Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, Despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
(Fragmento del poema La Marioneta, de Johnny Welch, aunque atribuido, falsamente, a García Marquez)
Me visto y salgo a la calle. Sin darme cuenta llegó a la puerta de la Taberna del Mono Rojo. Cerrada, como no podía ser de otro modo a estas horas, pero recordé el secreto del Cipri para los insomnes, un poyete de hormigón cubierto en la parte superior por unas baldosas y que permitía sentarse a descansar un poco si, como ahora, el parroquiano se encontraba cerrada la tasca.
Al lado dormía una argolla, una anilla grande, para encadenar bicicletas, y el Cipri me confió que girando la argolla en el sentido contrario a las agujas del reloj, permitía que la baldosa donde reposaba la anilla, se pudiera extraer y en el pequeño hueco interior construido en la la pared, siempre había dos latas de cerveza para aliviar el tiempo que el visitante permaneciera sentado en el poyete, a la entrada de la taberna.
En verano no se dejaban las cervezas, por cuestiones de temperatura, pero en invierno, con la bajada de las mismas, estaba asegurada la perfecta para poder tomar una cerveza fría, casi helada, y eso hice, abriendo una de las dos latas.
No pasaba nadie por la calle, y pensé en mi soledad y las vueltas que se tuvieron que dar para terminar así.
Quizás fue el karma, como me dice mi amigo Pepefel, o quizás no, quizás fuera ese guionista que desde lo alto maneja nuestros presentes jugando con los personajes que nos rodean, en un entretenido rol en el que aparecen y desaparecen por un tiempo de nuestras vidas y en el que todo está conectado, o lo parece.
Pero es triste el saber que personas que te importan, o al menos te importaron, y a las que tú también provocas un interés y aún significas algo, en este momento de desvelo intenso y solitario ellas están seguramente, dormidas en sus respectivas camas y ajenas a la situación en la que me muevo.
También he pensado a veces si mi papel en la taberna no es otro, al escribir los hechos ocurridos en la misma, que la de ese personaje desconocido, el guionista del universo, y los parroquianos se mueven y viven de acuerdo a como yo les detallo y escribo.
Si ésto fuera así, creo que posiblemente mis personajes, porque en ese momento pasarían a ser mis personajes, se rebelarían contra mi, déspota fabulador de encrucijadas y situaciones complicadas en las que se ven involucrados por mi pluma al escribir.
¿Seré un solitario castigado por el karma, o seré un ser de fuera, etéreo y en un estatus incomprensible para la mente humana, dedicado a crear mundos irreales en los que las personas son elementos de la narración en la que mi propia existencia no es más que una licencia de escritor para evitar sospecha de mi presencia casi mágica y sobrenatural desde la que me convierto en regidor de vidas e ilusiones?
Pobres parroquianos, esclavos de mis pensamientos y elucubraciones, de las ideas que para ellos crea mi mente sin dejarles tan siquiera la opción de negarse enfrentándose conmigo al desconocer mi existencia fuera de mi papel del Forastero Quizás.
Y si eso fuera así, terrible castigo el mío del que solo podría liberarme asesinando a todos mis personajes ideando alguna epidemia, accidente o atentado, cosas que no puedo fácilmente hacer al haber construido con la mayoría una amistad cercana a algo familiar que me une a ellos.
Espero que ande equivocado y no sea así la realidad de lo que sería una taberna literaria en la que no podría vivir sabiendo eso.
Me he tomado ya las dos latas vuelvo a cerrar la argolla dejando de nuevo las cervezas en su interior, pero está vez vacías, y levantándo mi cuerpo del poyete y de la chaqueta el cuello, con las manos en los bolsillos emprendo el camino de vuelta a casa pensando en lo que os he comentado.
Espero poder dormir algo
1 comentario:
Misterio resuelto. Al llegar y encontrar las latas de cerveza vacías me preguntaba quién habría estado por allí. La próxima noche quizás coincidamos.
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