ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

viernes, 29 de mayo de 2026

UNA NEVADA, UNA PIERNA ROTA Y UNA PUERTA

Poco sé de la noche,

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

cubre de las estrellas

la parte que me duele de mi cuerpo.

Todo mi ser es como un llanto

que se pierde en la niebla.

(Poema de Alejandra Pizarnik)



Fué una noche de invierno. Toda la localidad quedó sin luz. La nieve aisló barrios, calles enteras. Ni la policía ni los bomberos podían ayudar a todo el mundo.

En el barrio de la Taberna no hubo ayuda alguna, cuando avisaron de un joven que había caído rompiéndose una pierna. Estaba tirado en la calle, sobre la nieve y nadie podía llegar hasta donde él yacía sin que les pasara lo mismo.

Adiolinda, Vega y la Maruxaina cargaron una puerta que sacaron de sus bisagras, y comenzaron la búsqueda del joven.

Lo encontraron desvanecido y lo subieron a la puerta y pusieron rumbo a la casa de un médico que vivía cerca. Cuatro calles resbaladizas, nevando, mojadas, agobiadas por el peso, pero las tres mujeres consiguieron llegar a casa del galeno, donde dejaron bajo su cuidado al joven herido con la pierna rota.

Pese a la invitación del médico para que pasaran allí la noche al refugio de su hogar, no querían dejar a Teresa sola y comenzaron el regreso.

Al llegar, Teresa había preparado una consistente sopa, y Adiolinda decidió que todo el que llegara hasta la Taberna buscando refugio, sopa y vino gratis para entonarse del frío reinante.

Estuvieron así tres días, dando de comer y beber a todo el que lo necesitara, y cuando llegaron las ayudas municipales se encontraron todo un barrio atendido por las cuatro mujeres del Mono Rojo.

Desde entonces, nadie se atreve a meterse con la Taberna ni con sus cuatro mosqueteras, e incluso durante un tiempo, la caja notó el agradecimiento de los parroquianos y vecinos, máxime cuando renunciaron a una medalla por rescatar y salvar al joven de la pierna rota.

El chaval nos debe una historia, no una medalla, y queremos cobrar, dijo Adiolinda muy seria, mientras rechazaba la condecoración.

La puerta que usaron está de nuevo en su marco, pero con un letrero que dice, camilla de socorro en caso de necesidad.

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