ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

domingo, 21 de junio de 2026

LADRONAS

Tened presente el hambre: recordad su pasado

turbio de capataces que pagaban en plomo.

Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,

con yugos en el alma, con golpes en el lomo.


El hambre paseaba sus vacas exprimidas,

sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,

sus ávidas quijadas, sus miserables vidas

frente a los comedores y los cuerpos salubres.


Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,

eran sólo de aquellos que se llamaban amos.

Para que venga el pan justo a la dentadura

del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.


(Fragmento de un poema de mi amigo Miguel Hernández)





Teresa, la cocinera del Mono Rojo se dió cuenta de que esa mañana, las fuentes pinchos de torreznos, croquetas y empanadillas, igual que las tortillas de patata se acababan enseguida, casi nada más ponerlos.

La ex monja, escondida tras la puerta de la cocina vió como dos mujeres, de unos treinta y pocos años, agarraban las tortillas y las fuentes de pinchos y los vertían en un tupper que llevaban escondido dentro de un gigantesco bolso que mantenían entre las piernas,  encima de las rodillas.

Teresa se lo dijo corriendo a Adiolinda, la hija del Cipri y dueña de la Taberna, que acercándose a las dos mujeres, sacó del gran bolso el tupper con la comida robada.

Perdone, dijo una de ellas, llevamos más de  tres días comiendo un arroz blanco, cocido solo con sal, entre nosotras y nuestros hijos. No tenemos dinero y necesitamos llevar algo a casa.

Adiolinda miró a la Maruxaina que se había acercado alarmada, y la sirena solo señaló con la vista dos platos de jamón que Teresa acababa de sacar a la barra, y Adiolinda la entendió, cogiendo los dos platos, los virtió en el viejo tupper de plástico y dijo: " este tupper es muy pequeño, y el hambre parece mucha. Mañana os quiero ver aquí a eso de las ocho de la mañana, en el Mono Rojo siempre sobra pan y algo.

Al día siguiente, ocho de la mañana en la Taberna, Teresa abrió las puertas a las dos mujeres con los niños.

Pasad, poneros estos mandiles , y a pelar patatas hasta que acabéis con el saco, las indicó mientras sentaba a los niños en una de las mesas donde Adiolinda acababa de poner unos tazones de cacao con leche, unas tostadas de pan con tomate y un poco de fruta.

Mientras pelaban las patatas ellas contaron que el padre de los niños salió corriendo de casa y no volvió.

El subsidio mensual, desapareció por no saben que infracción cometida, y el hambre entró en la casa sin poderlo evitar.

Cuando acabaron, Adiolinda les entregó unos tupper nuevos y grandes, llenos del estofado del que Teresa presumía, unos bocadillos de tortilla y en un sobre, unos cuantos billetes de euros.

Si queréis, podéis venir cada tres días para ayudarnos, y mientras, los niños desayunan, luego al colegio.

Y no es caridad. En esta casa nadie come tres días arroz sin nada y el Mono calla. Aquí, os agradecemos esa ayuda que nos prestáis y que tanto necesitamos, dijo por no avergonzarlas.

Los niños, ahora, ayudan a la Maruxaina a poner servilletas en las mesas, y si se cruzan con Teresa, la abrazan. Ya no pasan hambre.


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