Pasamos por el mundo sin darnos cuenta,
sin verlo,
como si no estuviera allí o no fuéramos parte
infinitesimal de todo esto.
No sabemos los nombres de las flores,
ignoramos los puntos cardinales
y las constelaciones que allá arriba
ven con pena o con burla lo que nos pasa.
Por esa misma causa nos reímos del arte
que no es a fin de cuentas sino atención enfocada.
No deseo ver el mundo, le contestamos.
Quiero gozar la vida sin enterarme,
pasarla bien como la pasan las ostras,
antes de que las guarden en su sepulcro de hielo.
(Poema de mi amigo José Emilio Pacheco)
Era un día a mediados del mes de mayo. El calor era sofocante y Adiolinda no paraba de tirar jarras de cerveza en la Taberna, que estaba a rebosar de parroquianos y clientes.
Pepefel abrió de una patada las puertas de entrada. No pudo de otra manera, pues cargaba un saco de arpillera grande, chorreando agua de mar y que tiró enmedio del Mono Rojo, abriéndose y saliendo centollas que empezaron a moverse por el local.
La Maruxaina, enfadada, le grita a Pepefel, ¿Tú estás tonto?, estamos en mayo, donde está la R en mayo. Centollas en mayo, cuando están con las puestas, definitivamente estás tonto!!!
Las cogí al lado del puerto, había muchas, dijo Pepefel.
Pues ya las estás cogiendo y te las llevas donde las has cogido y las sueltas, criminal, que están cargaditas de huevas. Vamos, vamos, recógelas!!!!! Dijo la sirena mientras Teresa y Adiolinda se reían a carcajadas.
A los pocos días, Pepefel volvió cargado a la Taberna, está vez con una nevera de camping de color azul.
La Maruxaina nada más verle se levantó y le dijo, seguimos sin R, como sea marisco te lo comes, Pepefel, te lo comes crudo y con cáscara.
No es marisco, es un pulpo, dijo el parroquiano, un pulpo de septiembre, que tiene R, pero lo cogí ahora porque es prematuro y nació antes de su fecha, provocando las risas de Vega.
Mientras, el pulpo decide que la nevera no le gusta, y sacando primero una pata y detrás de ella todo él, se escapa de la nevera tirando una fila de vasos de caña, y continúa desplazándose por la barra, hasta llegar al borde, de donde se tira al suelo y empieza a reptar hacia la puerta.
El pulpo tiene más inteligencia que tu, Pepefel, el pulpo sin R sabe a suela de zapatilla vieja.
Coge a tu mascota y llévatela de aquí.
Pepefel recoge el pulpo, lo vuelve a meter en la neverita y se marcha gruñendo por lo bajo. Esta Merlucita de la Maruxaina la tiene tomada conmigo, joder.
A los dos días, Pepefel entra en la taberna con una caja grande isotérmica. La Maruxaina se levanta de golpe y abre la caja: ¿OSTRAS, OSTRAS EN MAYO. Y LA R?
Pepefel dice, estás están buenas, porque son ostras que me tendrían que haber traído los Reyes Magos, son tres, tres R y encima vienen de Oriente, otra R.
Si, dijo la sirena, R de retrasado. Vega ya se sujetaba la tripa de la risa, que acompañaba a la de Adiolinda y Teresa, mientras el enfado de la Maruxaina subía en grados ante las carcajadas de la Taberna.
No puedes coger ostras en mayo, Pepefel, ni ostras, ni centollas, ni pulpo, NI NAAADAAAAA!!! gritó la Maruxaina, ¡¡¡NADAAAAA!!!
En ese momento entra un inspector de sanidad, que viendo las ostras dice, en mayo, ostras en mayo, tres mil euros de multa, dijo mirando a la Maruxaina y a Pepefel, pero...pero un momento...si es un plato de vuestra boda no hay multa.
Maruxaina, cásate conmigo, son tres mil euros de multa, suplicó Pepefel.
La Maruxaina se le quedó mirando y dijo muy seria, ¿Que me case contigo para evitarte una multa? tirándole una ostra a la cabeza, cásate con tu pulpo prematuro y déjame en paz, coño, DE JA ME EN PAAAAZ!!!!
El inspector, que conocía lo buenazo y bromista que era Pepefel, dejó una multa de cincuenta euros, requisó todas las ostras, incluida la que la sirena tiró a la cabeza de Pepefel e invitó a ostras a toda la Taberna del Mono Rojo, donde la risas y carcajadas de Pepefel, Vega y Teresa al recordar las caras de la Maruxaina enfadada contagiaban hasta a la misma sirena que terminó uniéndose a ellos.

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