ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

miércoles, 17 de diciembre de 2025

DE INQUISIDORES

Pero tú, sacra encina del celta,
y tú, roble de ramas añosas,
sois más bellos con vuestro follaje
que si mayo las cumbres festona
salpicadas de fresco rocío
donde quiebra sus rayos la aurora,
y convierte los sotos profundos
en mansión de gloria.

Más tarde, en otoño,
cuando caen marchitas tus hojas,
¡oh roble!, y con ellas
generoso los musgos alfombras,
¡qué hermoso está el campo;
la selva, qué hermosa!

(Fragmento del poema Los Robles, de mi amiga Rosalía de Castro)



En estos días fríos de diciembre, cuando según llegábamos a la taberna nos sentábamos juntos algunos habituales, cerca de la chasca que siempre permanecía encendida en este tiempo, era raro el que nadie hablara a los demás, que guardaban silencio y escuchaban lo que algún parroquiano explicara.

Yo quise hoy contarles algo de la magia del lugar y de donde viene. Para ello no me importó encerrarme durante horas en el registro municipal en busca de algún dato o alguna historia con la que distraer a los colegas del Mono Rojo, y comencé poniéndoles en situación:
Hace más de trescientos años, hacía 1690, la primera Taberna del Mono Rojo era apenas una posada de madera enclavada en la loma que dominaba al grupo de viviendas, chabolas muchas de ellas, que formaban la pequeña comunidad vecinal.
 Cuando la Inquisición llegó a la región, enviada por varias denuncias de brujería contra unas mujeres asustadas y presas desde entonces, la taberna se convirtió en el escenario de un auto de fé improvisado: bajo la luz temblorosa de las velas y las luminarias, los inquisidores juzgaron a tres mujeres acusadas de brujería. El veredicto fue rápido, apoyado por declaraciones falsas forzadas por la dura tortura que rompía la resistencia de las investigadas, que eran capaces de acusarse de hechos nunca pensados por ellas y mucho menos llevados a cabo por su mano, pero antes de que la sentencia se ejecutara, el mono rojo, un pequeño cachorro de mono traído en algunos de los viajes que con América España mantenía, que vivía en el techo, saltó al altar, robó la cruz de hierro y la lanzó al fuego, provocando una chispa que, prendiendo en la celulosa, hizo que el pergamino de la sentencia se incendiara. 
Los presentes  en el acto de fé, entre el humo y la confusión, interpretaron el acto como el de  una señal divina, y las condenadas como brujas fueron liberadas, quedando para siempre la taberna señalada como el lugar donde el Mono Rojo salvó la vida a tres inocentes mujeres, injustamente denunciadas por la envidia y el egoísmo de algunos.
Hay ocasiones que, en el aniversario de esos hechos ya contados, una pequeña lluvia de hojas de roble, presente del pasado, cae en el interior de la taberna, despertando la amplitud de pensamiento a todo aquel que recoge una hoja del carballo o roble.

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