ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

viernes, 12 de diciembre de 2025

QUIZÁS FUÉ UN SUEÑO


La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale,
y sale y entra
la muerte
de la taberna

(Poema de mi amigo, Federico García Lorca).


Estaba cansado y tenía sueño. No quería marcharme a casa porque repetiría jugada, no podría dormir, como cada noche desde hacía una semana, y la cabeza dándome vueltas y más vueltas manteniéndome inquieto y nervioso, seguramente con la tensión por las nubes.
Me había tomado tres jarras de cerveza e iba por la cuarta cuando, apoyando la cabeza en una de las columnas de la taberna se me fueron cerrando los ojos.
De repente, una voz reconocible del pasado me sobresaltó. Hacia mucho que no la escuchaba, ¡¡¡años!!!, "no tocarme los cojones, mirad cómo tenéis la barra de pegajosa, se quedan pegadas hasta las moscas", gritaba un rejuvenecido Cipri, con su mandil a rayas negras y verdes y su eterna visera tipo inglés, según él, fregando el mostrador con una bayeta empapada de agua y salpicando a todo el que estaba apoyado en el tablero. 
La luz era más fuerte, el amarillo de las bombillas había crecido en intensidad pareciendo que la taberna resplandecía por no se que motivo, y el Cipri, ya lo he dicho, rejuvenecido, muy activo, atendiendo él solo a todos los parroquianos que en la taberna se encontraban a esas horas, que eran muchos.
Pero coño, pensé, si Pacita había fallecido hacía tiempo, ¿que hacía aquí?, y Roberto, el estafador del Amor, si fuí yo al entierro.
No entiendo nada.
Forastero, te pongo otra o vas a estar aquí sin tomar nada, coño - me dijo el Cipri entre risotadas de las suyas - que estás pasmao, hombre, espabila!!!!
La actividad en la taberna era frenética, conversaciones cruzándose unas con otras, risas de la gente y los de la mesa del final cantando a pleno pulmón mientras el Cipri no dejaba de ponerles bebidas.
Las abuelas del cinquillo, con un brillo especial en sus miradas, hoy jugaban al poker, y mientras una miraba fijamente a otra, con un cigarrillo encendido en la comisura de la boca, la otra doblaba apuesta, veo y doblo, dijo muy seria.
La taberna estaba como en sus mejores momentos, y cuando iba a pedir otra jarra, una mano me sacudió con fuerza los hombros mientras la voz de Adiolinda me decía, "Forastero, tengo que cerrar, te quedaste dormido hace dos horas, pero, lo siento, tengo que cerrar".
Juraría que al adelantar al Cipri de la mano de la Maruxaina, éste, levantando la cabeza de su permanente sopor, me guiñaba un ojo, pero que va, no, no podía ser...¿o sí?

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