ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.

ACERCATE Y SIENTATE UN RATO, ESTÁS EN LA TABERNA DEL MONO ROJO, AQUÍ TODA ILUSION ES POSIBLE.
Casi sin pensarlo nos fuimos sentando, uno tras otro, en torno a la chasca que encendió el Cipri, y asi pasamos la noche, escuchando las historias que alguien, no se quien, cualquiera que fuese, narraba despacito, creando un entorno de magia y misterio del que no queríamos salir.

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO

QUE LA POESIA NOS SALVE DEL MUNDO
LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN TU VIDA

lunes, 20 de octubre de 2025

LO QUE CONSTRUIMOS

Pinté el tallo,
luego el cáliz,
después la corola
pétalo por pétalo,
y,
al terminar mi rosa,
la induje
a soñar su aroma.

¡Hice la rosa perfecta!

Tan perfecta,
que al día siguiente
cuando fui a mirarla,
ya estaba muerta.

(Elías Nandino)



Mientras dibujo con la punta del zapato lineas ilógicas con el serrín que participa del suelo de la taberna, la mente, mi incansable mente, me hace pensar en el refugio, en el albergue, que variopintos personajes levantamos sin conocernos dentro de estas cuatro paredes construidas con los materiales de nuestros interiores, de nuestras miserias y penas, de nuestros deseos incumplidos y nuestras adormecidas aspiraciones.
Como, sin pretenderlo, gentes del bajo astral de la ciudad si lo medimos por la capacidad de nuestros bolsillos, poetas de verso perdido entre vasos de vino barato, mujeres hermosas que nunca lo fueron en cara y cuerpo, borrachos de bordillo y cartón, noctámbulos de noches de veinticuatro horas, solitarios sindicados en la taberna, pensadores importantes del vacío y de la nada, navegantes entre estrellas sin rumbo diurno, mis amigos, mis silenciosos compañeros a los que el Cipri fiaba noche tras noche copa tras copa. Mi gente nocturna, simios que dimos nombre a la taberna y que supimos, sin saberlo ni quererlo, construir nuestro espacio donde reposar de los ataques de la buena educación, la estricta moral y la perfecta ética, apoyados los brazos en las húmedas maderas, escuchando canciones sin oírlas, acompañados por los personajes de nuestros sueños, sentados con nosotros a la mesa y alguno no soñado, si pensado y añorado, que pedía permiso para compartirla aunque nos molestara su etérea e imaginada presencia.
¡¡¡Cuantas veces escribí nombres en el serrín apoyándome en el pie para luego borrarlos con la suela y pedirme otra jarra de cerveza en un intento de expulsarlos de nuestro albergue tabernil !!!
Hoy me siento con el Cipri, en su mesa de solitario y comparto sus silencios que junto a los míos forman un coro ruidoso que tan solo él, en su profundo pozo, y yo en el mío, escuchamos y entendemos.
Quizás por eso, hoy, hace un rato, el Cipri me ha sonreído, callado, sin decir nada, pero me ha sonreído y con ello lo ha dicho todo.
Aquí os espero, fantasmas míos, personajes de mi mente, protagonistas de mis sueños, todos, como ayer, en la Taberna, conmigo, compartiendo mis vacíos, mis espacios mentales, mi desgana, mi cansancio, mi...nada, invitados.

sábado, 18 de octubre de 2025

REGRESO A LA TABERNA DEL MONO ROJO


Ha roto la armonía
de la noche profunda
el calderón helado y soñoliento
de la media luna.

Las acequias protestan sordamente
arropadas con juncias,
y las ranas, muecines de la sombra,
se han quedado mudas.

En la vieja taberna del poblado
cesó la triste música,
y ha puesto la sordina a su aristón
la estrella más antigua.

El viento se ha sentado en los torcales
de la montaña oscura,
y un chopo solitario, el Pitágoras
de la casta llanura,
quiere dar con su mano centenaria
un cachete a la luna.


(Federico García Lorca)




Después de tanto tiempo he vuelto a mí querida Taberna del Mono Rojo.
Mi amiga Laura me dijo que igual era bueno que me pasara por aquí y algo dentro de mi despertó añoranzas de copas pasadas en compañía de los silencios del Cipri mientras los fados portugueses se sucedían uno tras otro con ese melancólico tono con el que suenan.
Y aquí estoy. El Barrio ha cambiado mucho.
La taberna ahora está entre un Burger King y una peluquería, me dicen de un marroquí, que anuncia cortes de pelo para jubilados a cuatro euros.
La parroquia de la taberna también ha cambiado, parejas de chicos jóvenes, ruidosos en el hablar, de risa fuerte y cocacolas en las mesas. Ignoro si alguno, en el vaso largo, acompaña a la oscura Cocacola con un rubio whisky de dudosa procedencia.
He preguntado por el Cipri a una camarera joven, sudamericana, que me llama cariño al terminar cada frase y que debe ser la responsable de esa música que suena incansablemente en la taberna y que en nada ayuda a lo que hacíamos antes en el establecimiento, pensar y reflexionar mientras se sucedían las pintas de cerveza que servía el Cipri.
Ahora, ese peculiar personaje permanece sentado en una mesa en un rincón de la taberna, envejecido, quizás demasiado, y sin hablar cierra los ojos y quizás dormita en otros tiempos lejanos en los que su palabra era ley en ese su reino de poetas borrachos y noctámbulos, viejas mercaderes del cuerpo y golfos sin más bienes que la acumulación de deudas que nos reuníamos en torno a esas mesas, que ellas si, permanecen igual, quizás con más grabaciones a navaja en sus maderas y con más años acumulados.
He ido a saludar al Cipri y me ha mirado sin sonreír viendo en su mirada que no me ha conocido. Me ha dicho varias veces en el poco tiempo que he estado junto a él, que ahora me atendía y ponía lo que quisiera, mientras Adiolinda, que así se llama la camarera, riéndose, daba vueltas en la sien a un dedo indicándome que Cipri no estaba en sus cabales.
Luego me ha dicho de él que solo recuerda cosas pasadas de hace mucho tiempo y de ahora nada de nada.
Creo que vendré más a menudo por aquí, al menos a cumplir con ese pasado que parece condenado a desaparecer y en un intento de que no se haga con el local alguna agencia de seguros o alguna inmobiliaria, aunque con el Cipri así, no se yo que futuro le espera a este, que fue, referente de la bohemia en la ciudad.
¡¡¡¡¡Adiolinda, ponme una jarra, que me voy a sentar en una mesa, y por Dios, quita esas bachatas y por un fado!!!!
Ya, ya se que no conoces que es eso, no te preocupes, tragaremos sin remedio con lo que el tiempo ha traído a este templo.

martes, 30 de junio de 2020

A NADIE TENGO QUE DAR RAZONES


Al olmo viejo, hendido por el rayo 

y en su mitad podrido, 

con las lluvias de abril y el sol de mayo 

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina 

que lame el Duero! Un musgo amarillento 

le mancha la corteza blanquecina 

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores 

que guardan el camino y la ribera, 

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera 

va trepando por él, y en sus entrañas 

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero, 

con su hacha el leñador, y el carpintero 

te convierta en melena de campana, 

lanza de carro o yugo de carreta; 

antes que rojo en el hogar, mañana, 

ardas en alguna mísera caseta, 

al borde de un camino; 

antes que te descuaje un torbellino 

y tronche el soplo de las sierras blancas; 

antes que el río hasta la mar te empuje 

por valles y barrancas, 

olmo, quiero anotar en mi cartera 

la gracia de tu rama verdecida. 

Mi corazón espera 

también, hacia la luz y hacia la vida, 

otro milagro de la primavera.


( De mi amigo Antonio Machado, 1912)





El árbol seguía ahí, plantado en sus ideas, fijo, estoico, firme en sus planteamientos. De vez en cuando algún ave se posaba en alguna de sus ramas superiores, e incluso alguna quiso anidar entre ellas sin conseguirlo por sus largas y puntiagudas espinas.

Orgulloso en el prado, levantando su frondosa copa y sin consideración a las otras plantas que arriesgaban a crecer cerca de él y a las que asfixiaba al dejarlas sin agua, absorbida por su soberbia de creerse el Árbol.

Casi todas las noches recibía la ilusionada visita del viento del norte, que acariciando sus hojas le susurraba palabras de amor que el árbol hacía como no oidas. Pero el viento no cejaba en sus anhelos, y a la misma hora aproximada, enamorado, le recitaba poesías de esas que solo conocen los vientos y que aprenden en tierras lejanas recorridas por ellos en su travesía viajera.

Un día, el viento del norte le dijo que, al menos, relajara las ramas y se dejara mecer por sus caricias mientras el fru fru de las hojas al rozarse le cantaban hermosas tarántelas creadas para él.

Que no, dijo ofendido el árbol, que no me hables de amor, ni acaricies mis ramas, que me olvides y no vengas más.

El viento del norte se retiró triste, muy triste, y no volvió a soplar por esa zona, donde hoy, un árbol viejo, casi seco por la falta de nubes que la falta de viento no arrastra, altivo, mira al horizonte entre hojas tiesas y amarillas pensando soy el que soy y a nadie tengo que dar razones de lo que hago y pienso.

Y ahí sigue, solo, roto y sediento. Hay quien dice que algunas noches, cuando el sueño le vence, se le escucha dormido, entre dientes, el sonido de una tarantela producida por el fru fru perdido de las hojas que ya nunca mece el viento. Es tarde.

martes, 9 de junio de 2020

EL CIGARRILLO

Hace calor. Entre las tablas de la persiana entran rayos de sol y se adivina la fuerza del astro contra la fachada de la casa.

Se me cierran los ojos mientras sujeto el cigarrillo con los dedos. Se me va a caer, en uno de los abandonos de la realidad por el medio sueño, se me va a caer.



Te veo. No se que me dices, no te entiendo, pero te vas acercando y me pregunto que haces aquí. Te dije que no quería volver a saber nada de ti, pero  como siempre, parece que haces lo que quieres sin importarte lo que esperen los demás, y yo no esperaba volver a verte.

Te acercas más y el olor de tu perfume habitual, inconfundible, me rodea y me atrapa en recuerdos que no quiero tener. Esto no está bien, tu no deberías estar aquí, te dije adiós para siempre, como si no existieras, pero existes, caprichosa, egoista, como siempre, y has venido. No se a qué, no se por qué.

Me tocas, me agarras la mano. No debes, no quiero aunque me dejo. Me enfado pero no retiro la mano, y tú olor, ahhhh, tu olor me abraza, me inmoviliza, mientras en el pecho un dolor inmenso...

Sabía que se caería el cigarrillo en cuanto me quedara traspuesto. Me ha quemado el pecho y duele, pero menos que tú, que has vuelto utilizando mi sueño cuando pensé que lo había superado.

En mi interior, el perfume, tu perfume, continúa mareando mi resistencia a no pensar en ti.

Vuelta a empezar, tendré que reforzar las defensas  no dejar ni una grieta por pequeña que sea, por ahí te cuelas y me derrumba la muralla.

Sigue haciendo calor.

viernes, 15 de noviembre de 2019

ATARDECER LLUVIOSO






Hace frío. El viento viene con la mochila hecha desde la sierra y golpea con su baja temperatura los rostros serios de la gente en la plaza, con los cuellos levantados, gorros de lana puestos y manos en los bolsillos.

Se agradece este gélido soplo que apoya a el alma a viajar por esos mundos de recuerdos entre neuronas que conforman el mapa mental de quien en este momento acerca sus manos a la boca en un inútil intento de búsqueda de calor.

Entre los grises que trae la tarde como comparsa cortesana, aparece su figura, alta,con tacones y su pluma azul marino, oscuro, mientras su sonora risa anuncia su llegada antes de entrar, como cultivado mayordomo, provocando la atención de las miradas de los presentes, si los hubiere, porque pese a que hay gente en los bancos, soy solo yo el que, con los ojos cerrados recibiendo el beso del viento en mis mejillas, provoco esta deseada aparición entre las brumas de mi recuerdo.

Y así, continúo sentado en la reciclada mesa del parque, sentado en el borde de un pensamiento con ella, hablando como hablábamos nosotros, con miradas, sintiendo, ya no se si el frío exterior o la profundidad de sus ojos, penetrando agudamente en mis pulmones causando dolor en el pecho.

Empieza de nuevo a llover, tanto fuera como dentro, de tal manera que la aparición de gotas de agua se mezclan interactuando y sin saber certeramente cuál es lluvia y cuál es lágrima. Mientras, el abrazo con mis dedos al paquete de tabaco dentro del bolsillo se convierte en el falso pero deseado apretón de su mano en mi mano.

Atardece, llueve, hace frío. Dentro de mi alma, también la noche es fría.

miércoles, 13 de junio de 2018

A TI, AMADA MUJER



Madrugada de miercoles neonato en la que tu olor a salvaje y fresca selva me acompaña incitando a mis palabras a acercarse y con sus sílabas acariciar la cascada de tu pelo enmarañado, golpeando, espontáneo como tu risa entre los labios, el profundo y sensual misterio de tus hombros desnudos. Pórtico glorioso, umbral prohibido, concha nacarada y sonrosada de las perlas divinas de tus senos.

La musa se me pierde entre tus poros, rezumantes de alegría desbordada, sonora como el agua en el salto al caer en el espacio asombrado de mis ojos. Selva, bosque, naturaleza viva que condena a un nuevo Ulises en los cantos de sirena de tus manos al formar la suprema melodía del encanto del Olimpo en tus caderas.

Tierra, tierra antigua y legendaria eres tu, amada mía, al calor de la caverna primigenia, de ungüentos, potingues de hierbas, hechizos y sanamientos, protectora mágica y temida, reina del clan incipiente de la vida, apacible, si, y apasionada del amor en una paz de quejidos y susurros, de besos, labios y manos en lenguaje universal sin diccionario.

La presente y necesaria totémica mujer que por mi cabeza avanza entre sueños y nubes siderales, cometas, astros, estrellas, elevando el sentimiento en locura desbordada.
Ansío, entre el insomnio y el tiempo, galopar en ese espacio infinito que presenta tu mirada y perderme entre los abismos de tu representación sagrada, de la Madre, Compañera, Arroyo del Agua Clara, verde pradera en el llano y helechos y robles fuertes, Generadora de Vida, porque de tu amor yo bebo, me alimento y sobrevivo, alterada la conciencia por tu esencia vitalista que me remueve hasta el alma y me eleva a firmamentos sacándome del vacío, sacándome de la nada.

martes, 25 de julio de 2017

DE NUEVO EN LA TABERNA



Es doloroso oler el salitre del mar y no verlo. Es doloroso escuchar el batir de las olas en la roca y no verlas. Es doloroso olerte, escucharte, hablarte en la mente y no verte salvo en los recuerdos empapados de sentimientos.

Ya no bailo contigo en la luna, permanezco sentado al pie de la bandera rígida que los yankees plantaron en ella cuando por vez primera una suela de bota mancilló ese espacio de enamorados y poetas, pensando en tí, escuchando tu peculiar y personal risa, sintiendo en mi interior el sonido de tus carcajadas y echándo de menos momentos y momentos de felicidad a tu lado.

He vuelto a la Taberna del Cipri, la del Mono Rojo, después de mucho tiempo en el que no necesitaba ni sus pintas de cerveza ni los tristes y melancólicos fados que escurriéndose por las paredes, entre sueños de otrora personas, impregnan el local más que el humo de los cigarrillos que, no se como, a pesar de prohibiciones, el Cipri permite fumar.

He vuelto a mi vieja mesa, donde entre manchas distingo marcas de otros amores allí llorados, y restriego con fuerza la colilla encendida de mi pitillo en un intento de borrar ese pasado, creí de enamorado, al darme cuenta de que amor es lo que siento ahora, sin saber calificar los ya olvidados.

Con la esquina del anillo empiezo a grabar tu nombre, ahora la L, ahora....ahora nada, acabo de recordar que no te gusta que se sepa de tí, y ese dolor del pecho que abrazo con fuerza cerrando los brazos en torno mío, sirva de guardian de mi silencio y mi secreto.

Otra jarra, Cipri!!!!! Esta va por ti, por lo que fuiste, por lo que eres.
Mientras, la L destaca por reciente entre la suciedad añeja de la mesa.
Viene o no viene esa jarra, Cipri?