Este adiós que te guardo
está madurando con los días
Exprimo nuestra vivencia
y no la dejo quedarse
en el pasado
No puedo avanzar contigo
por que te deseo a cada instante
y desear lo que no se puede tener
es como escribir
sin que nadie te lea
Eso seguro que lo entiendes
Te quiero pero no deseo luchar
contra el destino
Disfrutaré de vez en cuando
de tu recuerdo
que seguirá alterándome»
(Poema de mi amigo, Mario Benedetti)
Era curioso ver cómo se comunicaban con miradas, con palabras sueltas o medias frases que ninguno comprendíamos, pero que debía ser su lenguaje particular con el que los dos se entendían frente a la incomprensión de quienes les observábamos.
Hoy llegó ella, sola, como siempre. Él vendría después, también solo, y se sentarían con nosotros entre risas y conversaciones de las que he detallado antes y que ninguno entendíamos.
Pero no, hoy solo llegó ella y sentándose en su sitio, gritó a Adiolinda, llamándola y pidiéndola unas botellas y unos vasos de chupito.
Nos miró fijamente, con esa mirada suya, dura, reservada, pensativa y nos explicó que los chupitos eran una invitación de él, que ya no vendría más y ella se lo había prometido ante su insistencia, y se encargaría de que se cumpliera su voluntad.
-Muchacha, le dijo a la camarera cuando llegó con la bandeja de bebidas y los vasos de chupitos, hoy solo chupitos a los habituales y la única música en la taberna, los fados de Amalia Rodrígues y la canción, ahora, con la primera ronda, de "el último trago", cantada por Chavela Vargas o por Buika, eso me da igual, pero hoy no quiero ni bachatas ni mierdas de esas.
Ahhh, y tráete al Cipri a esta mesa.
No entendíamos nada, y ella comenzó a narrarnos como sucedieron los hechos y como acabaron.
Estaba dormida, profundamente, y sonó su teléfono. Optó por no cogerlo y seguir durmiendo, pero el aparato no dejaba de sonar y terminó cogiéndolo.
Dime, estaba dormida coño, qué ocurre, pasa algo?
- Mira, déjame hablarte, me tengo que ir.
- ¿Ahora, a las tres de la madrugada? ¿No podías esperar a mañana para decírmelo?
- No, mañana no sé si podré. Llamo para despedirme y darte las gracias, por todo, solo eso.
Ahora me voy. Un beso.
Ella dejó el móvil en la mesilla y cabreada se volteó para continuar durmiendo, cuando en algún nivel de pensamiento algo no cuadraba.
Volvió a coger el teléfono y marcó su número. Nadie lo cogía. Una y otra vez llamando y nadie lo cogía. Se asustó, algo pasaba y no sabía que hacer.
Vistiéndose cogió el coche y se dirigió a su casa. Había luz y se escuchaba el televisor, pero nadie abría, nadie respondía.
Llamó a sus hijos y mientras estos llegaban telefoneó al 112.
Lo encontraron acostado, con una sonrisa en su cara, y efectivamente, se había marchado, ya no estaba él.
Más tarde, el forense nos dijo que había fallecido cerca de las diez de la noche. Un infarto fulminante.
Él me llamó a las tres de la madrugada, nos dijo, porque no sabía cuando podría hacerlo después.
Mientras, en la sala de la taberna la voz de Chavela cantaba "Tómate esta botella conmigo y en el último trago me besas.
Esperamos que no haya testigosPor si acaso te diera vergüenza..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario