ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

martes, 9 de junio de 2026

LINEA SIN RETORNO

El silencio de tu padre, no es de miedo,

Es un lenguaje que le enseñó la vida,

En el que protestar no está presente

Ante la necesidad de hacerse fuerte.



El hijo llegó tarde, como de costumbre, y como de costumbre enfadado y con el nombre de su padre en la punta de la lengua.

El padre estaba ahí, donde siempre, sentado a su mesa viendo la vida escurrirse entre días y semanas iguales, idénticos meses y años, unos de otros.

El hijo le tiró encima años de rencor. Los hijo de puta, los vete a tomar por culo, cayeron sobre otros insultos como mierda, subnormal, payaso. A gritos, fuertes y elevados gritos.

Cada insulto era un golpe seco, doliendo más que un puñetazo y sin saber el por qué de tan desproporcionado ataque.

El padre dijo, no me grites, no me insultes, y ante la continuidad de la agresión verbal, el padre expresó en voz alta, tú eres el payaso, el mierda, el hijo de puta. Tú eres un borracho, que a ver cuándo se marcha y me deja en paz.

Entonces el hijo le amenazó con quemar la Taberna con él dentro, de pegarle puñetazos hasta tirarlo al suelo, acompañado de más insultos.

El padre, sin decir nada, se levantó y se fué. Todos en la Taberna entendieron que el hijo había cruzado una linea imborrable, que el silencio del padre al marcharse no era miedo, era una sentencia que pesaba más que las amenazas, más que los graves insultos.

El padre regresó a casa sin nada en las manos pero con algo muy profundo roto, destrozado, y aunque los parroquianos dijeron que lo denunciará, ël no lo hizo. Un padre no denuncia nunca las vergüenzas de su hijo, carga con ellas como si fueran suyas.

Cuando el padre volvió, lo hizo con la barba más cana y los ojos más viejos, mientras en la Taberna dicen que murió un poco esa noche, que el hijo lo mató sin tocarlo.

Y el castigo no fueron denuncias ni venganzas, un padre no se venga nunca de un hijo, el castigo fué vivir sabiendo que traspasó una linea en la que el único que le podía perdonar era el hombre al que había insultado y amenazado, pero ese hombre, el padre,  lo miraba con lástima y no hablaba.

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