ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

domingo, 28 de junio de 2026

HISTORIAS DE ESTEBAN

Moneda que está en la mano

tal vez se deba guardar.

La monedita del alma

se pierde si no se da

(Poema de Antonio Machado)





Esteban no era del tipo de cliente de tabernas y garitos. Era un tío serio, siempre con trajes caros y corbatas de seda. Nunca hubiera entrado en la Taberna del Mono Rojo si no hubiera sido porque Marcial, su cuñado, le hubiera empujado a ello diciéndole, " una vez, coño, deja la oficina en el banco y no te la traigas puesta".

Y seguramente no hubiera hablado nada si Teto, el viejo fontanero que pasaba su tiempo de jubilado entre la Taberna y la casa de putas al final de la calle, no le hubiera dicho, puagg, un tipo con traje y corbata, con pinta bancario. Este no tiene ni media historia que contar, éste pollo solo cuenta intereses hipotecarios y nada más.

Esteban se picó, y apostando unas rondas empezó a contar historias de su vida, como esa del chico que entró hace treinta años en el banco con una nota escrita que ponía "deme todo el dinero, esto es un atraco" y ante las preguntas de Esteban confesó llorando y muy nervioso que necesitaba veinticinco mil pesetas para comprar un anillo de pedida para su novia, embarazada.

Le ve todos los meses, pues se hizo cliente del banco, y lleva treinta años casado con aquella novia embarazada para la que quería atracar el banco.

Esteban compró el anillo y mandó al chico a casa.

O aquella otra en la que una anciana de 83 años venía cada semana al banco con una bolsa sucia y medio rota de un famoso supermercado con monedas de uno y dos céntimos. 

Le dije a mi marido que cuando reúna cinco mil euros me voy a Benidorm, y en eso estoy.

Hace unos días recibí en el banco una carta con una postal de Benidorm y una foto suya con un giri, bailando muerta de risa y diciéndome, pronto voy.

Y volvió, entró doña Amparo del brazo de un Esteban roto por las carcajadas y la llevó directa a una maceta en la que Adiolinda había escrito, "deja tu céntimo para doña Amparo, para que siga en Benidorm" y que estaba rebosando de monedas de uno, dos y cinco céntimos.

Doña Amparo dijo muy seria, yo ahorré durante mucho tiempo céntimo tras céntimo para lograr un sueño.

Hoy, viendo esto que habéis hecho, se que el sueño es la Taberna del Mono Rojo. No necesito volver a Benidorm.

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