martes, 27 de abril de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
...SOLO SIN TI PERO LLENO DE TU ESENCIA.

I
Me levanto desde sueños de ti
En el primer dulce dormir de la noche
Cuando los vientos respiran suave
Y las estrellas relumbran brillantes:
Me levanto desde sueños de ti,
Y un espíritu en mis pies
Me ha llevado -¿quién sabe cómo?-
A la ventana de tu cuarto, ¡Dulce!
II
Los aires vagabundos desmayan
Sobre lo oscuro, la corriente silenciosa-
Los aromas de Champak caen
Como dulces pensares en un sueño
La queja del ruiseñor
Muere sobre su corazón
Como yo sobre el tuyo
¡Oh, amado como tú lo eres!
III
¡Oh elévame de la hierba!
¡Muero!, ¡Desmayo! ¡Caigo!
Deja que tu amor en besos llueva
Sobre mis párpados y labios pálidos.
Mi mejilla es fría y blanca, ay!
Mi corazón late alto y rápido;
¡Oh! Apriétalo contra el tuyo de nuevo
donde al final se romperá.
(Percy B Shelley)

A veces una palabra, un gesto casual de alguien, un perfume, cualquier cosa que rápido, por sorpresa, se asoma a mi interior encendiendo el recuerdo y logrando que los sueños te traigan entre nubes enrojecidas por la potente luz de tu ser en mi.
Así, de esta manera, todo queda iluminado por tu presencia en la oscuridad de mi letargo y aferrándome a la noche alargo el tiempo en el que la realidad se funde con tu recuerdo y por un momento que parece días pago con la entrega de una noche al dolor de una nueva separación y a la desilusión del amanecer solo sin ti pero lleno de tu esencia.
viernes, 26 de marzo de 2010
...ME DORMIRÉ MIRÁNDOTE.
Si tengo que morir
Querré que estés allí
Sé que tanto amor
Me ayudará a descender
Al más allá
Entonces diré Adios
Sin miedo y sin dolor
En la soledad
Reviviré los años de felicidad

Para cruzar el umbral
No deseo nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor
Me dormiré mirándote
El tiempo que pasó
Jamás nos separó
El nos unirá
En un rincón profundo de la eternidad
A la hora del final
Solo quiero tu mirar
con tu perfume alrededor
Morir al lado de mi amor
Me dormiré mirándote
Para cruzar el umbral
No deseo nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor
Y dormiré mirándote
(Demis Roussos)

lunes, 22 de marzo de 2010
OYE LOS PASOS DEL TIEMPO, INVENTOR DE LUGARES SIN PESO NI SITIO...
Óyeme como quien oye llover,
Es curioso como cada gota de esta recién estrenada primavera me recuerda a tí y a la espera en el parque, disimulando, entre amigas, con la mirada en el camino por donde llegaba hasta donde reías nerviosa, preguntándote si hoy saldría.
Nueva primavera y cada brote que anuncia el vestido blanco que vestirá el almendro me obliga a volver a los momentos contigo, paseando por la afueras para que nadie nos viera, evitando el encuentro con nadie que provocara el castigo inmenso de no verte el siguiente fin de semana recluida en la casa por el delito de vernos.
Me gusta el olor del agua en la tierra, el aroma a tierra del sur que me traen las nubes al descargar entre las calles por las que paseo contándote en susurros, en voz baja, el regreso del vencejo y su picoteo entre los verdes brotes de arbustos, rompiendo el silencio del invierno y su solitario cielo. Quizás hoy te encuentre, entre esas mismas ramas por donde el ave juguetea ensayando su futuro cortejo danzarín, y te diga que, como entonces, bailemos entrelazados con solo la música del entorno natural de un viejo camino de la estación entre árboles tatuados con testimonios de iniciales entorno a un imperfecto corazón.
Oye los pasos del tiempo, inventor de lugares sin peso ni sitio...
domingo, 17 de enero de 2010
...DE POETAS VENCIDOS, DE SOÑADORES SIN SUEÑOS, DE VIVOS SIN VIDA,...
perdido tras los laberintos del silencio.
Quizá ha quedado prisionero en el espino,
ahora mismo, cuando gime,
tatuado por el viento.
No dejó ningún rastro:
Tal vez fue devorado
por el aire irrevocable del tiempo.
¡Es que es tan frágil
como el evanescente color de las hojas,
ya vencidas, una a una,
por el dolor del otoño!
¡Sin nombre se me ha ido, se me ha ido!
Quizá porque no tuve tiempo de besarlo.
Todo es incertidumbre
en el país del ansia.
¡Y que vasto abandono es el ayer!
Pero al fin lo he encontrado:
mendigo entre cenizas,
manchado de tinta y de barro invisibles,
sobre el inagotable papel de la vida.
Quiero besarle todos los olvidos
atribulados por el viento.
Quiero calmarle la sed
que brota del silencio.
Quiero limpiarle mi sangre
que cubre cada verso,
cada verso…
Cada verso…
(Virginia Pinedas)

Veo los colores del invierno, y me gustan una vez salido del oscuro pozo en que me hallaba, veo los colores y me río con ellos, disfruto de ellos como crío, aunque en ocasiones, en el blanco frío de la nieve descubro huellas de la fiera que me busca, que me persigue, sin darse por vencida de mi huida de su mundo de oscuridad y tristeza. Me otea y al rececho me va acorralando, acercándose silenciosa y lentamente, hasta que me vuelvo y la grito, ¡¡¡¡¡¡VETE, VETE!!!!!!!!!, y se vuelve recelosa, con la cabeza gacha, a la oscuridad en la que vive, peo en sus ojos veo que no se rinde, que regresará mañana a intentar de nuevo arrastrarme a ese submundo de poetas vencidos, de soñadores sin sueños, de vivos sin vida, pero no importa, encontraré el poema perdido, la risa sonora mientras levantando los brazos me dejo llevar por ese viento del sur que me mezcla con el arco iris y sus colores venciendo la negra oscuridad de la guarida tenebrosa de la bestia. Hoy tampoco ha vencido; a estado cerca, olía su aliento ponzoñoso de dolor y vacío, pero he vencido y se ha retirado, aunque quedan sus huellas en la nieve, recordándome que quizás mañana, quizás mañana,... vuelva.
martes, 5 de enero de 2010
RESURGIR DE LA TIERRA CON LA ESPERANZA RENOVADA....HALLELUJAH
Nuevo año, meses, un par o asi sin entrar en la Taberna del Mono Rojo, justo cuando las cosas no podían ir peor, cuando el suelo parecía más cercano y el universo más alto, más lejos, más inalcanzable. Semanas alejado de mi barra, de la jarra de cerveza, de mi gente, de la poesía, de las canciones pasadas que alimentan mis noches de insomnio, de todo lo que no fuera sufrir recordando, de morir matando los malos recuerdos para al final sobrevivir con los agradables, con los buenos, aunque algunos no fueran ciertos, ¿que importa! son recuerdos. Días eternos de muerte y dolor. Terrible experiencia, quizás necesaria para atravesar el camino hasta aquí, hasta el nuevo año, resurgir de la tierra con la esperanza renovada en uno mismo, en los demás. Vencida ya la muerte por la vida, negados los instantes negros, los grises, que han ido dando paso al resto de colores, resguardados hasta hoy quien sabe donde, a la espera de este nuevo día, a la espera de que las puertas de la taberna del Mono se abrieran de nuevo empujadas por esta mano cansada pero en vía de recuperación del largo viaje en el que la Parca marcaba su ritmo, su incansable gorgoteo de últimos suspiros y llantos.
YA estoy bien, recien llegado del pais de la tristeza, de donde cuesta salir si te abandonas, de donde sale la tristeza del poeta que me niego a asumir como propia, de donde los cristales de Manuela, de donde el color encuentra un muro de resistencia oscura y lóbrega, en donde en el último momento un relampago de consciencia te rescata al alumbrar tus ideas, y sales, regresas y te encuentras de nuevo el olor a tierra mojada, el suelo enmoquetado de hojas caidas, el cuello del gabán subido y el vaho que demuestra que estás vivo.
De nuevo la risa del niño, la mirada de pillo del anciano, el milagro de la vida a cada paso, la Taberna con el Cipri, mi cerveza y mis canciones. De nuevo mi anormal normalidad, de nuevo con vosotros, mi gente, de nuevo conmigo. Feliz año a todos, y...hasta mañana, nos vemos en la Taberna.
martes, 10 de noviembre de 2009
MADRE, MI MADRE.

No las contestarías; solamente investigo
Si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
Por los oscuros patios en flor, paseándose.
Y si, cuando en tu seno de fervores latinos
Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
Te adormeció las noches, y miraste, en el oro
Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.
Porque mi alma es toda fantástica, viajera,
Y la envuelve una nube de locura ligera
Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.
Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marineros
Mirar las grandes aves que pasan sin destino.
Alfonsina Storni
En la fotografía dos de las mujeres que más he amado, que más amo, mi madre y mi hija pequeña. Una me ha dejado hace tan solo cuatro días, es la raiz, el tronco, el árbol del que salimos las ramas. La otra es el tierno brote en el que se eterniza la obra de esa maravillosa mujer que ya no está con nosotros.
Se marchó, casi en silencio, como se marchan las personas que no dejan nada atrás que les lastre en el camino. Se marchó y ahora recuerdo los momentos que pude haberla ido a ver y no fuí; los instantes en que entre la conversación podía haber intercalado un te quiero y no lo hice; la necesidad inagotable que sentía esta maravillosa mujer de ser abrazada, besada, querida, y las veces que desaproveché haberla dado más besos.
Ahora, que ella está donde el tiempo no corre, a mi me gustaría que retrocedieran las agujas del reloj, que volvieran de la basura las hojas de meses, de años pasados en los calendiarios, de volver a tenerla en mis brazos y decirla lo que la quería, lo que te quiero, madre. Solo me quedan los recuerdos, la esperanza de encontrarte algún día, cuando también yo me marche, y decirte entonces todo lo que no te dije lo suficiente cuando pude. Te quiero, madre, te quiero por como eras, por los sacrificios que hiciste por nosotros, por el amor que nos diste y el que nos inspiraste, por enseñarme que lo importante es decir lo que se siente cuando se siente, (aunque no siempre te hice caso en eso), por enseñarme a que llorar no solo es cosa de mujeres, por hacerme ver y sentir la vida que nos rodea, por empeñarte en que viera milagros hasta en las cosas más insignificantes y pequeñas, por querer los colores, por buscarlos, por enseñarme a no odiar y que amando se consigue más y mejor en cuanto a felicidad se trata. Que más importante es la persona que el dinero, los sentimientos a lo material, la verdad a la mentira aunque sea esta piadosa, a.....
Por tantas te quiero, por tantas cosas te estoy en deuda.
Dios, como te echo de menos, y cuanto, cuanto te quiero.