ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

lunes, 22 de junio de 2026

EL BAILE DEL PASADO

Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

(Fragmento de un poema de mi amigo Rubén Darío)



 

Vega, que se lee, estudia y busca cuanto documento antiguo encuentra sobre la Taberna del Mono Rojo, hace meses dió con uno, muy antiguo, en el que se documentaba como la Taberna entera celebraba, bailando, una especie de antiguo rito de cuando entraba en puerto el último ballenero poniendo fin a la temporada. Bailaban ballenato y la Taberna toda era una fiesta en la que participaba la totalidad el barrio.

Con la ayuda de Adiolinda, Teresa y la Maruxaina pusieron manos a la obra y con la colaboración de todos, unos disfrazados, otros bailando, otros, los más, cantando, trajeron hasta la actualidad a este Baile del Pasado que tan gran fiesta creó entre todos.

Todos agarrados por la cintura, unos tras otros, encabezando esa especie de conga el que representaba al Mono Rojo con un látigo en la mano, que usaba suavemente contra ti si te salías de la fila. Era la manera de representar  el ritual de sacar y limpiar los pecadillos cometidos.

Finalmente Vega consiguió recuperar, por un día, esa costumbre antigua en las tabernas de entonces de acabar la jornada con un baile integrador y colectivo que todos esperaban con alegría.

Con las luces amarillentas, tenues, el tipo del acordeón, los disfraces del que quiso, y el corazón unido de todos los parroquianos y habitantes del barrio, consiguieron un regreso al pasado, que no quedó solo en la Taberna al salir por la puerta el primero, el del látigo, seguido por todos los demás, que recorrieron todas las calles del barrio al son de la música haciendo la conga más larga al irse sumando más vecinos a la fila.

De regreso a la Taberna, la canchanchara de Lidia, el ron, la cerveza, todo se acabó en esa fiesta general. La Taberna quedó sucia, con vasos caídos y botellas vacías, pero las caras de los participantes volviendo a casa eran de ilusión y con ganas de repetirlo en otras ocasiones, mientras Teresa, derrumbada en una silla, con una pierna estirada a cada lado, los brazos caídos, entre sonrisa y sonrisa suspiraba fuerte, y Adiolinda, derrumbada en la barra se preguntaba como limpiar todo eso, mientras Vega, abrazada a su guitarra dormía agotada en los sacos de café del almacén y la Maruxaina emitía grititos de sirena satisfecha.


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