¡Triste condición para un poeta menor!
Hoy soy verdaderamente un poeta menor.
El que fui otrora fue un deseo:se esfumó.
¡Adiós para siempre reina de las hadas!
Tus alas eran de sol, y yo por aquí sigo.
No estaré bien si no tumbándome en la cama.
Nunca estuve bien salvo tumbándome en el universo.
Con perdón, señor...¡ Qué gran resfriado físico!
Necesito verdad y aspirinas.
(Poema de mi amigo Fernando Pessoa)
Si, estoy constipado, creo, resfriado que diría mi madre, jodido que exclamaría mi padre o enfermo, que diría mi doctora de familia antes de recetarme paracetamol, algo que sé sin haberme hecho esos cientos de años que se tiran estudiando los futuros médicos antes de poder ponerse esa blanca bata, con estetoscopio al cuello que les confirma como otros mal pagados dentro de la sanidad patria antes de marcharse a Escocia, Irlanda o Inglaterra dónde parece que valoran más a un doctor español si hablamos de lo económico.
Quedamos en que estoy jodido, con fiebre, con unas ganas de escuchar bachata o merengue solo comparables a las intenciones de los negreros y traficantes de esclavos en la primitiva Haiti.
-Adiolinda, por favor, apaga esa música antes de que corte la luz del local y me guarde los plomos, y de paso me traes un café con brandy y miel y un vaso de agua para tomarme el quinto Paracetamol de la tarde:
Necrología, sucesos: muerto por sobredosis de acetaminofeno bañado en litros de café y brandy.
Que alegría le daría al gallego ver qué su escritor favorito sale por fin en la prensa, y encima por muerte por sobredosis; ventas miles de su libro, se promete el conde Dedón, galiciano él aunque residente en Gijón.
Y está niñata que no apaga la musiquita de las pelotas, -coño, tía, quita esa mierda.
Me contesta con una peineta mientras me saca la lengua estrechando los ojos y convirtiéndose de golpe en la hermana fea de Carmen de Mairena.
Dolor de cabeza, fiebre, estornudos, mocos destrozándome la roja y escocida nariz y la hermana fea de Carmen de Mairena, la cosa se va complicando.
Al final a urgencias, que no me curaràn, pero al menos durante las siete y ocho horas que me tendrán esperando en la sala de espera, formaré y estornudaré junto al famoso coro invernal de negacionistas de la vacuna de la gripe, y eso da un caché terrible en mi historial médico.
Si sobrevivo, mandaré un SOS, de lo contrario, que encuentren mi cuerpo siguiendo el rastro de mocos que me acompaña.
Saaachis..ludos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario