ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

martes, 26 de mayo de 2026

XOAN

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cuatro

y acabo la planilla y pienso diez minutos

y estiro las piernas como todas las tardes

y hago así con los hombros para aflojar la espalda

y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cinco

y soy una manija que calcula intereses

o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas

o un oído que escucha como ladra el teléfono

o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las seis.

Podrías acercarte de sorpresa

y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos

yo con la mancha roja de tus labios

tú con el tizne azul de mi carbónico.

(Poema de mi amigo Mario Benedetti)



Había luna nueva, y en el ambiente flotaba olor a mar profundo y a romero quemado. Presentía Vega que algo no iba bien viendo el nerviosismo de la Maruxaina, inquieta, como barruntando noticias, molesta.

De golpe un silbido, agudo, penetrante, desafinado como solo Xoan sabía hacerlo, pensó la sirena contestando con otro silbido de tono muy alto, tan alto que hizo vibrar las copas de cristal en las estanterías del Mono Rojo, haciendo que los parroquianos se taparan los oídos, doloridos de tan agudo silbo.

Apareció Xoan en la Taberna, translúcido, se veía la barra a través suyo y el aire no se movía cuando respiraba. Mojado, arrastrando alguna fibra de algas adheridas a su cuerpo.

Nunca llegas tarde, dijo él, aunque para nosotros ya lo sea. Te marchaste de los fondos y allí quedé yo, errante entre los océanos, huyendo de tu recuerdo.

Estás muerto, dijo la Maruxaina. Tienes esa herida en el costado por donde se te marchó la vida de un arponazo de un pescador asustado que desde entonces no habla, no piensa, no es.

Se contaron lo que les faltaba por decirse. Hablaron de cómo el plástico invadía ese fondo donde ellos retozaron tiempo atrás, en imposibles cabriolas jugando con los traviesos y juguetones delfines.

Se pusieron al día sin necesitarlo, hablaron sin escucharse la voz, ya que el lenguaje de un corazón, aunque frío como solo lo puede tener una sirena, no tiene resonancia más allá del pecho del otro.

¿Te arrepientes? Preguntó él

De no haberte seguido, si, de haberme dejado ir, yo no.

Adelaida se acercó con una botella de ron con extrañas hierbas dentro. Cuando los muertos hablan con los vivos, la Taberna empieza a quedarse fría. Tomen y beban de este brebaje y recuperemos calor, dijo la tabernera acercándoles la botella, que al destaparse, a la Maruxaina le trajo olores a hogar, quizás por las algas maceradas en el alcohol, y Xoan lo supo.

Ya no puedo quedarme, la marea me llama de nuevo, la dijo Xoan acercando su etérea figura hasta sus labios, rozándolos.

La Maruxaina, con los ojos cerrados, asintió llorando para adentro. Las sirenas no pueden llorar hacia fuera, se deshacen, de desvanecen, por eso su llanto es profundo e interior. Te vas, ahora tú, te vas.

En el lugar donde había estado la figura de Xoan ahora había una pequeña concha, blanca, nacarada, con un diminuto agujero en el centro. La misma concha con la que jugaron la Maruxaina y Xoan en la profundidad del océano, 

Desde entonces, las noches de luna nueva, si estás atento, puedes escuchar el silbido agudo, penetrante y algo desafinado de Xoan, mientras unos dedos largos juguetean con una pequeña concha nacarada con los ojos cerrados y unos brazos rodean a la Maruxaina rescatándola con el calor de la amistad. Vega siempre pendiente.


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