ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

miércoles, 17 de junio de 2026

RESIGNACIÓN OBLIGADA

No me pidas que recuerde, 

no intentes hacerme entender,

déjame descansar y déjame saber que estás conmigo. 

Besa mi mejilla y toma mi mano. 

Estoy confundido según tu concepto, estoy triste, enfermo y perdido, 

lo único que se es que te necesito, 

que quiero que estés a mi lado. 

No pierdas la paciencia conmigo, 

no reniegues ni maldigas ni llores, 

no puedo hacer nada para cambiar,

no puedo ser diferente aunque llores. Solo recuerda que te necesito,

que lo mejor de mi se ha ido,

no te alejes de mi lado. 

ÁMAME HASTA QUE MI VIDA ACABE

(Poema de Olinda)




El Cipri pide la llave sin hablar, tan solo extiende la mano y la mujer que va con él, dirá sea. No recuerdo su nombre ni quien es, le pone encima la llave de la puerta de la Taberna. Es un ritual que no sabe cuando empezó, pero la puerta la abre él, eso no lo olvida, y al tiempo que la llave encaja entre los dientes de la cerradura, el mundo vuelve a encajar, durante unos segundos, después de desvanece.

No sabe si es domingo o miércoles, ni la hora, por la que pregunta a una mujer que entra a su lado en el local y que no conoce aunque ella le hable, ni sabe cómo se llamaba este sitio que huele a ron barato, ni los años que tiene, que tiene él, claro, y por eso pregunta de nuevo la hora a, debe ser una cliente, mujer que está a su lado, cogiéndolo de un brazo.

Ahora ya se le olvidó leer, ya no sabe que tiene cada botella al no comprender lo escrito en las etiquetas, pero el peso no engaña, sabe que el ron pesa más que el aguardiente pero menos que el orujo. ¿Para que cogí está botella? Se pregunta mientras la vuelve a dejar en la estantería, en otro lugar distinto a donde estaba.

¿Señora, que quiere tomar? ¿Sabe que hora es? Y la Maruxaina, paciente, le contesta que las ocho y pide un café con leche, ante lo que el Cipri se queda quieto, mirándola. ¿Quien será esta señora que viene tan pronto a la Taberna? ¿Pronto? ¿que hora es, señora?

Esa mujer le lleva hasta una mesa y le sienta a su lado.¿Que querrá de mi está señora que no conozco? Y le pone las manos sobre una masa de harina. Eso sí lo reconozco, piensa, mientras una mano presiona la masa y otra la empuja, alternándose. Esto lo sé hacer, aunque no recuerde su nombre ni para que es, pero amasar lo tranquiliza mientras pregunta por la hora a la que se sienta a su lado. ¿ Quien será esta morena alta que se sienta conmigo?

A veces, cuando no amasa, hay un corte, en negro, como si durmiera. Ve pasar gente, ve vasos llenos y otros vacíos, y no sabe dónde está. Me da igual, decide, cerrando los ojos intentando controlar el temblor de sus manos. ¿Como me llamó? No lo recuerdo, es igual, no hablaré nada con nadie, no conozco a nadie. Oiga, señora, ¿Que hora es?

Ve a la gente beber, y en un destello le vuelven las palabras de su padre, "la gente viene a la Taberna no a beber, viene para no olvidar que están vivos".

¿Estaré yo vivo? No lo sé. Cerraré los ojos un rato, y se queda dormido mientras la Maruxaina le prepara el desayuno y las pastillas.

Será la hora del desayuno, pensó después del micro sueño, y que señora más...se me olvidó la palabra...que señora más...nada, no se que decir, quiero dormir pero está mujer se empeña en que me tome ese café. ¿Será mi hija, mi mujer, mi hermana? Ni idea, no sé quién es, mejor no digo nada, tomo el café y duermo un rato que será tarde. Señora, ¿Que hora es?

Abro los ojos. Las paredes me hablan, las mesas me hablan, las sillas me hablan, hasta el bicho ese rojo del letrero me habla, y esta mujer de al lado me mira. ¿Quien será? Su cara me suena, pero mejor no digo nada, ¿Que hora tenemos, oiga?

La mujer me habla, se ríe, ¿Será un chiste nuevo? Me río... no, no me sale, olvidé reirme, ¿Que hago? Cierro los ojos y dejo que el gris o el negro me abracen. Ya no oigo, ya no veo, pero intento pensar y no puedo. Estoy encerrado por dentro. Muros en mi cabeza no me dejan salir. Me siento, me resigno, me duermo.

Adiolinda, tú padre ya se durmió. Hoy está algo alterado. Cuando despierte lo llevo a casa, dijo la Maruxaina, tapándole con la chaqueta.

"Se cree esta señora que no la he oído. Me lleva a casa, ¿que casa? ¿Quien es ésta? Mejor me duermo"


No hay comentarios: