ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

sábado, 13 de diciembre de 2025

VINO DEL PASADO, FINAL

Al beber, gota a gota, los pétalos flotantes
me rozarán los labios, como labios de amante;
y, en su llama o su nieve de idéntico destino,
serán como fantasmas de besos en el vino.

(Poema de mi amigo, José Ángel Buesa)


Esa noche que ocurrió lo de la extraña botella de vino de 1893 que nos dejó sobre el mostrador ese misterioso personaje antes de desaparecer en la profundidad de la noche, al llegar a casa algo irresistible me impulsó a volver a la taberna y hacía allí me encaminé sin saber muy bien por qué regresaba.
Al llegar a la calle donde se sitúa el Mono Rojo, me sorprendió no ver coches aparcados, ni farolas eléctricas en las aceras, y en su lugar unas pequeñas luminarias de gas a cada lado de la puerta de la taberna y a ésta completamente cubierta de hiedra que moldeaba el contorno de puertas y ventanas mientras un letrero, colgado de una barra de hierro, con el nombre de la taberna pintado en la chapa ondeaba al viento que suavemente le golpeaba.
Era la taberna cuando empezó a funcionar como tal, hacía ya más de trescientos años.
Para mayor estupefacción me vinieron a saludar el resto de parroquianos que habíamos degustado el vino anteriormente y que habían experimentado el mismo impulso de volver a la taberna, que en ese momento abrió sus puertas como invitándonos a pasar.
Dentro ya descubrimos unos personajes, muy parecidos a nosotros, a Rosa, a Santiaguillo, al comisario, a todos nosotros, como copias vestidas de otros tiempos pasados en los que el ambiente del Mono Rojo debía ser igual al de este presente nuestro.
Muy asombrados comprobamos como los personajes actuaban como si nosotros no estuviéramos, con sus conversaciones, sus risas, sus canciones, sus pintas de cerveza, sus licores y vinos y todo a la luz amarillenta alimentada por gas.
En ese momento, uno de los personajes, yo juraría que era el misterioso ser que apareció en la taberna y si no era él era muy parecido, abriendo las puertas de salida e invitándonos a salir nos dijo: "Cada cien años la botella de hoy aparece y se trae a la taberna, pero solo los que permanecen con el corazón abierto al resto de parroquianos y entienden la manera de estar y comportarse con la tradición del Mono Rojo, pueden beber de ese vino y se les mostrará que son continuidad de una herencia arraigada en la historia.
Vosotros sois la taberna.

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